Los 'petaqueros' navegan con total impunidadJucil

Málaga

Cazados tras un gran despliegue: dos 'petaqueros' detenidos en Estepona mientras huían en taxi

La huida de madrugada por la playa del Padrón no les sirvió de nada a los dos arrestados, interceptados por la Unidad de Prevención y Reacción de la Policía Nacional tras un operativo conjunto con la Guardia Civil

La madrugada del pasado miércoles no fue tranquila en la costa este de Estepona. La presencia de varias narcolanchas jugando al gato y al ratón con las autoridades desató un dispositivo que terminó con dos hombres detenidos y una lancha semirrígida intervenida. Los arrestados, según confirman fuentes policiales, serían dos petaqueros, esos eslabones logísticos que, desde tierra o con pequeñas embarcaciones, se encargan de una tarea vital para el narco: suministrar el combustible que permite a las potentes lanchas seguir operando entre Marruecos y las costas andaluzas.

La presión sobre la costa no fue casual. Mientras en tierra varias patrullas de la Policía Nacional y la Guardia Civil peinaban la zona, en el agua una patrullera del Instituto Armado hacía lo propio a la altura de las puntas del Saladillo y Guadalmansa. Los tripulantes de las lanchas, sintiéndose acorralados, no tuvieron más remedio que batirse en retirada, pero sus colaboradores en tierra no corrieron la misma suerte.

El acoso policial que acabó en taxi

Sobre las dos de la madrugada, cuando el operativo llevaba horas activo, un grupo de estos petaqueros intentó fundirse con la noche. No lo consiguieron. Una dotación de la Unidad de Prevención y Reacción de la Policía Nacional, que se había sumado al dispositivo, interceptó a dos de ellos a la altura de la playa del Padrón. Lo curioso del caso, y lo que delata su apresurada huida, es que intentaron escapar subiéndose a un taxi, un medio de fuga que choca con la imagen de alta velocidad que suele acompañar a este mundo. Ahora, la Guardia Civil ha asumido la investigación para intentar desenredar la madeja y determinar a qué organización criminal prestaban servicio esos dos hombres.

Y es que lo de Estepona no es un caso aislado. Es una pieza más de un tablero que se ha expandido por toda la costa malagueña. La presión incesante en el Campo de Gibraltar, con el plan Carteia de la Guardia Civil, empujó a las mafias a buscar aguas más tranquilas. El mar de Alborán se convirtió en su nueva autopista, y en los últimos meses, la impunidad con la que se mueven roza el esperpento si no fuera por la gravedad que conlleva.

Impunidad de los narcos en Andalucía

Hace apenas unas semanas, durante los intensos temporales que azotaron Andalucía en enero, la imagen de las narcolanchas dejó de ser una esquiva estela en alta mar para convertirse en una postal cotidiana en puertos deportivos. «Los narcos se sienten tan amparados que no sólo buscan refugio del temporal, sino que saludan y se mofan de la Guardia Civil mientras les graban», denunciaba hace unos días Mario Cortés, diputado nacional del PP de Málaga.

El puerto de la Caleta de Vélez se convirtió en el epicentro de esa polémica. Las asociaciones profesionales, como Jucil, no dudaron en calificar la situación como una «vergüenza» institucional. Pablo Rosa, coordinador en Andalucía de Jucil, lo expresaba con claridad: «No entendemos que el Gobierno siga sin atender al avance del narcotráfico por todo el eje mediterráneo andaluz». Ver a los tripulantes de estas embarcaciones, con el rostro tapado por el neopreno, resguardándose del oleaje mientras las patrulleras de Vigilancia Aduanera apenas podían maniobrar para perseguirlos sin poner en riesgo el resto de embarcaciones, encendió todas las alarmas.

Una logística profesional y violenta

Lo que ocurrió en Estepona, con la detención de los dos petaqueros, no solo habla de un hecho puntual, sino de una estructura criminal que necesita de una compleja red de abastecimiento. No es solo la gasolina; es el engrase de todo un sistema. De hecho, operaciones recientes así lo confirman. A finales de enero, la Guardia Civil desarticulaba en Marbella y Cádiz una red que proveía de combustible robado a las narcolanchas, deteniendo a quince personas e incautando cerca de 20.000 litros de gasolina almacenados sin ninguna medida de seguridad, un auténtico polvorín para los ciudadanos.

El perfil de los vigilantes de la droga también ha mutado. Ya no son meros mulos sin recursos. En la Costa del Sol, la realidad se impone con crudeza. Actualmente, hay decenas de grupos en Málaga resguardando droga en cualquier finca o chalet en Mijas, Fuengirola, Coín o Monda. Y lo hacen, pertrechados con fusiles de asalto, conscientes de que un vuelco (un robo entre bandas) puede costarles la vida en cualquier momento.

La presión se traslada al este

Lo cierto es que la costa malagueña, y en especial su arco oriental, se ha convertido en un punto caliente. Lo que antes era excepcional, ahora es una constante. La Fiscalía Superior de Andalucía ya ha anunciado la apertura de un expediente para recabar información sobre esta proliferación de narcolanchas, especialmente tras los incidentes en el puerto de la Caleta de Vélez y el cauce del Guadalquivir. La pregunta que flota en el ambiente, mientras los vecinos de zonas como Estepona o la Axarquía ven patrullas y helicópteros con más frecuencia de la deseable, es hasta dónde llegará la próxima emboscada. Por ahora, dos petaqueros han caído, pero la red que los sostenía sigue en el agua, esperando la próxima subida de la marea.