La periodista y escritora Marta Robles es la ganadora del LVIII Premio de Novela Ateneo de Sevilla (2026) por su obra El anillo de Eloísa

La periodista y escritora Marta Robles es la ganadora del LVIII Premio de Novela Ateneo de Sevilla (2026) por su obra El anillo de Eloísa

Entrevista

Marta Robles: «De nuestras familias heredamos secretos y silencios, pero también una forma de ver la vida»

La escritora y periodista presenta en Sevilla su última novela, 'El anillo de Eloísa', con la que ha ganado el Premio Ateneo: «Me costó dejar la tele, pero gracias a ello miras las cosas desde otra perspectiva y te permite tener un segundo más para reflexionar»

La periodista y escritora Marta Robles ganó la LVIII edición del Premio de Novela Ateneo de Sevilla con su obra El anillo de Eloísa (editorial Almuzara), un galardón dotado con 30.000 euros.

La novela retrata una saga familiar que abarca más de un siglo de historia de España a través de cuatro generaciones…y un secreto. Coincidiendo con su salida al mercado, este viernes 23 de octubre Robles está en la capital hispalense para presentarla en el Ateneo de Sevilla. Antes del acto oficial, ha charlado con El Debate sobre su último libro.

–Los personajes principales de la novela son mujeres, ¿cómo ha evolucionado su papel en la sociedad a lo largo de estos años?

–Precisamente, ese es el hilo conductual de la novela: cómo han ido evolucionando, sobre todo las mujeres, pero también los hombres, durante la historia de España. La obra recorre cien años a través de cuatro Eloisas, bisabuela, abuela, madre e hija. Pero yo me centro en tres décadas muy concretas: la de los 70, 80 y 90, donde los españoles cambiamos muchísimo, pero las mujeres cambiamos más. Nos vimos obligadas porque veníamos de una mayor oscuridad. Según se producen cambios y se cambian las leyes, las mujeres también debieron tener la capacidad de transformar su actitud y adaptarse a todo ello.

La autora, antes de la presentación celebrada en el Ateneo de Sevilla

La autora, antes de la presentación celebrada en el Ateneo de SevillaAteneo de Sevilla

–¿Qué recuerda de su vida precisamente de esas tres décadas?

–Un poco como todas las mujeres de mi generación. Intentaba entender ese mundo que cambiaba muy deprisa y que era muy nuevo. Y, además, pasaba un poco lo de ahora, había una gran polarización. Al igual que la Eloisa narradora, la Marta de entonces pretende integrarse en una sociedad que fuera de todos y que por cierto, costó conseguirlo no con tanta facilidad como a veces se cuenta. En la España de entonces llegaban las mujeres a la modernidad sin saber aún dónde ir o a quién acudir en los casos de maltrato o violencia conyugal. Que hubiera mujeres como Cristina Alberdi o Cristina Almeida que desde un despacho pequeño defendieran los derechos de las mujeres fue rompedor. Para mí, la ley del divorcio cambió de forma sustancial España.

–La obra está tejida por estas cuatro Eloísas ,todas ellas de una misma familia. ¿Hasta qué punto le preocupan a Marta Robles los vínculos familiares?

–En la familia está todo, al igual que todo está la infancia. Yo creo que de nuestras familias heredamos todo, lo bueno y lo malo. De ellos heredamos secretos y mentiras, y una forma de ver la vida. Los vínculos familiares son indispensables.

–¿Y se imponen más los silencios que la comunicación?

–Pero no solo en la familia, sino en la vida en general. Mi frase preferida es que todos tenemos escaparate y trastienda. En la trastienda guardamos secretos, grandes o pequeños, que no compartimos con nadie. Los secretos, y también las mentiras, forman parte del ser humano.

Los españoles cambiamos muchísimo en las décadas de los 70, los 80 y los 90, pero las mujeres más.

–¿Tiene mucho Marta Robles de la Eloísa narradora?

–A través de cualquiera de las cuatro, creo que habrá gente que leerá esta historia y se verá reflejada en el espejo. Yo asomo por todas partes porque los escritores hablamos de nosotros, y en el caso de la última Eloísa, es una mujer de mi generación a la que cedo mi mirada. Por lo demás, he querido hacer un homenaje a mi abuela materna, una pequeña heroína de las que nos han abierto tantas puertas.

–¿Qué es lo más difícil a la hora de construir una novela de más de 300 páginas en las que aparecen tantos personajes?

–Soy muy cuidadosa con ellos, necesito saber hasta en qué lado de la cama duermen. Cuando Visconti rodaba El Inocente, decía a su equipo que necesitaba los cajones llenos de ropa de época, y aunque le intentaban convencer de que no se iba a ver, él aludía que había que sentir cómo que estaban en ese momento. A mí me pasa igual. Es la única manera en la que consigo hacerlos creíbles.

–Si bien tiene tan claro la construcción de sus personajes, ¿también sucede lo mismo con el final o deja que ellos le lleven allí?

–No, prefiero que la literatura sea abierta, no soy ni de mapa ni de brújula. Una vez decido la novela que quiero escribir, más o menos sé a dónde quiero llegar. Yo le digo a mis amigos que soy una ladrona de conversaciones ajenas y que todo lo que escuche puede caer en el guiso que cocino.

–¿Qué le evocan la Sevilla literaria y el sur de España en general?

–El sur para mí es el lugar de los sueños. Aquí se encuentran sensaciones diferentes por los colores, los aromas y su gente.

–Desde la primera línea literaria, ¿echa de menos la primera línea mediática?

–Para nada, porque escribo en la contra de La Razón todas las semanas y resumo la actualidad política en una crónica. Pero desde hace un tiempo, decidí estar en un momento más pausado, aunque no siempre lo consigo, debido a mis libros, mis conferencias y mis viajes. Me costó dejar la tele, pero gracias a ello miras las cosas desde otra perspectiva y te permite tener un segundo más para reflexionar.

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