Azebuchal, el pueblo malagueño que fue abandonado y luego rehabitado
Málaga
Los cuatro pueblos de Málaga que fueron abandonados por todos sus vecinos
Peñarrubia, Casillas de Díaz, El Acebuchal y Moclón sobreviven en la memoria y empiezan a renacer
Allá por los años 70, un pueblo entero de la provincia de Málaga recibió la orden de hacer las maletas sin derecho a réplica. Peñarrubia, en la comarca del Guadalteba, fue desalojado por completo para construir el embalse que terminaría tragándose sus calles, sus casas y hasta su cementerio. Sus casi 1.800 vecinos tuvieron que marcharse con lo puesto y en 1973 el municipio desapareció del mapa para siempre.
El pueblo que duerme bajo el pantano
Hoy, cuando la sequía aprieta y el nivel del agua baja, los restos de su iglesia y su antiguo cementerio vuelven a asomar como un fantasma de piedra. «Lo borraron del mapa, pero nunca lo harán de nuestra memoria y nuestro corazón», recuerdan emocionados Antonio y María, dos vecinos que se conocieron allí de niños y que aún hoy regresan en romería cada cinco años. El portal inmobiliario Idealista incluye a Peñarrubia entre los pueblos abandonados más singulares de la provincia.
Peárrubia se encuentra sumergido bajo las aguas del embalse de Guadalteba
Y no es el único. En el Valle del Guadalhorce, Casillas de Díaz nació a mediados del siglo XIX alrededor de una primera vivienda familiar. Llegó a tener cerca de 200 habitantes a comienzos del siglo XX, pero la agricultura dejó de dar para comer y el pueblo se vació entre los años 50 y 60. Sus vecinos emigraron a Zalea, Cerralba o Sierra de Gibralgalia. Durante décadas, solo el viento recorría sus calles.
Pero Casillas de Díaz ha tenido una segunda oportunidad. A finales de los 90, particulares empezaron a comprar sus ruinas por dos millones de pesetas. «Arreglamos la casa y nos vinimos cuando aún no teníamos ni luz ni agua», explica Manuel Galindo, uno de los pioneros. Hoy, unas seis familias viven allí todo el año y una treintena pasan los fines de semana, según Idealista.
El pueblo que resucitó de sus cenizas
Pero la historia quiso darle un giro. A finales de los 90, descendientes de aquellas familias empezaron a reconstruir las viviendas piedra a piedra. Hoy, El Acebuchal cuenta con 33 casas encaladas, un alojamiento rural y un restaurante. Se ha convertido en un tranquilo destino de naturaleza en pleno Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, tal y como recoge Idealista en su informe sobre pueblos abandonados.
Esqueleto andalusí en Ronda
Por último, en las faldas de Sierra Bermeja, dentro del actual término de Júzcar (el famoso pueblo de los pitufos), se alza Moclón. Este despoblado tiene raíces andalusíes y llegó a albergar a unas dieciocho familias antes de la rebelión morisca de 1570. Tras la expulsión de los moriscos, fue repoblado por cristianos llegados de distintos puntos de Andalucía. Pero la construcción de la Real Fábrica de Hojalata de San Miguel en el siglo XVIII terminó de vaciarlo por completo. Sus últimos habitantes prefirieron las oportunidades laborales de la factoría. Hoy todavía pueden verse en pie varias construcciones, la antigua iglesia transformada en lagar y un horno de pan.
Mientras la costa malagueña se llena de turistas y rascacielos, estos cuatro pueblos nos recuerdan otra cara de la provincia. La del interior profundo, la del olvido y la de la memoria que se niega a desaparecer del todo.