Nazarenos de la Hermandad de San Benito, con antifaz de terciopelo y túnica con capaJoaquín Corchero | Europa Press

Semana Santa

China y Marruecos ponen en jaque al comercio tradicional de las túnicas de nazareno en Sevilla

Mientras una túnica confeccionada en Sevilla puede alcanzar varios cientos de euros, las producciones externas reducen significativamente el precio, aunque a costa de materiales y acabados menos duraderos

Las túnicas de nazareno en Sevilla suelen ser sinónimo de tradición, artesanía y herencia, o lo eran, porque el crecimiento del número de nazarenos tras la pandemia –un tema muy presente en las tertulias cofrades, especialmente en Cuaresma– ha disparado la demanda de hábitos, pero ese aumento no se ha traducido en un mayor volumen de trabajo para los comercios tradicionales.

En los últimos años, proveedores de países como China o Marruecos han logrado introducirse discretamente en el negocio de las túnicas, ofreciendo precios más bajos que están cambiando las reglas de un sector históricamente local. El motivo reside en el cambio de estrategia de muchas hermandades, que han comenzado a explorar vías de suministro más económicas, en ocasiones recurriendo directamente a fabricantes extranjeros o intermediarios.

El resultado es una paradoja que inquieta al sector: más túnicas en circulación, pero menos encargos en los talleres de siempre. La diferencia de costes resulta difícil de competir. Mientras una túnica confeccionada en Sevilla puede alcanzar varios cientos de euros, las producciones externas reducen significativamente el precio, aunque a costa de materiales y acabados menos duraderos.

La confección de una túnica de nazareno no es un proceso industrial cualquiera. Tejidos como el ruan, el terciopelo o la sarga requieren tratamientos específicos, y los detalles –escudos, botonaduras, cordones– forman parte de una tradición transmitida durante generaciones. La calidad no solo se mide en apariencia, sino en resistencia y capacidad de perdurar durante años, incluso décadas.

Sin embargo, la lógica del mercado actual introduce nuevas prioridades. Para muchas familias, el coste de vestir a varios nazarenos puede resultar elevado, especialmente si se suman complementos como capirotes o sandalias. En este contexto, las alternativas más baratas ganan terreno aunque impliquen una menor vida útil de las prendas.

Este cambio no solo afecta a los talleres de confección. Todo el ecosistema vinculado al nazareno, desde fabricantes de capirotes hasta artesanos del esparto o bordadores, empieza a notar las consecuencias. La reducción de pedidos impacta en oficios que dependen directamente de la Semana Santa y que, en muchos casos, carecen de relevo generacional.

Ante este escenario comienzan a surgir iniciativas para reforzar la identidad del producto local y poner en valor su calidad frente a las imitaciones. La posibilidad de articular respuestas colectivas entre comerciantes apunta a una estrategia defensiva frente a una competencia global que ha llegado sin hacer ruido, pero con fuerza suficiente para alterar el mercado.

Las amenazas de Pakistán

El fenómeno de la amenaza exterior trasciende el ámbito de las túnicas de nazareno. Talleres de Pakistán llevan años produciendo imitaciones de piezas de arte sacro, desde bordados hasta elementos de orfebrería, que luego se comercializan a precios muy inferiores. Estas reproducciones, cada vez más sofisticadas, plantean un desafío directo a los artesanos locales.

Especialistas del sector advierten de que la expansión de estas copias puede erosionar el valor cultural de las obras originales y poner en peligro la continuidad de oficios históricos. La globalización facilita el acceso a productos más baratos, pero también introduce una competencia que no siempre respeta los estándares ni el significado simbólico de las piezas.