El periodista y doctor en Historia, Manuel Aguilera, autor del libro
Entrevista
«Nueve meses antes que Guernica, Mallorca fue bombardeada por la República. Pero esto no interesa contarlo»
Manuel Aguilera, periodista y doctor en Historia, publica Mallorca en llamas, su cuarto libro en el que recoge la historia desconocida de las 97 víctimas mortales de los bombardeos aéreos de la República en la isla
Cuando se entrevista al autor de un libro, éste suele posar (o al menos tener cerca) algún ejemplar para dar a conocer a la criatura. En este caso, Manuel Aguilera (Palma, 1981) no puede hacerlo porque la entrevista sobre Mallorca en Llamas se realiza un día después de Sant Jordi y ha arrasado. «No me quedan ni para mí», cuenta a El Debate. Habrá que contentarse con la camiseta.
–Mallorca en llamas, su cuarto libro, y lo que es más importante: una exclusiva histórica.
–El libro recupera la historia humana de 97 personas que murieron en los bombardeos republicanos en Mallorca durante la Guerra Civil. Son, en su mayoría, mujeres, niños, trabajadores, es decir, población civil sin implicación directa en el conflicto. Murieron de formas terribles: aplastados, asfixiados, desangrados por la metralla, mutilados… y lo que intento es devolverles identidad, nombre, historia. Porque hasta ahora eran cifras o directamente ni siquiera eso, eran desconocidos. Además, el libro tiene una conexión muy fuerte con la actualidad, porque Mallorca fue el primer lugar de la Guerra Civil —y en realidad de la historia— donde se produjeron bombardeos sistemáticos sobre población civil con el objetivo de forzar una rendición.
–Eso ocurrió antes que Guernica.
–Sí, nueve meses antes. Guernica es el caso más conocido, pero Mallorca fue anterior. De hecho, al tercer día del estallido de la guerra ya estaban bombardeando Palma de forma diaria, incluso dos veces al día en algunas ocasiones. Es decir, se instauró muy rápidamente esa estrategia de atacar la retaguardia civil para romper la moral.
Mallorca fue el primer lugar de la Guerra Civil —y en realidad de la historia— donde se produjeron bombardeos sistemáticos sobre población civil para forzar una rendición
–Es increíble lo orillada que ha estado siempre Mallorca en el relato histórico.
–Está completamente fuera del radar. Yo mismo me encontré con uno de los mayores expertos en la Guerra Civil en España, un profesor universitario muy reconocido, que no sabía que Mallorca había sido bombardeada. Y estamos hablando de un lugar que en el primer mes de guerra sufrió 46 bombardeos, y en total 56. Es algo muy difícil de entender si lo piensas en perspectiva.
–¿Por qué la República bombardeó Mallorca?
–Porque estaba en manos de los franquistas y, además, no tenía ningún tipo de defensa. No había baterías antiaéreas, ni aviación, ni prácticamente protección para la población. Estaba completamente aislada. Desde Cataluña se vio que podía ser un objetivo fácil, que se podía conseguir una rendición mediante bombardeos sin asumir grandes pérdidas propias. De hecho, se lanzaron octavillas anunciando que Palma sería bombardeada día y noche hasta rendirse, y eso apareció incluso en la portada de La Vanguardia. Es decir, había una voluntad explícita y documentada.
–¿Se atacaban objetivos militares o civiles?
–En teoría se intentaban atacar objetivos militares, pero en la práctica muchas bombas caían en zonas civiles. También influía que los pilotos no conocían bien la ciudad y que las bombas se lanzaban a mano, lo que generaba mucho margen de error. Se bombardeaban barrios obreros, zonas comerciales, lugares sin ningún interés militar claro, como la Plaza del Olivar o zonas alrededor de la Plaza Mayor. Y eso se mantuvo incluso cuando el armamento se fue sofisticando y empezaron a usar bombas de mayor potencia.
–¿Cuántas víctimas hubo?
–Hubo 97 muertos, de los cuales 32 eran mujeres y 17 menores, además de unos 250 heridos. Mi libro recoge a esos 97 fallecidos, pone nombre y apellidos a cada uno y reconstruye su historia. No son testimonios, son personas concretas que murieron en esos bombardeos.
