Investigadores trabajando en el laboratorio de la Universidad de las Islas Baleares
Ciencia
Los microplásticos potencian la acción dañina del tóxico bisfenol A en el cuerpo, según un estudio balear
La investigación de la Universidad de las Islas Baleares confirma que este compuesto, prohibido en la UE desde 2025, puede llegar al torrente sanguíneo y activar respuestas de inflamación y estrés celular
Durante años se ha hablado de los microplásticos como un gran problema ambiental, fragmentos diminutos de plástico que flotan en el mar, se acumulan en playas y terminan entrando en la cadena alimentaria. Sin embargo, un nuevo estudio de la Universitat de les Illes Balears pone el foco en un aspecto todavía más inquietante: estas partículas no solo son residuos contaminantes, sino que también pueden actuar como vehículos que transportan sustancias químicas tóxicas hacia el interior del organismo.
El trabajo, publicado en la revista científica Environmental Pollution, analiza un compuesto muy concreto, el bisfenol A o BPA.
Qué es el bisfenol A
Se trata de una sustancia utilizada durante décadas en la fabricación de ciertos plásticos y recubrimientos protectores. El BPA se encuentra principalmente en plásticos de policarbonato, duros y transparentes, y en resinas empleadas como revestimiento interno de latas. Por eso ha estado presente en multitud de objetos cotidianos como botellas reutilizables, envases de alimentos, recubrimientos internos de latas, tickets de compra de papel térmico, dispositivos médicos, pinturas y componentes electrónicos.
Aunque la Unión Europea lo prohibió oficialmente en enero de 2025, su enorme presencia previa hace que todavía pueda encontrarse en muchos materiales que siguen en circulación. De ahí la importancia de este estudio, que recuerda que el riesgo no desaparece de un día para otro y que conviene mantener la conciencia sobre su exposición, especialmente porque se trata de un compuesto extendido durante décadas en productos de uso común.
El equipo de investigación de la UIB, formado por cinco grupos científicos, se propuso estudiar qué ocurre cuando se ingieren microplásticos que llevan BPA adherido. Estas partículas son extremadamente pequeñas, muchas veces invisibles a simple vista, y algunas tienen menos de 20 micrómetros, un tamaño tan diminuto que puede atravesar la barrera intestinal, es decir, el filtro natural que impide que determinadas sustancias pasen directamente al interior del cuerpo.
En experimentos con ratas expuestas de forma aguda, es decir, durante un periodo corto, los científicos observaron que el BPA unido a microplásticos puede liberarse dentro del tracto digestivo y llegar al torrente sanguíneo. Esto confirma su biodisponibilidad, un término que significa que el compuesto no solo está presente, sino que puede ser absorbido por el organismo y circular por la sangre.
Uno de los hallazgos clave es que el bisfenol transportado en microplásticos es tan biodisponible como el bisfenol libre, e incluso podría alcanzar valores más altos. Los investigadores apuntan a que esto podría deberse a que, al estar unido a partículas sólidas, permanece más tiempo en el intestino antes de liberarse, aumentando así la oportunidad de que el cuerpo lo absorba.
El estudio no se limitó a comprobar si el bisfenol llega a la sangre, sino que también analizó cómo reacciona el organismo. Los resultados muestran señales de estrés celular, inflamación y activación de mecanismos de eliminación de toxinas. Por ejemplo, se detectó un aumento de enzimas antioxidantes como la superóxido dismutasa, cuya función es neutralizar los radicales libres, moléculas inestables que pueden dañar células y tejidos.
También se incrementaron proteínas inflamatorias como la mieloperoxidasa, asociada a respuestas defensivas del sistema inmunitario. En otras palabras, el cuerpo interpreta la combinación de microplásticos y bisfenol A como una amenaza y pone en marcha mecanismos de protección para intentar contrarrestar sus efectos.
Fuerza la metabolización
Otro resultado relevante fue el aumento en la expresión del gen UGT2b1, implicado en la metabolización y eliminación del tóxico. Metabolizar significa transformar una sustancia para que pueda ser expulsada del organismo. Este proceso ocurre principalmente en el intestino y el hígado, dos órganos clave en la defensa frente a compuestos tóxicos. El hallazgo sugiere que el cuerpo necesita esforzarse más para gestionar esta exposición, lo que podría alterar el equilibrio intestinal y forzar de manera continuada los sistemas de protección.
Los autores señalan que no se observaron daños estructurales inmediatos en el intestino, pero advierten que la respuesta inflamatoria y oxidativa podría tener consecuencias a largo plazo si la exposición se mantiene. Como resume el doctor Manuel Miró, coautor del estudio, «los microplásticos no son solo un problema ambiental, sino también un vector de contaminantes químicos que pueden afectar la salud».