Luces de neón en una discoteca

Luces de neón en una discotecaGetty Images/iStockphoto

La 'generación gimnasio' asalta los clubes de Ibiza: por qué ahora se sale de fiesta con electrolitos

Entramos en los grupos privados del nuevo 'techno industrial' de la isla: sesiones a 160 BPM, batidos de proteínas para bailar como un maratón y sin resaca

Una nueva tribu, armada con geles de carbohidratos, batidos de proteína y nootrópicos naturales está reescribiendo las reglas de la noche bajo un lema que suena a disciplina militar: el techno-athleticism. Se acabó el sabotaje al cuerpo; ahora la pista es el nuevo maratón.

A través de un manifiesto que circula en grupos privados de redes sociales, esta nueva corriente del techno industrial propone un cambio de paradigma radical en una isla que se encuentra ahora mismo a las puertas de la temporada turística. Si filosofía es tratar la noche no como un exceso sino como un evento de alto rendimiento. «Si los atletas de élite no se drogan para competir, ¿por qué nosotros saboteamos nuestro cuerpo para bailar?», predican como primer mandamiento.

Geles de ciclismo y BCAAs en la pista

Accedemos al manifiesto secreto de los colectivos que están convirtiendo el baile a 160 BPM -medida utilizada para definir el tempo o la velocidad de una canción- en una disciplina de alto rendimiento donde la única droga es la serotonina intacta y el objetivo es despertarse el domingo para ir al gimnasio como si la noche nunca hubiera existido.

Se trata de una «propuesta técnica» para aguantar sesiones de música abrasiva, con ritmos que oscilan entre los 140 y 160 BPM y sin recurrir a la toxicidad de las drogas.

La receta es sorprendente: sustituyen el alcohol por geles de carbohidratos (habituales en el ciclismo o el running), las bebidas espirituosas por electrolitos y aminoácidos (BCAAs) para proteger el músculo, y las sustancias sintéticas por nootrópicos naturales para mantener un «foco láser».

Entre estos últimos proponen L-Teanina con cafeína y gingko biloba. «Estás presente, escuchas cada matiz del sintetizador y cada cambio en la estructura del track con total nitidez», aseguran.

De este modo, la recuperación inmediata. «El domingo por la mañana te despiertas con energía total para ir al gimnasio o a la playa», reza el documento. Es la respuesta de una generación que cultiva el físico y la mente, negándose a sufrir la «depresión post fiesta» que provoca el agotamiento de la serotonina.

El manifiesto contempla, incluso, el «snack de la medianoche». A los aficionados al ocio nocturno en Ibiza se les relaciona con la comida basura. Prueba de ello es que los clubes más importantes cuentan con sus propias barras de hamburguesas y perritos calientes, entre otras preparaciones. ¿La solución? Sustituir la comida rápida (fast food ) por barritas de proteína de alta calidad y snacks de frutos secos para superar «el bajón de energía que suele llevar a comer grasas trans al salir del club». Así «mantienes el físico estético que muchos miembros del grupo trabajan en el gimnasio», dice el manifiesto.

Los mandamientos del techno-athleticism proponen su particular propuesta de kit para disfrutar de la noche ibicenca. Antes de la fiesta, comida rica en carbohidratos complejos. Ya en la pista, geles energéticos en el bolsillo y botella de agua con pastilla de electrolitos. Y, al salir, batido de proteína de suero antes de dormir. ¿El resultado? Una jornada post fiesta «sin depresión ya que tus niveles de serotonina están intactos».

La evolución del «sonido hierro»

El techno industrial tiene raíces profundas en la geografía balear. Frente a la cara más amable del house melódico, la isla ha albergado desde los años 80 sonidos oscuros influenciados por la EBM alemana y el New Beat belga, que resonaban en la mítica discoteca KU mientras el Balearic Beat triunfaba en Amnesia.

Entre los años 2000 y 2010, triunfó Sven Väth con Cocoon. Y Amnesia se convirtió en el templo del techno en Ibiza, con figuras como Chris Liebing, que trajo a la isla el sonido schranz, «un techno más rudo, metálico y sin concesiones», explican en estos grupos de redes sociales.

Surgió después un nuevo escenario para este movimiento en el DC-10, un lugar «donde el techno industrial encontró un refugio mainstream pero respetado». «Artistas como Ben Klock, Marcel Dettermann o Dax J empezaron a ser nombres habituales, trayendo la estética de Berghain directamente al polvo de la pista de Sant Jordi», rememoran.

El Industrial Techno se refugia hoy en villas privadas y naves industriales de la mano de «colectivos locales» que organizan fiestas «donde la BPM (beats per minute) no baja de 145 y la distorsión es la norma». El objetivo es «un entorno de bella natural extrema, la música industrial actúa como una válvula de escape necesaria. Es la catarsis de la máquina contra la naturaleza».

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