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Ana María Martínez y Noemí Freixas

Entrevista

España empuja a la infertilidad: «No es que las mujeres no quieran hijos, es que el sistema no acompaña»

Las ginecólogas Ana Mª Martínez y Noemí Freixas denuncian que la precariedad y la falta de políticas de familia convierten la llegada de un hijo en un «salto al vacío»

El invierno demográfico que asola a España no se explica sin entrar en la consulta de un ginecólogo. Allí, las doctoras Ana Mª Martínez y Noemí Freixas son testigos diarios de una tragedia silenciosa: mujeres que desean ser madres, pero que se ven obligadas a esperar una estabilidad que, a menudo, no llega. Según las expertas de la Clínica Rotger de Palma, el retraso del reloj biológico hasta los 40 años no es una moda, sino la consecuencia de una sociedad que no cuida a quien cuida. Entre la precariedad laboral y la ausencia de ayudas eficaces a la natalidad, la maternidad ha dejado de ser un proyecto vital protegido para convertirse en un acto de heroísmo que muchas mujeres, simplemente, no se pueden permitir.

P- ¿Cómo ha cambiado la mujer que llega hoy a consulta respecto a la de hace dos o tres décadas?

R- Antiguamente no había tantos recursos mediáticos y las pacientes acudían a consulta simplemente para hacer una revisión ginecológica, un control embarazo o por presentar alguna patología, síntomas, etcétera. Las mujeres hoy en día, poseen mucha información acerca de aspectos de la salud y su cuerpo gracias a las redes sociales, pero saben que deben contrastar su información con los profesionales. La presión social actual en las mujeres es mucho mayor, se espera que respondan en el ámbito familiar, laboral y social.

P- ¿En qué aspectos se percibe más claramente esa evolución?

P- Quieren decidir, quieren cuidarse y quieren que las tratemos como protagonistas de su salud, no como pacientes pasivas. En la toma de decisiones, buscan información, comparan opciones y quieren participar activamente en cada paso, desde un anticonceptivo hasta un parto. La maternidad ya no es una obligación sino una elección

P- ¿Qué realidad observan sobre el retraso en la edad de tener hijos?

R- Como ya hemos adelantado, en el proyecto vital de la mujer de hoy en día la maternidad ya no es un destino inevitable sino una elección que debe encajar con su identidad, su estabilidad emocional y sus oportunidades laborales. Cada vez vemos más primeras gestaciones después de los 35 y un aumento notable después de los 40 en ese contexto que empuja a las mujeres a estudiar más, trabajar más y estabilizarse más tarde. Nos encontramos con un reloj biológico que ya empieza a marcar límites, esto genera ansiedad, dudas y, a veces, frustración. No es que las mujeres no quieran hijos, es que el sistema no acompaña. Vivimos con un ritmo de vida en que lo tenemos todo rápido «aquí y ahora» y el no conseguir embarazo rápido a estas edades les produce frustración.

P- ¿Qué factores influyen hoy en la decisión de ser madre o posponer la maternidad?

R- La maternidad ya no es un paso automático sino una decisión profundamente reflexionada. La mujer de hoy en día tiene muchas ganas de ser madre pero también tiene muchos frentes abiertos: estabilidad laboral, la vivienda, la pareja. Muchas mujeres posponen la maternidad porque sienten que aún no tienen las condiciones mínimas para criar con tranquilidad. Quieren consolidar su carrera, viajar, vivir experiencias que piensan que la maternidad no les permitiría. También pesa el miedo: miedo a no llegar a todo, a perder oportunidades, a criar sin apoyo.

Muchas mujeres posponen la maternidad porque sienten que aún no tienen las condiciones mínimas para criar con tranquilidad

P- ¿Influye la dificultad para conciliar en las decisiones reproductivas?

R- Hoy en día es difícil conciliar la maternidad con la vida que lleva esa mujer que estamos describiendo. Las mujeres lo expresan con claridad: «No puedo con todo». La falta de horarios flexibles, el coste de los cuidados, la carga mental y la desigualdad en el reparto de tareas pesan más que cualquier reloj biológico. Esto hace que vayan dejando pasar el tiempo en su búsqueda de gestación, a veces encuentran pareja tarde y otras renuncian. La conciliación no es un lujo, es una condición para que la maternidad sea posible y vivida con bienestar.

