Lonja de Palma
El palacio donde los mercaderes reinaban y situó a Mallorca en el epicentro comercial del Mediterráneo
Esta joya arquitectónica de columnas góticas que apuntan al cielo es uno de los mayores símbolos del esplendor que vivió la isla durante la Edad Media
Entre la Catedral de Mallorca y el paseo marítimo de Palma, se mantiene un edificio histórico que ha sido testigo del pulso comercial y cultural de Mallorca desde el siglo XV. Dicho espacio ha albergado a mercaderes, tribunales y decisiones que marcaron la economía de la isla y su posición estratégica en el Mediterráneo occidental. Su arquitectura gótica civil, única en España, sigue asombrando a historiadores, turistas y ciudadanos por igual.
La Lonja de Palma de Mallorca, construida entre 1426 y 1447 por el arquitecto Guillem Sagrera, se diseñó como sede del Colegio de Mercaderes. Este edificio no solo servía como lugar de intercambio de mercancías como seda, sal y productos del Mediterráneo, sino que también funcionaba como tribunal mercantil, regulando disputas y fijando normas comerciales. Gracias a su actividad, Mallorca se convirtió en un centro estratégico en las rutas comerciales del Mediterráneo occidental, consolidando su importancia económica y política.
Una joya del gótico civil
El edificio es un ejemplo excepcional de gótico civil (el estilo gótico en construcciones no religiosas), caracterizado por su fachada de piedra caliza y un interior dominado por un salón principal con columnas helicoidales que sostienen bóvedas de estrella. Cada detalle, desde los arcos hasta los ventanales, refleja la sofisticación técnica y artística de la época. Este tipo de construcción era raro en edificios civiles, por lo que La Lonja destaca como una obra maestra que combina funcionalidad y estética monumental.
La altura impresionante de las bóvedas góticas y la sensación de verticalidad que crean al caminar por el salón principal, da la impresión de que los mercaderes que trabajaban allí, rodeados de este espacio monumental, tocaban el cielo con la mirada.
El salón principal, con sus 17 columnas helicoidales, no solo era impresionante visualmente, sino que estaba pensado para resistir grandes cargas y permitir reuniones multitudinarias de mercaderes y autoridades. Cada columna termina en un capitel decorado con vegetales y animales, reflejando la riqueza simbólica de la época.
Originalmente, los espacios que se encuentran junto al salón se usaban como almacenes, despachos y áreas de contabilidad, demostrando la multifuncionalidad del edificio que, además era un centro administrativo, comercial y judicial.
Funciones pioneras en Europa
A lo largo de los siglos, la Lonja ha sobrevivido a epidemias, conflictos bélicos y cambios urbanos, manteniendo su estructura original prácticamente intacta. Su historia es un reflejo de la resiliencia de la ciudad de Palma y de su capacidad para adaptarse a nuevas funciones sin perder su valor patrimonial.
El espacio fue escenario de importantes decisiones políticas y judiciales. Por ejemplo, durante la ocupación de Mallorca por tropas extranjeras y los conflictos internos de la Corona de Aragón, el edificio se utilizó como zona de deliberación y negociación. Sus salas también presenciaron la administración de justicia mercantil, donde se dictaban sentencias y se resolvían disputas comerciales, un sistema pionero en Europa en su tiempo.
Hoy, no solo es un monumento histórico, sino también un espacio cultural activo. Acoge exposiciones de arte, fotografía y eventos que permite a los visitantes gozar de actividades contemporáneas entre paredes centenarias. Más que un edificio, es un símbolo de la riqueza, la visión y la innovación de los mercaderes mallorquines del siglo XV.