Al tercer día del estallido de la guerra ya estaban bombardeando Palma de forma diaria, incluso dos veces al día
–Su libro, entonces, recoge las historias de esas 97 víctimas que jamás han sido reconocidas.
–Eso es. Son 97 historias muy duras, pero muy humanas. Hay casos de personas de izquierdas que murieron en bombardeos republicanos, incluso un alto cargo de UGT. Hay una historia muy impactante de un hombre que, al oír los aviones, salió a aplaudir gritando «ya vienen los nuestros» y en ese momento le cayó una bomba. También hay relatos de familias destrozadas, de niños, de bebés, de personas irreconocibles que tenían que ser identificadas por sus familiares. Son historias que te obligan a entender que el dolor no fue patrimonio de un solo bando.
–¿Ha hablado con familiares? ¿Qué le han transmitido?
–Sí, he entrevistado a muchos familiares, en persona, con mucho tiempo y cuidado. Me he encontrado gente de todas las ideologías, y todos coinciden en algo: quieren que se recuerde a sus familiares sin odio, sin rencor, sin ánimo de revancha. Lo que sí perciben es que han sido olvidados. Muchos me decían que era la primera vez que alguien les preguntaba por esto.
–¿Por qué ha habido tanto silencio durante décadas?
–Porque es una historia incómoda, muy incómoda. Rompe el relato dominante de que solo un bando (el de Franco) ejerció violencia contra civiles. Aquí no hay museo, ni grandes obras, ni reconocimiento internacional. No hay un «Guernica» de Picasso que lo simbolice. Y eso ha contribuido a que no se haya difundido.
Murieron aplastados, asfixiados, desangrados, mutilados…
–Está claro que la Memoria Histórica se ha manoseado. El Gobierno de Sánchez y el de Armengol han profanado la memoria de las víctimas del bando republicano.
–Sí. Yo creo que la memoria la deben trabajar principalmente los historiadores, no los gobiernos. El papel del Gobierno debería ser facilitar, no interferir, y sobre todo ser ecuánime a la hora de elegir expertos. El problema es cuando se elige a personas por afinidad política en lugar de por conocimiento. Eso distorsiona el relato.
–Usted siempre habla del 29 de octubre de 2020 como el «día de la infamia». Explíquelo.
–Lo llamo así porque ese día, en el Ayuntamiento de Palma, se produjo una votación que, a mi juicio, evidencia que la memoria no se está aplicando de forma ecuánime. Hubo una propuesta para estudiar y reconocer a las víctimas de los bombardeos republicanos en Mallorca —víctimas cuyos nombres ni siquiera se conocían— y para rendirles algún tipo de homenaje institucional. Sin embargo, todos los partidos de izquierda (PSOE, Més y Podemos) votaron en contra, pese a que previamente se había aprobado una ley de memoria que incluía precisamente el reconocimiento de víctimas de bombardeos. Para mí, ese momento deja claro que no todas las víctimas están siendo tratadas igual y que existe una memoria selectiva. Por eso lo denomino el «día de la infamia»: porque pone de manifiesto esa falta de equidad en algo tan sensible como el recuerdo y la dignidad de las víctimas.
–¿Cuál es su enfoque como historiador?
–Intentar ser lo más ecuánime posible. Yo he hablado con víctimas de todos los entornos, de todas las ideologías, y creo que ese es el camino. Entender a todos y no apropiarse del dolor de una sola parte.
No todas las víctimas están siendo tratadas igual y existe una memoria selectiva
–Porque, hablando en plata, ¿este manoseo político puede acabar mal?
–Claro que sí. La Memoria genera dos posturas: una que podríamos llamar guerracivilista y otra orientada a la reconciliación. El problema es que la postura guerracivilista genera mucho odio. Y quienes conocemos bien la Guerra Civil sabemos lo peligroso que es eso. Estamos hablando de un contexto en el que antes de la guerra ya había violencia en la calle y durante la guerra familias enteras enfrentadas, hermanos en trincheras opuestas. Es un drama enorme.
–¿Le preocupa que ahora el péndulo se mueva hacia el otro lado?
–Sí, también me preocupa. Que se pase de un relato dominado por la izquierda a otro dominado por la derecha, reproduciendo el mismo esquema pero al revés. Eso sería un error. Lo importante es no caer en ese juego y apostar por una visión completa, rigurosa y humana de la historia.