Este hombre y su silbato, a la caza de los carteristas en la Plaza de España de Sevilla
El jubilado justiciero que se ha propuesto acabar con los carteristas de Sevilla: «A uno lo tiré al río»
Francisco dedica su jubilación a denunciar a los ladrones que campan a sus anchas por la ciudad
Curiosa historia la de Francisco, un jubilado con el traje de justiciero. Sevilla, como gran capital turística que es, suele sufrir la acción de los carteristas que, apostados en lugares habituales de peregrinación turística como la Plaza de España, el Real Alcázar y similares, esperan hacer su agosto robando a los visitantes y vecinos.
Este ‘cazacarteristas’ se ha propuesto acabar con ellos. Tal y como ha mostrado el programa de Cuatro ‘En boca de todos’, este hombre, que fue agente judicial durante 40 años, ahora dedica el tiempo de su jubilación a perseguir a los ladrones. «Yo me lo tomo como una obra social que me ha mandado el Todopoderoso».
«Si algún día me pasa algo, por lo menos habrá sido haciendo una obra social», insiste, advertido desde el plató de los riesgos que desentraña su labor. «La policía no puede hacer nada contra ellos, porque les quitan la placa», se justifica.
Una Sevilla limpia
El programa televisivo ha acompañado a Francisco en una de sus peculiares jornadas de trabajo. 'Armado' con un silbato, grita «¡pickpocket, carteristas!» para alertar a los turistas e intentar evitar el robo.
Carlos Segarra, colaborador del programa, se ha mostrado muy crítico con la labor de Francisco, al que le partieron dos dedos hace poco, por el peligro que entraña. «Mañana le dan un golpe en la cabeza y tiene un problema mayor», ha dicho. Y es que cree que el trabajo de detener a los carteristas lo debe hacer la policía, no los vecinos.
El hombre, que como se puede comprobar en redes sociales, lleva tiempo ejerciendo esta labor altruista, se viene arriba ante las críticas. «Esta gente sobra en Sevilla, yo quiero una Sevilla limpia, así que leña al mono».
incluso ha asegurado que en ocasiones ha reducido él mismo a los carteristas hasta que llega la policía y ya se hace cargo. Son los propios agentes, según su versión, los que le dicen «dale más fuerte, que yo no puedo».