La presidenta Marga Prohens durante un pleno pasado en el Parlament
Prohens activa la cuenta atrás hacia la prórroga presupuestaria
El Govern presenta en el Parlamento el techo de gasto para debatirlo el día dos sin haber conseguido los apoyos necesarios y con una mayor fractura con Vox
El Gobierno de Marga Prohens decidió mover ficha este martes en el Parlament y activar el reloj del techo de gasto, aun sabiendo que la aritmética es desfavorable. El gesto no es menor, la presidenta quiere obligar a todos los grupos a retratarse y apurar una negociación que, de otro modo, seguiría encallada.
Frente a la parálisis que marca la política presupuestaria en Madrid —con el presidente Pedro Sánchez encadenando prórrogas sin presentar nuevas cuentas—, Prohens exhibe que Baleares, pese a tener los presupuestos de 2025 aprobados hace apenas cuatro meses, sí inicia el trámite, sí pone una propuesta sobre la mesa y sí intenta construir una mayoría, aunque muchos den por hecho que los presupuestos de 2026 nacen sentenciados.
El vicepresidente y consejero de Hacienda, Antoni Costa, llegó al Parlamento balear este martes con un mensaje calculado: «Nos obligamos a negociar sin más dilación». Lo dijo mientras registraba el proyecto de techo de gasto de 6.924,4 millones -con un incremento de 361 millones respecto al de este año- y se daba exactamente dos semanas para convencer a quienes hoy están más lejos que nunca de un acuerdo.
El debate definitivo queda fijado para el 2 de diciembre. Si no se aprueba, el escenario de la prórroga empezará a tomar forma. Una palabra que recuerda inevitablemente a Pedro Sánchez, que lleva toda la legislatura actual gobernando sin presupuestos nuevos.
Un tablero roto por dos flancos
Costa no disimuló que ahora mismo el Govern no tiene «los apoyos necesarios». La fractura con Vox volvió a aflorar sin matices. Manuela Cañadas acusó al PP de incumplir acuerdos, de no desplegar la ley de proyectos estratégicos y de querer cultivar un «relato victimista» para justificar una prórroga beneficiosa para el ejecutivo de Marga Prohens. El choque se concentra en un punto que ambos conocen bien: la vehicularidad del castellano. Vox exige una redacción más dura y aplicar una propuesta maximalista que no pactó con los populares; el PP asegura que las líneas rojas lingüísticas -como cambiar normativa más allá de la ley educativa balear- no se van a cruzar.
En la otra orilla, el PSIB abrió la puerta a negociar el techo de gasto, pero solo eso. Iago Negueruela rechazó poner «líneas rojas», pero exigió medidas que para el PP resultan directamente inasumibles: la limitación del precio del alquiler y el decrecimiento de plazas turísticas. Costa elevó el tono Y calificó el control de precios como una medida «populista» y «fracasada» e impropia de una economía occidental.
A eso se suman las tensiones sobre la ecotasa, el canon de saneamiento y el impuesto a los vehículos de alquiler. Los socialistas sostienen que el PP ya se comprometió a subirlos; Costa replica que cualquier reforma debe pasar por el Pacto de Sostenibilidad. Negueruela dejó caer incluso que Prohens prometió a los hoteleros que no tocaría el impuesto turístico esta legislatura.
La izquierda ecosoberanista, incrédula
Los nacionalistas de Més per Mallorca y Més per Menorca se mostraron abiertamente desconcertados por haber sido descartados como socios potenciales. Costa les pide abstenerse para no bloquear el techo de gasto, pero al mismo tiempo les excluye de la negociación de los presupuestos. «No se puede estar en misa y repicando», resumió el soberanista Lluís Apesteguia de Més per Mallorca. Ambos partidos advierten de que no habrá abstención si el Govern no abre también la conversación presupuestaria.
El diputado de Unidas Podemos, José María García, lo redujo a la paradoja de que Costa intente pactar a la vez con Vox y con el PSIB, dos mundos políticos que hoy sólo coinciden en una cosa: la negativa a facilitar el camino al PP.
El contraste con Madrid
Más allá de la aritmética, el movimiento del Govern quiere dejar claro que, a diferencia de Pedro Sánchez, sí presenta sus presupuestos, sí intenta negociar y sí muestra voluntad de acuerdo. La advertencia de Prohens de que el PSIB «temblaría» ante un adelanto electoral sobrevoló todo el debate, pero fuentes internas lo descartan del todo y achacan el comentario al frenesí parlamentario.
En paralelo, desde el PP balear deslizan otra idea que apunta directamente a que tanto Ferraz como la dirección nacional de Vox estarían de acuerdo en que Baleares no debe apruebe el techo de gasto. Según esta lectura, ni el PSIB ni Vox tendrían libertad plena para cerrar un acuerdo, condicionados por estrategias estatales que priorizan la confrontación.
Los populares, no obstante, insisten en que seguirán adelante: «Lucharemos este techo de gasto», aseguran fuentes del partido, «y presentaremos unos presupuestos que serán buenos para las Islas». Defienden que las cuentas de 2026 superarían en 1.000 millones los últimos presupuestos aprobados por el Govern de Francina Armengol e incluirían un incremento de 360 millones en gasto social, con especial refuerzo en sanidad, educación, servicios sociales y vivienda.
El techo de gasto llegará al pleno del 2 de diciembre, pero lo hará con más dudas que certezas. La prórroga presupuestaria cada día está más cerca.