P- ¿Ha cambiado el número de hijos que las mujeres desean tener?

R- Sí, y de forma muy clara. Muchas mujeres siguen imaginando una familia con más de dos hijos, pero la realidad económica y laboral hace que en la práctica, se queden en uno o dos. No porque no quieran más, sino porque no pueden más. El coste de la vida, la falta de apoyo familiar, la precariedad laboral y la dificultad para conciliar hacen que ampliar la familia se perciba como un salto al vacío. También hay mujeres que deciden conscientemente tener un solo hijo para preservar su salud mental, su estabilidad o su proyecto vital. Y cada vez también, vemos familias monoparentales, mujeres que deciden tener un hijo ellas solas mediante alguna técnica de reproducción; la mayoría mayores de 35 años.

P- ¿Qué preocupaciones expresan con más frecuencia sobre maternidad y proyecto de vida?

R- Las mujeres hablan mucho de miedo y de culpa. Miedo a no poder con todo, a equivocarse, a perder oportunidades, a no ser «suficientes». Culpa por no desear la maternidad en el momento «esperado», por posponerla o por no sentirse preparadas. Les inquieta perder su identidad, su libertad o su estabilidad emocional. Pero junto a esas dudas, aparece también la ilusión, el deseo y la necesidad de vivir la maternidad. Buscan un equilibrio que no siempre es fácil.

Las redes sociales han creado modelos de maternidad idealizada, que les presiona y pesa. Muchas sienten que deben ser madres impecables, profesionales brillantes y parejas equilibradas a la vez

P- ¿Cómo influye el acceso a más información y más presión social?

R- La información empodera, pero también abruma. Nos llegan a la consulta con datos, estudios, vídeos y opiniones de todo tipo. Eso les permite tomar decisiones más conscientes, pero también genera dudas, comparaciones y miedo a «no hacerlo todo perfecto». Las redes sociales han creado modelos de maternidad idealizada, que les presiona y pesa. Muchas sienten que deben ser madres impecables, profesionales brillantes y parejas equilibradas todo a la vez. La información es una herramienta poderosa, pero necesita filtros y acompañamiento. Cuando se mezcla con presión social, puede convertirse en una carga más que en una ayuda.

P- ¿Qué diferencias observan entre mujeres jóvenes y mujeres más maduras?

P- Las mujeres jóvenes llegan a la consulta con más información, más libertad y menos tabúes. Acuden con listas, dudas concretas, artículos guardados en el móvil y una actitud mucho más participativa. Hablan abiertamente de sexualidad, salud mental y autocuidado. Pero también se exigen más, están más presionadas y más cansadas emocionalmente. Las mujeres maduras, en cambio, suelen tener una visión más realista y menos idealizada. Se conocen mejor, toman decisiones con más calma y tienen una relación más reconciliada con su cuerpo. Ambas generaciones comparten algo: el deseo de ser escuchadas y respetadas. Pero cada una llega con una mochila distinta, llena de retos y aprendizajes propios.

P- ¿Qué cambios sociales o estructurales son necesarios para mejorar el bienestar de las mujeres?

R- Necesitamos una sociedad que cuide a quienes cuidan. Eso implica políticas reales de conciliación, permisos igualitarios, horarios racionales y acceso universal a cuidados infantiles. También necesitamos estabilidad laboral, vivienda accesible y apoyo económico para las familias (más tiempo permisos maternidad, etcétera). Pero no basta con leyes, hace falta un cambio cultural profundo que reparta los cuidados de forma equitativa y no sobrecargue a las mujeres, que parece que tienen la responsabilidad de sostenerlo todo. Además, es esencial garantizar educación sexual de calidad, acceso a salud reproductiva y espacios seguros para hablar sin prejuicios. Debemos construir un entorno que haga posible que las mujeres vivan su maternidad o no con libertad y bienestar.

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