«La inquiocupación ya no va de necesidad, sino de negocio»
Modalidades delictivas VIP
El 'secuestro' de villas de lujo en Baleares: Porsche en la puerta, prostitución y 'simpas' de 150.000 €
La inquiocupación 'premium' crece en el archipiélago con más de 200 casos detectados de propietarios atrapados por falsos inquilinos al calor del colapso judicial
Porsche en la puerta, fiestas privadas en villas de lujo y meses —a veces años— sin pagar un euro de alquiler. La inquiocupación premium ya ha echado raíces en Baleares y, según denuncian los propietarios afectados, hace tiempo que dejó de tener relación con la necesidad o la precariedad. El nuevo perfil, aseguran, es el del caradura profesional: falsos empresarios, supuestos millonarios extranjeros y delincuentes especializados que han encontrado en España el escenario perfecto para explotar un sistema judicial lento y una legislación incapaz de proteger al propietario.
«Baleares será el laboratorio de lo que acabará llegando al resto de España». Fausto Oviedo, presidente de la Asociación por el Derecho a la Propiedad Privada, lleva años advirtiéndolo. Y sostiene que ya está ocurriendo. «Sólo en Mallorca tenemos detectados al menos 200 casos», afirma. Él lo llama «secuestro de vivienda»: propietarios atrapados legalmente mientras el ocupante explota la casa, la realquila o simplemente vive en ella sin asumir ningún coste.
Porque, según denuncia, el movimiento ocupacional ha mutado. «Antes podía existir un componente de precariedad. Ahora hablamos de un negocio», sostiene. Un chollo alimentado, dice, por el «efecto llamada» generado desde la política y por la sensación internacional de que en España incumplir contratos sale prácticamente gratis. «La sensación fuera es que aquí puedes delinquir y nunca pasa nada», resume.
El patrón se repite cada vez con más frecuencia en Mallorca e Ibiza. El supuesto inquilino llega con apariencia impecable: acento extranjero, documentación aparentemente solvente, coches de lujo, relojes caros y capacidad para pagar entradas en villas de miles de euros mensuales. Entra mediante contratos legales —muchas veces alquileres vacacionales o temporales— y, una vez dentro, deja de pagar. A partir de ahí comienza una batalla judicial que puede eternizarse durante años.
La mala imagen de España
«El gran problema es que esto no va por penal, va por civil», explica Oviedo. Y ahí, sostiene, está el agujero que explotan las mafias y los estafadores internacionales. Porque al existir un contrato previo, la inquiocupación no se trata como un delito específico, sino como un incumplimiento contractual. «En otros países europeos, si tú no tienes título legítimo, llega la policía y te echa. Aquí la víctima tiene que demostrar constantemente que es la víctima», denuncia.
Según explica, esa lentitud judicial se ha convertido en un reclamo internacional. «Esto se corre por toda Europa», afirma. Y el perfil del delincuente también ha evolucionado. «Ya no hablamos de alguien desesperado que ocupa una vivienda vacía. Hablamos de gente que sabe perfectamente dónde hace más daño y dónde puede sacar más dinero».
Baleares, donde confluyen mafias de droga, inmigración y vivienda
Por eso el objetivo ya no son pequeños pisos periféricos, sino villas de lujo y propiedades premium en las zonas más exclusivas de las islas. «Si ocupar una casa cuesta cero en Cuenca y también cuesta cero en Mallorca, pero aquí el rescate vale diez veces más, evidentemente van a venir aquí», resume.
Oviedo relaciona directamente este fenómeno con la posición geográfica de Baleares y con la presencia creciente de redes criminales internacionales. «Estamos en medio de las rutas del Mediterráneo. Aquí confluyen mafias vinculadas al narcotráfico, la inmigración ilegal y ahora también al negocio de la vivienda», sostiene. A su juicio, las islas reúnen todos los ingredientes perfectos: propiedades multimillonarias, enorme presión inmobiliaria, turismo internacional y una legislación «blanda» que convierte al propietario en la parte débil.
El presidente de la asociación asegura que muchos de estos ocupantes ni siquiera buscan una vivienda para vivir, sino convertirla en una fuente de ingresos o en un centro de actividad ilegal. Denuncia casos de villas realquiladas, fiestas constantes, prostitución de lujo y utilización de inmuebles para actividades vinculadas a drogas. «Tienes que encontrar amenazas, drogas o proxenetismo para conseguir echarlos. Por la ocupación en sí, no», afirma.
Uno de los ejemplos que relata es el de una propietaria americana de una vivienda de lujo cuyo inquilino dejó de pagar rentas cercanas a los 10.000 euros mensuales. Según explica, el hombre llevaba una vida de lujo mientras acumulaba una deuda de más de 150.000 euros. «Se pasea en Porsche, con prostitutas de lujo, y ella no tiene ni dinero para pagar abogados», denuncia.
El efecto, sostiene, ya se nota en el mercado inmobiliario. Cada vez más propietarios prefieren dejar viviendas vacías antes que arriesgarse a una inquiocupación. «Muchos preferimos perder dinero antes que poner en riesgo nuestro patrimonio», reconoce. Según explica, el miedo está retirando miles de viviendas del mercado y disparando todavía más el precio del alquiler.
Propietarios acusados de especulación
A ello suma otro factor: la demonización política del propietario. «Aquí parece que tener vivienda te convierte automáticamente en un especulador», critica. Y considera que ese discurso ha contribuido a generar una peligrosa sensación de impunidad hacia quien incumple contratos o ocupa propiedades privadas.
Oviedo insiste en que el problema de acceso a la vivienda existe y admite que muchos jóvenes tienen enormes dificultades para emanciparse. Pero cree que la respuesta institucional ha sido trasladar el problema al propietario privado mientras se desprotege jurídicamente la propiedad. «Yo pago impuestos para que la administración haga vivienda pública, no para que me hagan asumir a mí el problema», sostiene.
Para el presidente de la asociación, lo que está ocurriendo en Baleares va mucho más allá de una simple crisis habitacional. Cree que las islas se han convertido en el escaparate de un nuevo modelo de delincuencia oportunista internacional que utiliza la vivienda como negocio aprovechando el vacío legal español. «El delincuente está, la víctima está y el negocio está», concluye. «Lo único que no existe todavía es la figura delictiva específica del inquiocupa».