La clase media, más cerca de la exclusión social y la integración precaria en Baleares
Trabajadores de clase media también recurren a Cáritas: «Pagan el alquiler y apenas les llega para vivir»
Un informe alerta de que miles de personas con empleo viven cada vez más dificultades para afrontar imprevistos y entran en fase de integración precaria
La clase media se está acercando a situaciones límite de exclusión social e integración precaria. Esta es una de las principales conclusiones del último informe de FOESSA en Baleares. Tal y como asegura la directora de Cáritas Mallorca, Esther Romero, el debilitamiento de la clase media cada vez es más evidente, y aumentan sus riesgos para «entrar en una espiral muy rápida hacia una situación muy vulnerable».
El informe, que analiza la situación en 2024, señala que una parte importante de la clase media se encuentra en una fase de integración precaria. Romero explica que se trata de personas que aún no están en fase de exclusión social, pero presentan varios indicadores de riesgo.
«Serias dificultades» ante imprevistos
«Cada vez más personas tienen dificultades serias para afrontar imprevistos como arreglar el coche o pagar la ortodoncia de su hijo», señala. Y es que el estudio revela que el 30,9% de la población balear no puede cubrir este tipo de gastos imprevistos, lo que evidencia la pérdida de capacidad económica en miles de familias.
Romero lanza un mensaje de advertencia claro: sin políticas preventivas, una nueva crisis «cíclica» podría empujar rápidamente a estas personas a un escenario de exclusión social o pobreza. Algo que, por desgracia, puede llegar de forma inesperada: «En este contexto, hablamos de una espiral que puede ser cruel y rápida, con una pérdida de empleo, una ruptura sentimental o un aumento repentino en el precio del alquiler, puedes pasar de estar integrado a quedar fuera del sistema», alerta.
La vivienda, epicentro del deterioro
Desde la organización, afirman con seguridad que el principal factor que incide en estos datos es la dificultad para acceder a una vivienda asequible. El informe decreta que el 29 % de la población se ve afectada por problemas relacionados con esta cuestión.
Actualmente, 100.000 personas viven en viviendas inadecuadas, según el informe, y hasta 110.000 en viviendas inseguras, «como podrían aquellas en las que una persona se ve obligada a compartir un piso con un desconocido». Además, uno de cada diez residentes en las islas se encuentra en una situación de pobreza tras pagar el alquiler a principio de mes.
Una cifra que Romero califica de «dramática» y ejemplifica como trabajadores de aparente clase media, con empleo y casa, «se quedan a un imprevisto económico para quedarse sin alternativas». El informe señala que, desde 2018, el alquiler ha aumentado un 17 %, mientras paralelamente crece también el número de personas que «pagan alquiler y apenas les llega para vivir».
Romero destaca que no todo es negativo, ya que la exclusión social severa ha descendido del 9,6 % al 7,7 % entre 2018 y 2024. Sin embargo, en Baleares siguen existiendo 94.000 personas en exclusión severa, y 233.000 en una situación de exclusión moderada, así que «baja la pobreza, sí, pero ligeramente, y ha aumentado el número de personas vulnerables que presentan varios síntomas les aproxima a caer», detalla Romero.
Perfiles más afectados
Hasta 46.000 hogares «están al límite». Según FOESSA, muchos de estos se identifican mediante un estudio de los perfiles especialmente sensibles a la integración precaria. Los más golpeados son los extranjeros, jóvenes, niños, familias numerosas y hogares encabezados por una mujer, indica el estudio.
El informe analiza múltiples indicadores claves en el contexto de la exclusión y la integración precaria. Vivienda, empleo, privación material, salud, conflictos o aislamiento social pueden llevar a una situación delicada, de manera que «es necesario ver este fenómeno como algo multidimensional y no centrarnos en el tema económico, que obviamente es muy importante».
Ayudas monetarias no son suficientes
Las ayudas monetarias no son suficientes, reivindica Romero, que reclama políticas estructurales con base en estos aspectos, con el objetivo de poner a las personas «en el centro o, sino nos limitaremos a llenar el vacío con parches».
La directora de Cáritas Mallorca define la organización como «una puerta abierta» todos los que necesitan ayuda. En 2024, atendieron en Mallorca a 7.783 personas, de las cuales 5.265 eran familias y el resto personas solas, un colectivo especialmente susceptible de sufrir aislamiento social. Explica que las dificultades económicas pueden nacer de otras de estas cuestiones, por eso es importante trabajar desde varias perspectivas.
«La exclusión y la integración precaria no se limita a cubrir necesidades básicas, acompañamos a las personas en procesos de búsqueda de empleo, asesoría legal y les brindamos confianza», remarca. Muchos de los usuarios ya acuden a los servicios sociales para recibir necesidades esenciales como alimentos, «pero en Cáritas tratamos con todos aquellos que no pueden acceder a estos servicios, y también con los que sí pueden, pero necesitan otro tipo de apoyo».
Alternativas a las colas del hambre
La entidad ha apostado por sistemas que «dignifiquen» a las personas, intentando sustituir, por ejemplo, las colas del hambre, en las que las personas pueden sentirse «señaladas» por su situación. Brindan tarjetas de puntos y códigos en el móvil para acudir a tiendas de ropa o supermercados, para que puedan comprar de una forma normalizada «sin que nadie se percate de lo que están pasando». Cuanta más libertad tienen para acceder a lo que necesiten, más digna es la ayuda y menor la carga de pedirla, destaca la directora.
Finalmente, lanza un mensaje de reflexión para toda la sociedad: «las personas en exclusión, pobreza o integración precaria nunca pensaron que llegarían ahí y no es tan difícil caer, te puede pasar cuando menos te lo esperes, así que hay que tener empatía». Un mensaje aplicable para entender el deterioro económico que está viviendo la clase media en Baleares. En muchos casos, a un pequeño y repentino paso de vivir una situación tan «dramática» como impensable.