Protesta frente al Parlament el día que se rechaza la enmienda a la totalidad a la proposición para derogar la ley de memoria democrática. EUROPA PRESS 10/2/2026EUROPA PRESS

Viejas glorias comunistas en la calle y Bad Bunny en el hemiciclo

Los de la orilla izquierda perdieron la partida. Los de la 'perfomance' en la calle querían ganar el relato pero el cuento no daba para más

Cada vez que traspaso el umbral del Parlamento pienso en los tiempos en que el palacete era sede del Círculo Mallorquín, cenáculo clasista donde los nobles isleños de Ses set cases acudían a pasar las tardes, entre lámparas de cristal y humeantes tazas de chocolate caliente. Nunca aceptaron como socio del elitista club al multimillonario Joan March, al que tildaban de parvenú, y el genio de Santa Margalida ideó una soberbia venganza contra ellos: al construir su esplendorosa mansión palmesana ordenó que la parte que daba a la calle Palau Reial fuese la destinada a las cocheras y a las habitaciones del servicio. Así fue cómo lo encopetados marqueses tuvieron que aguantar el trasiego de carros y animales -aparte de vehículos- en sus doradas y aburridas tardes.

Doy por seguro que ninguno de las 30 viejas glorias -contadas, ni una más- del PCE y CCO que ayer se apostaron frente al edificio para protestar por la derogación de la Ley de Memoria Histórica, conoce este episodio. Deberían, porque eso es también memoria y es también historia del pasado mallorquín. Pero ellos tienen «su» memoria y no les interesa ninguna otra.

Debo confesar que, al principio, la ley que va a ser derogada -solo en su versión autonómica, al menos por el momento- no me pareció mal, más bien todo lo contrario. Es que no vi la trampa, claro. No era una ley para todas las víctimas, solo para las suyas, y en su germen estaba -está- la abolición de la Transición, que ellos llaman el régimen del 78.

Pero bueno, que ayer solo se tumbó la enmienda a la totalidad presentada por los partidos de izquierda. Lamín -no el genio futbolístico, sino el diputado socialista-armengolino- henchido de espíritu memorial, dijo que ellos van a tirar sa Faixina. No explicitó cuándo sería el acontecimiento, que creo va para largo.

Mucho antes de que el bloque de derechas desaprobara la moción ocurrieron otras cosas. Un tal Bad Bunny se coló en los debates a propósito del tema de la regulación de 500.000 inmigrantes sin papeles, propuesta por el declinante Sánchez. Yo ignoraba quién es ese señor -Sánchez, no, el otro- lo que viene a confirmar lo que me dijo hace años un mexicano muy ocurrente: «que ya estoy más pallá que pacá». No diré yo que no; el caso es que tuvieron que explicarme a qué venía la ocurrencia del cada día más apagado Negueruela. Así supe que estaban hablando de un cantante de Puerto Rico al que Trump no parece tener mucho cariño, qué cosas.

Con lo que me gusta a mi la antigua Borinquen, que incluso estuve ahí para escribir un libro sobre los mallorquines que marcharon a aquella isla para hacerse un futuro. Pero bueno, de eso hace tiempo. Del tal Bunny y de la Súper Taza estoy en paños menores. A mí que me hablen de Paloma San Basilio, Bárbara Streissand o incluso la India Martínez, que me encanta.

Bueno, pues que, una vez más, los de la orilla izquierda perdieron la partida. Los de la perfomance en la calle querían ganar el relato pero el cuento no daba para más.