Imagen de Joan Carulla

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Joan Carulla: el médico que salvó un hospital al borde del cierre y se jubila el día de su cumpleaños

  • El gerente de Sant Joan de Déu se retira el 31 de diciembre tras reflotar y humanizar los hospitales de Palma e Inca con un equipo «leal» y «cohesionado» que aún sigue

El 31 de diciembre Joan Carulla apagará por última vez la luz de su despacho en los hospitales Sant Joan de Déu de Palma e Inca. Ese mismo día cumple años, un doble hito que marca el cierre de casi 46 años de carrera. Desde los primeros pacientes con sida en Tarragona hasta la gestión de la pandemia de COVID-19 en Mallorca, este médico catalán ha recorrido la medicina sin atajos, tomando decisiones difíciles y formando equipos que -salvo dos jubilaciones- perduran en el tiempo. «He sido feliz ayudando a los demás», resume, con la satisfacción de quien deja atrás una vida dedicada a cuidar personas antes que balances o contratos.

Joan Carulla se define como «un profesional humanista que empezó por la inquietud de cuidar a las personas». Una motivación que le acompaña desde sus inicios tratando pacientes con sida hasta hoy, a poco más de un mes de su jubilación. Tras una dilatada carrera en el sector sanitario de Tarragona, llegó a Mallorca para reflotar el hospital Sant Joan de Déu de Palma. «Me dijeron que estaba al borde del cierre y presentaba grandes pérdidas económicas», explica.

Un profesional humanista que empezó por la inquietud de cuidar a las personas

En 2007 aceptó el cargo de director gerente y lo primero que hizo fue «conformar un equipo, ya que en momentos de alta tensión es lo más importante», afirma. Esta medida es el mayor motivo de orgullo y la clave de su éxito: «Han pasado 18 años y, excepto dos que se jubilaron, el equipo directivo que conformé sigue trabajando».

Para solventar la crisis económica del lugar, convenció al Govern para que introdujera al centro en una red sanitaria pública. «Así conseguimos una mayor dosis de inversión, y pudimos mejorar los servicios y las instalaciones», comenta. Una idea que dio sus frutos y «salió tan bien que cuando entró Armengol, nos pidieron que hiciéramos lo mismo en el Hospital de Inca», tal y como lo cuenta.

Su labor en Mallorca como director gerente de los hospitales Sant Joan de Déu de Palma e Inca, le ha confirmado como una eminencia. Con motivo de su jubilación, el Consell de Mallorca le premió por su papel clave en la expansión de los servicios sociosanitarios. Pero, sobre todo, por una trayectoria marcada por el compromiso con las personas, contribuyendo decisivamente a modernizar la atención sanitaria de proximidad.

Nacido en Barcelona el 31 de diciembre de 1955, no se inició en el mundo de la salud por herencia familiar. Ninguno de sus padres se dedicó a la medicina. Tampoco estaba especialmente interesado en los procesos de investigación e innovación relacionados con este ámbito, pero siempre tuvo claro lo más importante: «Yo quería dedicarme a la salud para cuidar de las personas». Con la certeza de querer satisfacer este bello deseo y, a pesar de la pasión que sentía por otras disciplinas como la Filosofía o la Literatura, un año antes de entrar en la universidad «ya sabía que estudiaría Medicina», dice.

Yo quería dedicarme a la salud para cuidar de las personas

Se licenció en 1979 en Medicina y Cirugía en la Universidad de Barcelona, ciudad donde siguió formándose mediante posgrados y másteres en Geriatría, Gestión Hospitalaria y Gerontología Clínica.

La epidemia del sida, una lección de vida

En sus inicios como profesional ejerció como médico de Medicina General y Urgencias. Sin embargo, lo que más destaca Carulla de aquellos primeros pasos es su experiencia trabajando en cuidados paliativos con enfermos de la enfermedad VIH: «Me impactó enormemente esa etapa porque yo quería cuidar y, sobre todo, curar personas, y me encontré trabajando en un lugar en el que sabías que tus pacientes morirían».

La terrible epidemia del sida acabó con millones de vidas en los años 80 en España. No existía una cura para tratarlo y la enfermedad se propagaba a través del contagio por consumo de drogas o relaciones sexuales. «Estas actividades estaban muy asociadas a los jóvenes de la época, por lo que fue muy duro cuidar a pacientes de mi quinta, y acompañarlos a una muerte segura», expresa Carulla. Además, el doctor estaba destinado en Tarragona, «una ciudad pequeña en la que era habitual encontrar amigos y conocidos en esa situación», lamenta.

Fue muy duro cuidar a pacientes de mi quinta, y acompañarlos a una muerte segura

Esta enfermedad provocaba mucho sufrimiento en sus víctimas, y tuvo que curtirse rápidamente: «Las infecciones atacaban todos los órganos, generaban problemas respiratorios...nos formarnos en el tratamiento del dolor y aprendimos a abordar la muerte». La cruda experiencia le llevó a plantearse qué haría él en una situación semejante y, en definitiva, le enseñó a «interiorizar la muerte como algo natural, y a verla con la absoluta tranquilidad y coherencia que merece», manifiesta.

