Imagen de uno de los carteles de lo carteristas en la calle de Sa LlunaEl Debate

Mallorca

El pueblo que planta cara a los carteristas colgando carteles con sus caras en los comercios

Una iniciativa anónima convierte la principal arteria comercial de Sóller en un mural de advertencia; comerciantes, el alcalde y la policía se ven impotentes y lamentan que «la ley los ampara»

En la calle de Sa Lluna, el gran eje comercial del centro de Sóller (Mallorca), el bullicio turístico y el encanto de sus tiendas ya no son lo que más llama la atención. Desde hace semanas, los protagonistas son otros: carteles que muestran los rostros de los carteristas que, desde hace años, operan con impunidad en el corazón del pueblo. Nadie sabe quién los cuelga, pero todos hablan de ellos.

Marga, propietaria de la tienda Somni, no se sorprende. «Hace dos años que los robos se intensificaron y se colocan los carteles para proteger a los clientes», explica en declaraciones a El Debate. Recuerda un vídeo que fue grabado en plena temporada alta hace dos veranos y se volvió viral. Mostraba a un carterista en acción en plena calle: «Marcó un antes y un después», asegura. Desde entonces, la sensación de inseguridad dejó de ser puntual.

«No sé quién pega los carteles», insiste, «pero la Policía Local hace lo que puede. Son un cuerpo pequeño, de un pueblo; no tienen los medios para frenar la situación. Ya es bastante mérito lo que hacen».

«Yo conozco todas las caras»

Aunque los comerciantes no sepan quién está detrás de las fotos, las fuerzas de seguridad llevan meses intensificando su presencia. Delegación del Gobierno autorizó el pasado verano la incorporación de una veintena de agentes de paisano para patrullar los puntos más afectados de Sóller, como la estación del tren o la primera línea del puerto. En apenas una semana, este dispositivo llegó a identificar a trece presuntos carteristas.

Pero la eficacia policial tiene un límite, ya que muchos sospechosos quedan en libertad por no portar en ese momento objetos robados, una situación que frustra tanto a agentes como a vecinos.

Mario, dueño de la tienda Talayot, describe la sensación de repetición. «Yo conozco todas las caras. Los robos aumentaron después del Covid. Los carteles me dan igual, no sé quién los pone», dice, mientras reconoce que el problema va más allá de lo que la Policía Local puede abarcar. «No puede hacer mucho, creo que va más allá, entiendo que la ley los ampara, por eso esto no se detiene».

Los carteles han conseguido algo que ni comerciantes ni policías habían logrado: captar la atención de todos. No forman parte de ninguna campaña oficial, no están firmados y aparecen de un día para otro. Pero funcionan como un recordatorio visual de la indignación acumulada en la principal calle comercial del pueblo.

El alcalde de Sóller, Miquel Nadal, comparte la preocupación que ya sienten comerciantes y vecinos ante el repunte de hurtos a turistas en la calle de Sa Lluna. «Preocupa mucho, sobre todo en zonas costeras, los turistas pasean y hay muchos robos hacia ellos», reconoce.

La impotencia del alcalde

Para Nadal, la impotencia es aún mayor por las limitaciones de la ley: «Me da rabia, porque de vez en cuando se coge a estos ladrones, los llevan al cuartelillo, se les abre un expediente, supongo, y vuelven a salir; es una lacra social». Esa sensación de indefensión es la que explica, en parte, la proliferación de carteles que denuncian a los presuntos carteristas. «Los comerciantes no pueden más y hay mucho colectivo que hace fotos o graba. No sé quién sube los carteles, pero lo entiendo perfectamente», admite.

Aunque reconoce que la Policía Local «no goza de los recursos suficientes», Nadal destaca los esfuerzos que se realizan, como el refuerzo de la brigada de agentes de paisano. «Sirven para controlar mucho mejor todo, sobre todo los días de mercado, porque hay mucha gente paseando por las calles».

Mientras Sóller intenta proteger su actividad turística, la calle de Sa Lluna se ha convertido en un escaparate de la indignación y la vigilancia vecinal. Los rostros de los carteristas miran desde los carteles con la misma indiferencia con la que ellos acechan a los paseantes. Comerciantes, turistas y vecinos caminan entre ellos, conscientes de que el peligro es real, pero también de que el pueblo ha encontrado su propia manera de plantarle cara: con sus caras. Y, mientras los ladrones avanzan, Sóller les devuelve la mirada.