Miguel Félix Chicón
La gran travesía de Miguel Félix Chicón, una vida al timón de la aventura y la seguridad marítima
Destinado al mar desde antes de nacer, recorrió mundo antes de liderar el Salvamento de Baleares durante 26 años y es considerado un jefe «histórico»
Desde pequeño tuvo claro que su lugar estaba en cualquier parte del mundo, pero siempre en un barco. Y es que a los pocos años de nacer en Tánger, en el seno de una familia de pescadores, Miguel Félix Chicón ya atravesaba el Estrecho de Gibraltar junto a su padre. Fueron las primeras aventuras para un niño atraído por el misterio y las profundidades del océano, pero también por la vida en alta mar. Tras estudiar náutica en Mallorca y formarse como capitán, empezó a recorrer mundo hasta convertirse en el jefe de Salvamento Marítimo de Baleares. Durante 26 años, se enfrentó a incendios y rescates históricos para las islas, dejando una huella imborrable que sigue extendiéndose a través de sus artículos en la Gaceta Náutica, y su reciente primera obra Navegar es necesario.
- ¿Cómo nació su gran pasión por el mar?
- Crecí prácticamente rodeado de mar. Mi padre trabajaba como maestro redero en Tánger y yo lo acompañaba al puerto. Recuerdo la magia de cruzar el Estrecho de Gibraltar con mis padres desde Algeciras. Me fascinaba [recuerda con nostalgia]. Luego, cuando llegamos a España cuando tenía 12 años, tuve la suerte de encontrar excelentes profesores en el Instituto Politécnico de Palma, especialmente me acuerdo de la señorita Espinosa, que daba Literatura. Estudiábamos los clásicos, no como ahora. Leíamos a Cervantes y me encantaba como hablaba de los galeotes en sus obras. Así me enamoré aún más del mar.
- ¿Cuál fue ese libro que elevó su alma marinera?
Quizás un libro no, pero me encantaba Julio Verne. Dicen que no ha sido un gran autor pero para mí era fantástico [exclama con seguridad]. Sobre todo, La vuelta al mundo en 80 días, con ese gran protagonista que era capitán de la marina mercante. También me gustaba mucho el polaco Joseph Conrad, del cual me marcó especialmente El corazón de las tinieblas, libro en el que se basa la estupenda película Apocalypse Now. En general, esas novelas de naufragios y aventuras marítimas me marcaron muchísimo.
- ¿Qué recuerdo tiene de aquellos viajes infantiles cruzando el Estrecho de Gibraltar?
- Eran viajes divertidos, aunque difíciles por los mareos, sobre todo para un niño. Salíamos del puerto antiguo de Tánger, pasábamos por el Este del cabo de Malabata, recorríamos toda la costa africana hasta el monte Musa y el islote de Perejil, y finalmente llegábamos a Tarifa y la bahía de Algeciras. Todo era aventura: el olor de los barcos antiguos, una mezcla de gasoil y coches, la gente mareada, ver cómo trabajaban aquellos marinos a los que ya admiraba…
- ¿Guarda alguna historia o anécdota especial?
- Sí sobre todo, lo que aprendí allí sobre lo peligroso que puede ser. Yo daba vueltas por toda la embarcación y una vez, un hombre me vio en el castillo de proa y me dijo que no podía estar ahí. Ese lugar está lleno de cable, bitas, molinetes de anclas...pero para mí era digno de ver. Claro, realmente, solo los trabajadores pueden estar en esa zona, aunque ahí se hiciera la mítica escena entre los protagonistas de Titanic. [ríe]
- Después de finalizar sus estudios, ¿cómo fue esa gran travesía con la que había soñado?
- Realmente empecé como alumno en petroleros para ayudar a mis padres a pagar mis estudios y me embarqué como mozo en Trasmediterránea. También tuve la suerte de navegar en un barco antiguo como el Ciudad de Toledo. Embarqué en el Calvo Sotelo, otro petrolero. Después pasé a un frutero pequeño, transportaba patatas y naranjas de Cuba a Bulgaria. Como oficial en otros petroleros, este caso en buques frigoríficos, viajábamos a Canadá y el Caribe, y posteriormente empecé como alférez de fragata en la Armada española. Por otra parte, había hecho prácticas llevando petróleo crudo desde el Golfo Pérsico a Castellón. Tras obtener mi título de capitán, trabajé en ferris de alta velocidad entre Ibiza, Formentera y otras partes. Estuve muchos años como capitán, entre 1978 y 1994.
- Se podría decir que ha recorrido medio mundo, ¿qué lugar destacaría más de todos los que ha visitado?
