Usuarios, miembros de Mater y de la IglesiaMATER

Iglesia y ayuda

Una nueva misión para el convento de las franciscanas Hijas de la Misericordia de Santa Eugènia

El histórico edificio reabre como hogar supervisado para personas con discapacidad intelectual

Durante más de siglo y medio, las puertas del convento de las franciscanas Hijas de la Misericordia de Santa Eugènia permanecieron abiertas a la vida del pueblo. Desde 1857, generaciones de vecinos identificaron aquel edificio de la calle de Ses Monges con la presencia de unas religiosas dedicadas a la enseñanza, al acompañamiento y a la atención de quienes más lo necesitaban. En octubre de 2020, las últimas monjas abandonaron el municipio y el convento quedó en silencio por primera vez en 163 años.

Cinco años después, el edificio recupera el pulso y lo hace para un fin social más que necesario: vivienda supervisada para personas con diversidad intelectual. El proyecto está gestionado por la organización Mater y cuenta con nueve plazas concertadas con el Institut Mallorquí d’Afers Socials (IMAS).

La religiosa María Adrover fue la encargada de abrir de nuevo la puerta del convento y entregar simbólicamente la llave a una persona usuaria de Mater. La Iglesia, una vez más, saliendo al auxilio del que lo necesita.

El nuevo servicio se articula en torno a un modelo de pequeño hogar. El convento alberga tres estudios de vivienda supervisada y un centro ocupacional para personas con discapacidad intelectual. La idea no es crear una gran residencia aislada, sino un entorno doméstico y cercano, plenamente integrado en la vida cotidiana de Santa Eugènia. Los usuarios vivirán allí con los apoyos necesarios y participando de la vida del pueblo.

Ese planteamiento conecta con la tradición asistencial de las congregaciones religiosas mallorquinas. Durante décadas, muchos conventos fueron espacios donde se atendía a niños, enfermos, mayores o personas en situación vulnerable. En Santa Eugènia, el edificio vuelve ahora a cumplir una función social semejante, adaptada a las necesidades actuales y sostenida desde el ámbito del tercer sector.

El papel de Mater

Mater, entidad impulsora del proyecto, lleva años trabajando en Mallorca en la atención a personas con discapacidad intelectual y en la creación de recursos residenciales más humanos y personalizados. La elección del convento no responde solo a una cuestión práctica. También supone recuperar un espacio emblemático para ponerlo nuevamente al servicio de quienes necesitan apoyo, evitando que el edificio quede vacío o desligado de la vida del pueblo.

La iniciativa forma parte además del Plan de Acceso a la Vivienda para Personas con Discapacidad impulsado por el Consell de Mallorca, que prevé crear 137 plazas durante 2026 con una inversión global de 3,7 millones de euros. El modelo apuesta por descentralizar recursos que tradicionalmente se concentraban en Palma y acercar este tipo de apoyos a municipios del interior de la isla.