Font del Sepulcre

Font del SepulcreMartin Furtschegger / wikipedia

La historia de mil años de Palma escondida bajo un templete: conquista, agua, fe y un horrible crimen

Este aljibe andalusí del siglo X es uno de los testigos más longevos de la ciudad, una joya conservada llena de historia y secretos que vale la pena conocer

Frente al número 12 de la calle de la Concepció, en la confluencia con la calle Aigua, se encuentra la Font del Sepulcre. Lo que hoy vemos es una estructura sencilla, casi discreta, pero con un valor histórico enorme: es un aljibe andalusí del siglo X, es decir, un depósito de agua construido cuando Mallorca estaba gobernada por los musulmanes y Palma era Madina Mayurqa, su ciudad principal.

Aunque popularmente se le llame «fuente», en realidad funcionaba como cisterna y punto de abastecimiento. Formaba parte de una red hidráulica que, desde sus orígenes, ayudó a llevar agua potable a la población de Ciutat (la Palma histórica).

En este mismo enclave se alzaba una de las mezquitas de la ciudad islámica. Tras la conquista cristiana, los nuevos documentos la mencionan con el nombre de Dabdolmé (una forma cristianizada del topónimo). De aquel tiempo queda un detalle muy concreto: el conjunto conserva el brocal —el borde de piedra— que se asocia al uso de agua para abluciones, los lavados rituales previos a la oración. Este tipo de restos en el mismo lugar donde se usaron hace siglos son especialmente valiosos porque conectan la ciudad actual con los orígenes medievales.

Cuando las tropas de la Corona de Aragón conquistaron Mallorca en el siglo XIII, muchas propiedades se repartieron entre nobles y colaboradores de la empresa militar. En ese reparto aparece Guillem de Montcada, un noble vinculado a la conquista, a quien correspondieron bienes en esta zona.

Orden del Santo Sepulcro

Años después, su hija Constança de Montcada donó este espacio a una institución religiosa: la Orden del Santo Sepulcro. Esa donación, fechada en 1232, explica el origen del nombre.

Además, tanto Guillem de Montcada como su primo Ramon de Montcada fueron enterrados en la iglesia que se levantó sobre la antigua mezquita. Algo frecuente en la época, cuando se transformaban antiguos espacios de culto en nuevos templos cristianos. Más adelante, sus restos fueron trasladados al Monasterio de Santes Creus, en Cataluña, un panteón destacado de la nobleza de la Corona de Aragón.

La Orden del Santo Sepulcro mantuvo la iglesia durante décadas y el lugar quedó vinculado a esa presencia. Con el paso del tiempo se construyó el templete que hoy cubre el aljibe –la parte visible con pilares y arcos apuntados– levantada entre los siglos XVI y XVII.

En 1280, la Orden vendió sus posesiones mallorquinas a la casa real de Mallorca y, en 1284, el rey las donó a Guillem de Puigdorfila, un personaje relevante de la administración y la nobleza local, con una obligación muy concreta: mantener una capellanía, una fundación en la que ciertos bienes quedan sujetos al cumplimiento de misas, y un sufragio permanente en memoria de Guillem de Montcada.

La iglesia vinculada al conjunto sobrevivió muchos siglos, hasta 1843, cuando se vio afectada por la expropicación de bienes eclesiásticos para venderlos por parte del Estado. Entonces se reutilizó como talleres y viviendas y terminó desapareciendo tras un incendio.

La crónica negra del Sepulcre

En 1459, Barthomeu Cantarelles, un vecino de Palma, fue ajusticiado por un crimen atroz. Ahogó en el aljibe a su cuñado, casi un niño, para evitar que la herencia y los bienes familiares acabaran en manos de su esposa. Una historia oscuro que puede imaginarse en el mismo

Tras reconocer el delito, Cantarelles fue ahorcado en las horcas del puerto y, después, su cuerpo se exhibió públicamente como advertencia, trasladándolo a las horcas del Pont d’Inca para que todo el mundo viera las consecuencias del crimen.

Tras años de deterioro, el conjunto fue restaurado en 1995 y se añadió una lápida que recuerda su origen árabe y su función histórica. Hoy se mantiene en su emplazamiento original, en pleno tejido urbano, como una pieza etnográfica que resume la historia de Palma: ciudad islámica, conquista cristiana, órdenes religiosas, nobleza medieval y un crimen oscuro que aún puede imaginarse en el mismo lugar de los hechos más de 500 años después.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas