Palacio de la Almudaina de Palma, cerca del Palacio EpiscopalGetty Images

Palma

Los secretos del Palacio Episcopal que han tardado 700 años en ver la luz

Siete 'sabios' desvelan la historia oculta de 'ca'l Bisbe', un edificio romano y gótico a la sombra de la Catedral que la memoria popular distinguió de la Almudaina

Setecientos años de historia oculta de Mallorca están a punto de ser desvelados. El libro El Palau Episcopal de Mallorca, que se presenta este jueves, recoge todos los aspectos del edificio que los mallorquines llamaban ca'l Bisbe y que hasta ahora ha permanecido en el olvido. Solo el archiduque Luis Salvador dejó unos párrafos de referencia en su magna obra Die Baleares.

Marià Carbonell, historiador del Arte y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona, ha sido el coordinador científico de unos capítulos. Junto a él, y a lo largo de cinco años, han trabajado Bartomeu Batllori, Antoni Pons, Júlia Román, Pepín Mairata, Miquela Sacarès y Tummy Bestard. «No se trata de una obra meramente divulgativa», aclara el profesor Carbonell sino que es un estudio monográfico que recoge todos los aspectos del palacio, desde el puramente histórico al artístico. «Se han investigado las obras pictóricas que contiene, los grafitis que pueden verse en los muros, la heráldica e incluso el jardín. Todo ello ha conformado una obra de 400 páginas, un libro de referencia, en suma».

Un acto de «reparación histórica»

Construido sobre los cimientos de un edificio romano, el palacio ocupa un lugar privilegiado, detrás de la Catedral. Junto él reposan los restos del palacio gótico, sobre los cuales se levantó una nueva construcción entre los siglos XVII y XVIII y que ahora alberga el Museo Diocesano. Carbonell considera que la iniciativa del Obispado de rescatar del olvido los secretos del Palacio Episcopal ha sido «un acto de reparación histórica».

Tradicionalmente, los mallorquines se referían al edificio como el Palau (palacio) pero también lo llamaban ca'l Bisbe. De esta manera, quizá sin saberlo, distinguían perfectamente su doble función, ya que era una edificación representativa pero al mismo tiempo residencial, la casa donde vivía -y vive- el obispo de la Diócesis.

Distinguían muy bien la sede del poder religioso de la del poder político, pues siempre denominaron «palacio» al edificio de la Almudaina, donde residía el Virrey, siempre de origen peninsular.

La obra -que estará a la venta esta tarde, durante el acto de presentación- llegará también a las librerías. Su coautor insiste en el hecho de que se trata de «una obra académica, no puramente divulgativa», fruto del trabajo nada apresurado de un selecto grupo de especialista.