Padres congregados a las puertas del colegio
CEIP Son Pisà, Palma
Las familias mantienen el pulso y seguirán de huelga por la presencia del profesor condenado por acoso
El seguimiento baja por pura necesidad —la conciliación aprieta—, pero el rechazo sigue intacto y los padres insisten en que no llevarán a sus hijos mientras continúe en el aula
Una semana después de que Miquel Roldán se incorporase como tutor de cuarto de Primaria en el CEIP Son Pisà, las familias se mantienen firmes: los niños no vuelven a clase mientras él siga en el centro. La huelga continúa y, aunque el paso de los días empieza a hacer mella (por la conciliación), el fondo del rechazo no se ha movido.
El colegio sigue funcionando a medio gas. La imagen de aulas vacías ya no sorprende, pero tampoco se ha normalizado del todo. Muchos padres siguen quedándose a las puertas por las mañanas o se organizan entre ellos para aguantar la situación unos días más. Otros, en cambio, han tenido que ceder.
Ahí es donde empieza a notarse el desgaste. La participación en la huelga ha bajado hasta el 48%, pero no porque haya cambiado la opinión sobre el profesor. Lo que ha cambiado es la capacidad de las familias para sostener el pulso. La conciliación está siendo el principal problema. Hay padres que, simplemente, ya no tienen con quién dejar a sus hijos o no pueden seguir faltando al trabajo. Y han tenido que llevarlos al colegio, aun sin estar de acuerdo con lo que está pasando.
Ese matiz lo repiten varias familias: una cosa es lo que piensan y otra lo que pueden hacer en el día a día. El apoyo a la protesta, dicen, sigue intacto. Lo que se resiente es la posibilidad de mantenerla en el tiempo sin una solución a la vista.
Desde la Apima, su portavoz, Verónica Fillol, confirma que la huelga sigue «de manera indefinida». Tras reunirse con la directora de la Oficina Balear de la Infancia y la Adolescencia, Esther Balaguer, salieron con la sensación de seguir igual. «No hemos obtenido ninguna respuesta clara. Nos dicen que intentarán ayudarnos, que harán lo posible, pero todo queda un poco en el aire», explica.
Tampoco creen que la situación vaya a resolverse a corto plazo. Aunque el nombramiento del profesor estaba vinculado a una sustitución, las familias dan por hecho que se prorrogará. «Las sustituciones tienen una fecha, pero luego se renuevan», señala Fillol. Esa previsión es, en parte, lo que mantiene la tensión.
El caso ya ha llegado al Defensor del Pueblo. Las familias quieren que se pronuncie sobre si se están respetando los derechos de los menores. «Creemos que no», sostienen.
En la Conselleria de Educación insisten en que el margen es limitado. El profesor fue condenado por acoso, pero no inhabilitado, y eso les impide apartarlo sin base legal. Ese argumento sigue sin convencer a las familias, que lo ven como un problema que ha acabado en sus manos.