- Creo que me falta mucho. [expresa riendo con humildad] No he navegado por el Pacífico, por ejemplo, y curiosamente escribo sobre este océano porque me apasionan sus historias. Todos los sitios son dignos de visitar. Se aprende de cualquier zona del mundo. Como decía Cervantes: 'Viajar y conocer gente diversa hacia los hombres discretos'. En este caso, el autor se refería a la figura del ser humano humilde.
Como decía Cervantes: 'Viajar y conocer gente diversa hacia los hombres discretos'
- ¿Qué aprendió durante tantos años navegando?
- La navegación me enseñó disciplina, liderazgo y pude vivir en mis propias carnes la emoción de la aventura marítima: antes no había satélites ni GPS, la libertad del capitán era total y te dejabas llevar.
- ¿Echa de menos ese estilo de viajes?
- Por supuesto, es cierto que por seguridad no puedo ir en contra de cómo van las cosas ahora. Todo es más fácil, pero dígamos que se ha perdido ese espíritu aventurero un poco, esa libertad [lamenta con nostalgia].
- Vivió situaciones límite como un incendio en medio del Índico, ¿qué ocurrió?
- Fue en uno de los petroleros, a mitad de camino entre el Golfo Pérsico y Madagascar. Se desató una combustión espontánea bajo el cuadro eléctrico a raíz de las altas temperaturas seguramente, y tuvimos que actuar rápidamente con extintores. Fue un momento crítico, pero gracias a la formación y coordinación de la tripulación conseguimos controlar el fuego y evitar daños mayores. Cada experiencia así te enseña la importancia de la preparación y la responsabilidad al mando.
- Vivir prácticamente en el mar debe ser muy duro, ¿qué es lo más difícil?
- Los que nos lanzamos a la mar pagamos un precio muy alto que aceptamos porque nos apasiona. Estás meses sin ver a tu familia y, para mí lo más duro es llegar a casa y que tu hijo pequeño llore al verte porque no te reconoce. Tras vivir situaciones así, después de tantos años navegando gané conciencia y entendí que era momento de parar, por lo que acepté para liderar el Salvamento Marítimo de Baleares.
Estás meses sin ver a tu familia y, para mí lo más duro es llegar a casa y que tu hijo pequeño llore porque no te reconoce
- Ocupó el cargo durante 26 años, ¿cómo valoras el trabajo realizado?
- Acepté el cargo con todas las consecuencias, sabiendo que era difícil. No sé si debo calificar yo mi labor, pero lo que te puede decir es que afortunadamente siempre he contado con un equipo increíble. Tengo que dar las gracias a todo el personal con el que me ha tocado convivir. Es cierto que como capitán, uno tiene la última palabra e intentas que rindan al máximo, pero los que están rescatando personas son los que verdaderamente dan el callo.
- Ha protagonizado operaciones históricas como la de Don Pedro, Sorrento y Grande Europa. ¿Podría explicar cómo fueron algunas? ¿Se siente orgulloso?
- Cronológicamente la primera fue el Don Pedro, un ferri que se hundió frente a Ibiza. Tocó un bajo y se hundió, nos enteramos de rebote y conseguimos rescatar a todas las personas que iban a bordo. También se montó un dispositivo que consistió en la extracción del 93% de elementos contaminantes que provocaron el cierre de unas playas afectadas durante seis meses, lo que no es mucho tiempo para todo lo que teníamos que limpiar. En el incendio del Sorrento, conseguimos evacuar a 150 personas gracias, en gran parte, a la pericia de los propios pasajeros. Además, conseguimos controlar el fuego sin echar nada de los 90 toneladas de combustible que portaba la embarcación al mar, ya que también hay que protegerlo. En cambio, el Grande Europa, que sufrió otro incendio, llevaba 1.500 metros cúbicos de combustible. Eso es una barbaridad y apenas hubo contaminación en el mar ni heridos, creo que como mucho hubo un esguince de tobillo. En estos casos no solo es importante la velocidad de actuar, si no la movilización de distintos equipos por mar, tierra y aire, no solo de Salvamento Marítimo. Tengo que agradecer a los diferentes colectivos por su labor, sin ellos es imposible, pero desde Salvamento Marítimo, puedo decir sinceramente que fue un éxito.
- Además de estas operaciones, ¿cuáles han sido las situaciones más complejas que le ha tocado gestionar?
- Bueno, lo más difícil son los rescates particulares. Lo que siempre nos ha producido desazón es la búsqueda de personas, es muy complicado detectar una cabeza de un cadáver en el océano. Cuando sabes que las posibilidades de encontrar a alguien son nulas o tienes que comunicar a una madre que su hijo a fallecido, es muy complicado. Me han recomendado que nunca no sea yo quien le comunica estas tragedias al familiar afectado, pero yo querría que el responsable de encontrar a mi hijo me dijera si ha fallecido o las razones por las que se cancela su búsqueda.
