La estación María Zambrano de Málaga sigue sin tener tráfico ferroviario en las vías de alta velocidad
Málaga
El PP exige al Gobierno un plan de choque para salvar el turismo en Málaga por el «aislamiento ferroviario»
La vicesecretaria popular Lucía Yeves reclama al Ejecutivo de Sánchez medidas urgentes y concretas que compensen las pérdidas millonarias del sector y alerta de una caída de reservas del 35 % para Semana Santa
Málaga vive con la mirada puesta en el calendario y la incertidumbre clavada como una espina. La vicesecretaria del PP de Málaga y senadora, Lucía Yeves, ha lanzado esta semana una advertencia clara al Gobierno central: la paciencia del sector turístico tiene un límite. Más de un mes después de la desconexión del AVE, los empresarios empiezan a hacer números y estos, sencillamente, no salen. La dirigente popular ha reclamado respuestas y, sobre todo, un plan de choque que evite que la Semana Santa se convierta en un espejismo de lo que pudo ser.
Lo cierto es que los datos que maneja el PP ponen los pelos de punta. Según ha denunciado Yeves, los propios hosteleros hablan ya de una caída de las reservas que ronda el 35 % de cara a una de las fechas más señaladas del año.
La provincia, que presume de ser uno de los destinos estrella del país, se asoma al abismo de perder a ese turista nacional que tanto cuesta fidelizar. «Nos preocupa que el Gobierno no se plantee impulsar medidas para ayudar al sector de una provincia eminentemente turística como Málaga», ha señalado la senadora, recordando que estamos hablando de la principal industria local.
Y es que el impacto económico del turismo en Málaga no es una broma: supera los 21.800 millones de euros al año. Una bestia económica que, según el PP, está siendo alimentada a base de olvidos y desidia por parte del Ejecutivo central.
A la interrupción del AVE se suman los destrozos de los temporales de febrero y un litoral que presenta un aspecto lamentable a pocas semanas de la avalancha de visitantes. La combinación perfecta para que cunda el pánico entre los empresarios, que ven cómo la incertidumbre se convierte en la peor de las enemigas.
Sin fecha de solución
El foco de las críticas se ha posado con especial dureza sobre el ministerio de Óscar Puente. Yeves ha sido tajante al exigir al ministro de Transportes que, «con la mayor diligencia posible, arregle de una vez por todas el talud derrumbado en Álora por el temporal».
Esta avería, que podría parecer un incidente menor, mantiene a Málaga en un aislamiento ferroviario impropio de una capital del siglo XXI. Los viajeros que quieren llegar a Madrid deben armarse de paciencia y combinar autobús con tren, alargando el trayecto más allá de las cuatro agotadoras horas.
«La provincia ha pasado, en siete años, de tener una conexión por alta velocidad con Madrid envidiable a posicionarse como la línea con más retrasos de toda España», ha subrayado la dirigente popular con un deje de incredulidad. Pero lo más grave, a su juicio, es que esto no pilla a nadie por sorpresa. La escalada de averías, retrasos y cancelaciones en la red ferroviaria provincial viene de lejos, y los malagueños ya están más que acostumbrados a esa dinámica diabólica de incidencias cada 48 horas que se registró a lo largo del año pasado.
El grito de los hosteleros
Detrás de las cifras y los comunicados políticos, hay personas que ven peligrar su negocio. La senadora popular ha puesto voz al malestar de los hosteleros, que cifran en más de 300 millones de euros las pérdidas derivadas de este «aislamiento ferroviario». No es una exageración: según los datos que baraja el partido, el turismo aporta a las arcas del Estado gran parte de los más de 6.000 millones de euros que la ministra María Jesús Montero recauda cada año en impuestos en Málaga.
La preocupación es tal que la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (Aehcos) ya ha alertado de que las previsiones de negocio para el primer trimestre, estimadas en unos 1.750 millones de euros, se están yendo al garete. El presidente de la patronal, José Luque, calcula que la tormenta perfecta formada por el AVE y las lluvias torrenciales va a condicionar todo el ejercicio, dejando una huella difícil de borrar.
En el centro de Málaga, los comerciantes también notan el zarpazo. Rodrigo Bocanegra, presidente de la Asociación de Comerciantes Centro Histórico, lo explica con resignación: «Estamos acusando mucho las pérdidas por la no llegada de trenes. Durante años se nos ha hecho crecer en dependencia de los turistas y, en momentos así, las ventas son mínimas, mientras los gastos son los mismos».
Miedo a una Semana Santa devaluada
A un mes exacto de la Semana Santa, la incertidumbre se ha instalado en el sector como una losa. Yeves ha insistido en que el Gobierno debe moverse ya, y no solo con el tren. La situación de las playas es otro frente abierto que requiere una intervención quirúrgica e inmediata. «No podemos seguir repitiendo, año tras año, los mismos errores por la inacción de este Gobierno», ha denunciado, exigiendo un plan estructural para la estabilización del litoral que acabe de una vez con los «parches de Sánchez».
El consejero de Turismo de la Junta, Arturo Bernal, ha secundado estas tesis con cifras propias: si no hay trenes en Semana Santa, Andalucía podría perder alrededor de 190 millones de euros. «Si no estamos conectados con el resto de España, porque esa conexión obviamente está ahora mismo rota, tendremos unos grandes perjuicios», ha advertido, reclamando al Gobierno central «concreciones y certidumbres» en lugar de «patadas hacia adelante».
Reclamación nacional
La voz del PP de Málaga ha trascendido incluso las fronteras provinciales. Elías Bendodo, vicesecretario de Coordinación Autonómica del partido, se ha sumado a las reclamaciones exigiendo un plan específico de recuperación para Andalucía en el que «el Gobierno central meta el hombro y la Unión Europea también se implique al máximo». Una petición que lanzó desde la convicción de que, ante una catástrofe, «no debe haber ni colores ni partidos».
Mientras tanto, la presidenta del PP de Málaga, Patricia Navarro, ha puesto en valor el trabajo de alcaldes y concejales populares durante la crisis, recordando que llevan años reclamando medidas estructurales «dotadas de presupuesto, como ese plan de estabilización de playas que nunca llega». El mensaje de fondo es el mismo: la paciencia tiene un límite, y la Semana Santa no puede esperar.