Imagen del interior del establecimiento

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Comercios emblemáticos

Joyería Miró: más de 90 años midiendo el tiempo de Palma con precisión y cariño familiar

Nació como un pequeño taller en 1932 y casi un siglo después sigue diferenciándose de las grandes cadenas por el exquisito cuidado artesanal de cada pieza

Más que una joyería o un bonito escaparate, Miró representa la esencia del oficio de los relojes. Noventa años después de nacer como un humilde taller es uno de los negocios más emblemáticos de Palma, todavía en manos de una de las sagas familiares más longevas y reconocidas en la ciudad.

La historia de Joyería Miró no se explica sin su fundador, Joan Miró Miró. El mallorquín era violinista de vocación, se trasladó a Barcelona a principios del siglo XX y acabó aprendiendo el oficio de relojero en un pequeño taller del barrio de Gràcia. Allí se enamoró de los relojes. Nació la pasión por entender cada mecanismo y pulir con maestría cada milímetro.

De pequeño taller a negocio familiar

En 1932 regresó a Palma y abrió su primera relojería en la calle Sant Miquel, entonces una de las principales puertas comerciales de la ciudad. El primer local era pequeño, casi un quiosco situado en el número 121, pero desde el inicio combinó venta y reparación, algo poco habitual fuera de los talleres especializados.

El negocio se consolidó y, con la llegada de la segunda generación, la firma Miró vivió su mayor expansión. Fernando y Pedro Miró tomaron el relevo y llegaron a gestionar hasta quince establecimientos en Palma, incluidos locales en algunas de las arterias comerciales más lujosas del municipio, como la avenida Jaume III.

En 1975 abrieron la joyería en otra calle mítica como es Sindicato, centrada en joyería, relojería y bisutería. Poco después, las distintas ramas de la familia decidieron separar caminos y repartirse los establecimientos, manteniendo cada una su propio proyecto bajo el apellido Miró.

En el caso de la joyería de Sant Miquel, el testigo pasó en 1970 a Pedro Miró Fuster, hijo del fundador. Desde entonces, el comercio ha seguido ligado a esta calle, su primer hogar, aunque cambiando de número con el paso de los años hasta instalarse definitivamente en el actual número 65.

Relojes, alianzas y joyas personalizadas

Hoy, Pedro Miró Fuster dirige el negocio junto a sus hijas Patricia y Estefanía, tercera generación al frente. A diferencia de muchas joyerías de gran formato, Miró no se ha limitado nunca a la venta. La tienda cuenta con taller propio, donde se reparan relojes, se elaboran alianzas y se trabajan piezas con diamantes. El cliente puede encargar joyas diseñadas a medida, siguiendo todo el proceso de creación mediante fototipado digital antes de su fabricación.

Este amor por el trabajo artesanal convive hoy con una oferta amplia de relojes de grandes marcas y con una selección que va de lo clásico a lo contemporáneo, con el máximo conocimiento de cada producto y el servicio cercano como señas de identidad. Más de nueve décadas después de aquel primer local en Sant Miquel, Joyería Miró sigue funcionando con la hora exacta

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