Mejorar la calidad del aire no es solo proteger los pulmones
Ciencia y salud
La contaminación del aire aumenta la grasa y reduce el músculo, según científicos baleares
Un estudio del Idisba publicado en 'Diabetes Care' relaciona la exposición a contaminantes con un empeoramiento de la composición corporal y pérdidas de un kilo de masa magra en tres años
La exposición prolongada a la contaminación del aire no solo afecta a los pulmones, sino que también puede empeorar la composición corporal: más grasa, menos masa muscular y, en consecuencia, un mayor riesgo metabólico. Esta es la principal conclusión de un estudio del IDISBA, el Instituto de Investigación Sanitaria de las Islas Baleares, publicado en la revista científica Diabetes Care.
La investigación analizó datos de 1.454 participantes del ensayo PREDIMED-Plus, todos ellos adultos mayores con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico. El objetivo era evaluar cómo la exposición a contaminantes atmosféricos en el lugar de residencia —principalmente carbono negro, partículas finas (PM2.5) y dióxido de nitrógeno (NO₂)— se relaciona con la evolución de la composición corporal a lo largo del tiempo.
Los resultados muestran que quienes viven en zonas con mayor contaminación presentan un mayor porcentaje de grasa corporal y una menor proporción de masa magra, es decir, músculo. Este patrón no solo se observó al inicio del estudio, sino también tras uno y tres años de seguimiento, lo que apunta a un efecto sostenido en el tiempo.
Científicos del IdISBa, autores del estudio
Carbono negro
Entre los contaminantes analizados, el carbono negro —asociado sobre todo al tráfico rodado— fue el que mostró una relación más clara con estos cambios. Según los datos del estudio, la exposición a niveles más elevados de este contaminante se asocia con pérdidas cercanas a un kilo de masa magra en tres años. Las partículas finas también presentaron efectos relevantes, aunque algo menos consistentes, mientras que el dióxido de nitrógeno mostró asociaciones más débiles.
Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que se centra en la composición corporal más allá del peso total. Dos personas pueden tener un peso similar, pero una mayor proporción de grasa y menor masa muscular, lo que implica un peor estado de salud. En este sentido, la contaminación podría estar contribuyendo a un perfil corporal más desfavorable sin necesidad de que se produzcan grandes cambios en el peso.
La edad
El estudio también detectó diferencias según la edad. En el conjunto de participantes no se observó una relación clara con la grasa visceral —la que se acumula en el abdomen—, pero sí apareció en los menores de 65 años, especialmente en relación con las partículas finas.
La doctora Dora Romaguera, una de las firmantes del estudio, ha destacado que este trabajo es uno de los primeros en analizar la relación entre contaminación del aire y grasa visceral, el tipo de grasa que se acumula en el abdomen y que está estrechamente vinculada al riesgo cardiometabólico. Según ha explicado, los resultados apuntan a que la edad juega un papel clave en cómo responde el organismo a esta exposición.
«El efecto solo fue evidente en participantes menores de 65 años, lo que sugiere que los contaminantes podrían favorecer una mayor acumulación de grasa visceral en adultos más jóvenes, cuyo tejido adiposo aún tiene capacidad de crecer», ha señalado. En cambio, en los mayores de esa edad, el estudio observa con más claridad una asociación con la pérdida de masa magra, lo que refuerza la idea de que la contaminación puede influir de manera diferente según la etapa del envejecimiento.
¿Y hacer deporte?
Los autores no encontraron diferencias relevantes entre hombres y mujeres ni una influencia clara del nivel de actividad física sobre estos efectos. Esto sugiere que, aunque los hábitos de vida son importantes, la exposición ambiental puede tener un impacto independiente sobre la salud corporal.
Desde el punto de vista biológico, los investigadores apuntan a varios mecanismos posibles. La contaminación del aire puede favorecer procesos de inflamación crónica y estrés oxidativo, alterar el funcionamiento celular y contribuir a la resistencia a la insulina. Todo ello puede facilitar la acumulación de grasa y la pérdida de masa muscular, especialmente en personas ya vulnerables desde el punto de vista metabólico.
El estudio concluye, por tanto, que la contaminación del aire debe considerarse un factor relevante para la salud más allá del sistema respiratorio. En particular, podría influir en procesos ligados al envejecimiento y al desarrollo de enfermedades cardiometabólicas.