Ni los trabajadores ni los clientes se tomaron en serio el atraco, pese a portar el ladrón un machete de grandes dimensiones

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Málaga

Surrealista atraco en un bar de Mijas, que acaba en burlas y sin botín al creerse el camarero que era una broma

El ladrón portaba un machete de grandes dimensiones y ocultando su rostro con un casco de moto, exigió el dinero, pero nadie allí le tomó en serio al creerse que se trataba de un cliente habitual

Un atraco a punta de machete que acabó en nada porque nadie se creyó que fuera en serio. Eso es lo que ha sucedido en un bar de la localidad malagueña de Mijas. El intento de robo se terminó cuando el asaltante abandonó el local entre las risas y las carcajadas de un camarero y dos clientes, que creyeron que el ladrón, oculto bajo un casco de moto, era un conocido que les gastaba una broma pesada.

Sucedió en un establecimiento de la zona de Las Lagunas, La Barraca de la Abuela. Tal y como recoge este domingo el diario SUR, un individuo irrumpió en el local a las cinco de la tarde, con un casco de moto puesto y portando un arma de grandes dimensiones. Fue directo a la barra y se colocó entre dos varones que estaban sentados en unos taburetes.

Allí, el atracador frustrado sacó un machete que llevaba oculto en el pantalón y comenzó a exigir que le entregaran el dinero en inglés. «The money, now» (el dinero, ya). A pesar de que este blandía la imponente arma, el trabajador y sus clientes no se inmutaron, estallando en una carcajada. Uno de los parroquianos se dirigió a él y le contestó con sorna, continuando lo que él se pensaba que era una broma pesada. «¿The money now? ¿Llamamos a la Policía?». Y es que todos allí creyeron que quien protagonizaba esa surrealista escena era otro cliente habitual con el que habían bromeado instantes antes.

El ladrón se fue a atracar a otro sitio

El camarero tampoco consideró que lo que sucedía fuera serio y agarró el machete del atracador, criticándole por decir que su arma «estaba mellada». Ante la falta de interés de sus propias víctimas, y dado que nadie allí se tomaba en serio su intento de robo, el asaltante optó por irse y salir de allí con las manos vacías.

Tras tener conocimiento de otro atraco en un restaurante cercano, fue cuando empezaron a caer que quizás lo que habían vivido no se trataba de una broma. «Ni hemos denunciado porque no nos imaginábamos que esto fuera un atraco de verdad», dicen.

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