El paso por cuidados paliativos afianzó su voluntad de ayudar a las personas, pero también le generó un desgaste por el que tuvo que cambiar de aires: «Después años dedicándome en cuerpo y alma, uno siente agotamiento y necesitas un parón». Aprobó una oposición en la Diputación de Tarragona y empezó a trabajar como médico y asesor de la Comisión de Sanidad y Servicios Sociales.

No se cerró ninguna puerta. Siguió creciendo ocupando varios cargos orientados a la planificación de recursos sociosanitarios, hasta que le llegó la oportunidad de dirigir una empresa pública. «Me tuve que formar en una escuela de negocios, en Dirección y Gestión de Hospitales, pero cuidando siempre el aspecto humano», remarca.

Durante este nuevo rumbo, su objetivo era plasmar «la experiencia con enfermedades crónicas y pacientes terminales en la planificaión, desde donde también se puede ayudar», resalta. Primero como Director Gerente de Gestión y Prestación de Servicios de Salud en Tarragona, posteriormente como Gerente de la Región Sanitaria Tarragona del Servicio Catalán de Salud.

Su exitosa labor en distintos espacios, así como el sinfín de conocimientos adquiridos por el camino, le llevaron a ser elegido como Delegado Territorial en Tarragona del Departamento de Sanidad y Seguridad Social de la Generalitat de Catalunya.

Llegada a Mallorca

Hasta que fue cesado del cargo «por un cambio político». Tras tres años ocupando otros puestos relevantes, le propusieron un nuevo reto de altura que no dudó en afrontar: «En 2007 me comentan que hay un hospital en Palma que vive una situación muy crítica, con amenaza de cierre, y acepto». Así, tras 28 años de carrera en Cataluña, se embarca en una nueva misión: el Hospital de Sant Joan de Déu de Palma.

Visita de los reyes para la inauguración del nuevo edificio en 2007

Visita de los reyes para la inauguración del nuevo edificio en 2007

Le llamaron por su especialidad en el trato humano, pero le entidad sufría grandes pérdidas económicas. «Me encontré un hospital donde los trabajadores no estaban contentos y había muchas anulaciones», explica. Así que decidió priorizar la conformación de un equipo «leal» y «cohesionado», para luego centrarse en paliar la crisis económica.

«Aplicamos medidas a corto plazo, mejorando la programación quirúrgica y en las consultas, para evitar anulaciones», detalla. El próximo paso fue negociar con el Govern balear, ya que el contrato con la administración era «insuficiente». Las entidades privadas sin ánimo de lucro en Cataluña formaban parte de una red sanitaria pública, algo que no pasaba en Baleares: «Teníamos el hospital de la Cruz Roja y el nuestro con contratos cortos que no te permiten invertir ni planificar nada».

El Govern accedió a implantar estas medidas, consiguiendo «un convenio para 10 años». Este pacto lo cambió todo: «Teníamos seguridad para invertir y mejorar nuestros hospitales». Carulla no se equivocaba, y su visión se extendió al hospital de Sant Joan de Déu de Inca, donde dio respuesta a los mismos problemas y le ampliaron «un contrato de 20 años». De esta manera, aportó estabilidad en ambos centros, además de la huella que sigue dejando en cuanto a la mejora de servicios sociosanitarios y la modernización de la atención de proximidad.

El éxito de su plan contra la pandemia

Más tarde, otro de sus grandes logros en la isla sería la gestión del Covid-19, que «se vivió con tensión y cierta improvisación al tratarse de una enfermedad nueva», admite. Aun así, su capacidad para solucionar problemas se impuso de nuevo: «La gestión fue excelente, dividimos los hospitales en dos zonas, una para infectados y otra para no infectados».

La gestión fue excelente, dividimos el hospital en dos zonas, una para infectados y otra para no infectados

Mediante este plan innovador, ambos centros se convirtieron en referentes de la isla: «Pudimos dar 1.200 altas positivas, muchos de los pacientes venían aquí directamente sin pasar por grandes hospitales, incluso algunos de ellos nos los trasladaban por nuestra eficacia». Carulla pone un énfasis especial en el trabajo que realizaron con las residencias, ya que «evacuaban rápidamente a enfermos que daban positivo en estos centros, salvando muchas vidas con porcentajes de mortalidad altísimos».

Tras toda una vida dedicada a los demás, el doctor recomienda a los futuros profesionales que no se dediquen a la salud para ganar dinero: «Muchos empiezan por las grandes remuneraciones económicas, la nota de corte es altísima y hay pocas plazas, pero desde mi posición les aconsejo que busquen la felicidad».

«He descubierto que siempre he sido feliz haciendo lo que hago», reflexiona Carulla, negando ser un «enfermo» del trabajo; simplemente disfruta de su labor. «Me relaciono con gente afín y eso me da vida», añade. A las puertas de su jubilación, asegura que no piensa dejar de estar activo: seguirá como consultor en el ámbito sanitario. Ahora su ritmo será más pausado, para dedicar tiempo a sus nietos y a sus aficiones, pero con su pasión intacta.

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