Miguel Ángel Robles, entrenador de aves, se lleva sus exóticos pájaros a residencias de mayoresJonatan Oliva

Historias de solidaridad

Miguel Ángel, el malagueño que rompe la soledad de los mayores en las residencias con sus dos guacamayos

Los residentes lo agradecen con palabras sinceras. «Estoy encantado. Qué bonitos son. Me he divertido mucho»

Amparo tiene 90 años y una sonrisa que se ensancha al verlos. «Me gustan muchísimo, hola. Amarillos y azul cobalto son», dice mientras observa los guacamayos. Este pesará poco más de un kilo, calcula. Y añade, emocionada: «Le he dicho que enhorabuena». No es la única que se derrite. En la residencia Vitalia de Málaga, la visita de Miguel Robles y sus dos aves se ha convertido en un acontecimiento.

Este propietario de la tienda Multimascotas El Robles dedica parte de su semana a algo muy especial. Recorre centros de mayores y también sociales para llevar un poco de color y de vida. «Almas solidarias se llama y lo hago por ellos», explica Miguel Ángel Robles, campeón de España con palomas y canarios. Lo cierto es que su pasión son las aves, y ha encontrado la forma de compartirla.

Un remedio de plumas contra la rutina

«Vi un anuncio en el descanso mientras veía el fútbol», recuerda Miguel. El anuncio decía: «No hay nada más humano que ayudar y ser ayudado». Y a partir de ahí tomó acción. Empezó a enviar correos a residencias de Málaga ofreciendo su actividad de forma altruista. «Tengo equipo, ganas, experiencia y mis loros», comenta. No cobra nada. Su pago, como él mismo confiesa, es la felicidad que ve en los rostros.

Paqui, residente de Vitalia, sorprendida con los dos guacamayos sobre sus hombrosJonatan Oliva

La dinámica es sencilla pero efectiva. Robles comienza con la música de ‘Piratas del Caribe’ para crear un ambiente alegre desde el primer momento. Luego presenta a Dora, un guacamayo azul y amarillo de 3 años, y a Kiara, una guacamayo gigante roja, verde y azul. Recorre el centro para que todos puedan verlas, alimentarlas y hasta acariciarlas. «Le damos un besito hasta con lengua», cuenta divertido.

Una experiencia contra el olvido

Los residentes lo agradecen con palabras sinceras. «Estoy encantado. Qué bonitos son. Me he divertido mucho», dice Juan. «Yo he criado canarios y gorriones de niño», rememora. Y bromea mientras uno de los loros se fija en sus gafas: «Mira, le gustan… hacen mucha compañía». Ana confiesa estar muy emocionada: «No los había visto tan cerca, no dan miedo. Son suaves, dan mucha alegría. Muchas gracias por el ratito que nos han dado».

Paqui no se queda atrás y tira de memoria: «Son guapísimos. Mi hermano cogía pájaros y mi padre estaba harto… y los echaba a volar». Y añade con ternura: «Les da vida, aporta tranquilidad. Ellos encantados». Y es que, tal como confirman los terapeutas del centro, incluso personas con Alzheimer recuerdan después la visita. Les impacta profundamente.

Alas Solidarias es el nombre del proyecto sin ánimo de lucro en animar con animales a personas vulnerablesJonatan Oliva

La soledad no deseada es un problema real y creciente en España. Millones de personas mayores viven solas, y en muchas residencias el aislamiento afecta cada día a más ancianos. Por eso, iniciativas como la de Robles no son solo un gesto bonito: son un pequeño antídoto contra el vacío y la rutina.

Miguel Robles es claro al explicar su motivación: «Quito mi tiempo que dispongo para estas cosas, lo cobro en felicidad». Y es que, como él mismo dice, «ves las caras de ellos y lo dicen todo». Un beso, una caricia, un «hola» de un guacamayo. Pequeños momentos que, en una residencia, pueden cambiarlo todo.