- ¿Algún caso le ha afectado personalmente?
- Hay muchos, pero también recuerdo los positivos. Un regatista de 84 años, cayó al agua y a las tres horas lo rescatamos. En otro caso, un hombre cayó al agua mientras su compañero sordo estaba en el camarote y no se percató. Finalmente, lo encontramos cuando llevaba más de 11 horas sobre el agua. El hombre me explicó que estaba a punto de dejarse ir, que le picaban las medusas y sentía un resplandor. debía ser la luna o las luces de Portocolom. Estuvo todo ese tiempo sin chaleco ni nada, fue un milagro.
El hombre me contó que estaba a punto de dejarse ir, que le picaban las medusas y sentía un resplandor
- ¿Qué debe hacer alguien que está en medio del océano sin ningún tipo de protección ni ayuda?
- En esos casos no se puede decir nada. Hay muy pocas posibilidades de sobrevivir. Lo que siempre recalco es la importancia de la seguridad en la mar. Es vital llevar un chaleco salvavidas por con eso te acaban encontrando casi con total seguridad. También, por supuesto es clave un luz de fogonazos, lo que llamamos un flashing light, eso puede hacer que un helicóptero pueda verte a cinco millas y un barco de Salvamento a unas tres. Se nota mucha la diferencia. Nadie puede nadar ocho millas o aguantar la hipotermia sin abrigo, es imposible. No concibo que alguien se caiga sin seguridad. En muchos de los casos son hombres que caen al orinar por la borda, lo sabemos porque los encontramos con la bragueta bajada. Se quitan el chaleco porque porque es muy incómodo pero, ¿qué prefieres, la incomodidad o la seguridad?
- Recientemente presentó Navegar es necesario. ¿Qué le ha llevado a escribir esta obra?
- Todo surge a raíz de hablar con Gaceta Náutica, empecé a escribir artículos para ellos y se nos ocurre crear algo más divulgativo del mundo de la mar, algo ciertamente desconocido. El libro aborda vientos, barcos, tripulaciones...historias también sobre la vida a bordo que antes eran muy duras, sobre todo aquellas aventuras marítimas de entre los siglos XV y XVII que me apasionan.
- ¿Qué figura histórica clave para la vida marítima balear cree que la gente debe conocer?
- Que se lean la vida del almirante Antonio Barceló, clave en la historia de Mallorca y la Armada española. Era muy denostado porque no era noble, pero era un líder maravilloso [exclama con emoción]. Tenía patente de corso (un permiso) para perseguir piratas del norte de África y llegó hasta ahí empezando por el diseño de lanchas cañoneras. Su historia es digna de aprender.
- ¿Qué le recomienda a los jóvenes que comparten su pasión y desean vivir del mar?
Sobre todo que escuchen. Últimamente estamos demasiado acostumbrados a los debates políticos o de cotilleo, donde la mayoría de las personas que debaten están más pendientes de contestar que de escuchar. Escuchan para contestar y hay que escuchar para aprender.
estamos demasiado acostumbrados a los debates políticos o de cotilleo, donde la mayoría de personas que debaten están más pendientes de contestar que de escuchar
- Más allá de la escritura, ¿sigue ligado al mar con otros proyectos, lo echa de menos?
- [ríe] Actualmente me bastan mis artículos y patearme las montañas de la maravillosa Serra de Tramuntana. Salgo con buenos compañeros caminantes a recorrer la isla, aunque ya lo haya hecho muchas veces, quedan muchos rincones inéditos por descubrir.
- Por último ¿qué significa o cuál es la historia menos conocida del mar?
- Esta es la idea que quiero transmitir en el libro. Significa el hecho de no tener la mente suficientemente abierta para la aventura marítima, que no es una aventura de piratas como se ve en Piratas del Caribe. Lo que hay que entender y es muy importante, es que el 95% de los productos que llegan a la isla y también la mayoría del comercio mundial, se transporta por vía marítima. Un barco es lento, pero tiene la capacidad de transportar grandes cantidades que no son posibles en tierra o avión. Siento la gente le tiene miedo al mar por desconocimiento, por su oscuridad. Tal vez, por el imaginario colectivo con la piratería. Lo mismo pasa con los tiburones. Hay más probabilidad de que te caigan dos rayos de que te muerda un tiburón. [ríe] Entiendo que el abismo del océano es negro y no sabes lo que hay ahí abajo, pero los que amamos el mar lo vemos desde otra perspectiva.