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Málaga, en alerta energética: el tope eléctrico del Gobierno frena el desarrollo de la ciudad

Una moción urgente en el Ayuntamiento advierte que la infraestructura provincial está «al límite», afectando proyectos clave como el tercer hospital o la ampliación del aeropuerto mientras crece el temor a cortes generalizados

La luz que impulsa el progreso de Málaga parpadea en rojo de alerta. La provincia arrastra una infraestructura eléctrica obsoleta e insuficiente que ha llegado a su tope. Esta crisis no es una amenaza futura; ya está estrangulando proyectos vitales. Desde el anhelado tercer hospital hasta la ampliación del aeropuerto o el Puerto Seco de Antequera, todo choca contra el mismo muro: la falta de capacidad energética.

Proyectos clave paralizados

El exponencial crecimiento malagueño se encuentra en un callejón sin salida. El alcalde, Francisco de la Torre, llevará una moción urgente en el pleno ordinario para forzar una solución. El texto es contundente: el marco regulatorio nacional actúa como un corsé. Impone un límite legal a la inversión en redes eléctrica de solo el 0,2 % del PIB, una cifra irrisoria.

«Países como Francia, Alemania o Portugal destinan más del doble», se incide en la iniciativa. Esta desventaja competitiva coloca a Málaga en una posición de extrema vulnerabilidad. El consejero de Industria, Energía y Minas, Jorge Paradela, ya ha puesto el acento en el problema: las empresas están «topadas por ley» y no pueden invertir más, pese a la demanda récord.

Esta tensión constante en la red alimenta un fantasma: los apagones, bajadas de tensión o red insuficiente. Fuentes del sector energético confirman que se están activando protocolos de contingencia. La fragilidad del sistema no es teórica; el pasado 14 de octubre, Mercamálaga, uno de los principales centros de distribución de alimentos, sufrió un apagón -aunque haya sido debido a una avería- que evidenció la crudeza de este problema, provocando pérdidas económicas y gran malestar. La red está preparada, las leyes no.

Consciente de este riesgo, y desde el punto de vista de las telecomunicaciones, el Ayuntamiento de Málaga ha dado un paso al frente con una medida excepcional: la inversión en una red satelital con Starlink de Elon Musk. Esta tecnología garantizará las comunicaciones críticas del Consistorio si la luz vuelve a fallar, un salvavidas tecnológico para una ciudad que se juega su futuro en la estabilidad de un enchufe. La posibilidad de cortes coordinados, especialmente durante picos de consumo, ya se maneja como un escenario real para evitar un colapso mayor del sistema.

Esperanza en los Fondos Europeos

Frente a este panorama, la moción del PP malagueño propone salidas. Insta al Gobierno central a eliminar el tope de inversión del 0,2 % del PIB. Además, exige recurrir a los fondos Next Generation de la Unión Europea. Con esta medida se evitaría que, según los populares, un perjuicio a los ciudadanos para que no tengan que asumir esos gastos.

Málaga se ve así atrapada en una paradoja peligrosa. Su dinamismo atrae inversiones y nuevos residentes, lo que aumenta la demanda energética. Pero la red, ahogada por la normativa, no puede responder. Este cuello de botella no solo frena la riqueza y el empleo, sino que encendió todas las alarmas sobre la resiliencia del sistema.