Ramón Llull
El filósofo mallorquín que anunció la existencia de América dos siglos antes que Colón
Mucho antes de que el nacionalismo lo redujera a mero «creador» de la lengua catalana, los Reyes Católicos y Felipe II aplicaron las tesis de Ramón Llull para proteger a los indios y frenar el esclavismo
Al mallorquín Ramón Llull se le conoce errónea y limitadamente como el creador de la lengua catalana literaria, dejando de lado su importante legado, esencial en la forja del Imperio Español en América. Pero la relación del maestro iluminado con América había comenzado dos siglos antes de su descubrimiento por el navegante Cristóbal Colón. Ramón Llull había aludido a la existencia de América en 1287 en su obra Quaestiones per Artem Demonstrativam solubiles (Preguntas que pueden resolverse mediante el arte demostrativo), donde sostenía que al otro lado de Occidente existía otro continente, invisible y desconocido para los occidentales.
Además, el vínculo de Mallorca con el Atlántico no estaba sólo en las palabras de Llull. A principios del siglo XIV, los mallorquines surcaban el Atlántico cercano a la costa africana, comerciaban con las ciudades de Larache y Anfa (actual Casablanca), llegaban a puntos hasta aquel momento inexplorados, como la expedición de Jaime Ferrer a Río del Oro, y establecían una población permanente en las islas Canarias durante 40 años.
Después de diversas expediciones hacia Canarias, se estableció, en 1352, un asentamiento mallorquín en Gran Canaria con la misión de evangelizar y convertir a los nativos guanches al cristianismo de acuerdo con la doctrina luliana. La colonia fue reconocida por Roma con la creación del obispado de Telde, llegando a contar con cuatro obispos baleáricos. Un siglo y medio más tarde, tal como hicieron los misioneros mallorquines en Canarias, las enseñanzas de Ramón Llull se aplicaron en América, y lo hicieron imponiéndose a las tesis esclavistas. Su aplicación permitió, a diferencia de la Norteamérica anglosajona, que la inmensa mayoría de las poblaciones indígenas de los territorios conquistados por España fuesen respetadas y cristianizadas.
El papel de Fernando de Aragón
Fueron los Reyes Católicos los que legitimaron y fomentaron el lulismo en la Corte y las universidades españolas. En 1483, el inquisidor Guillermo Casellas había denunciado al lulista catalán Pedro Daguí como hereje ante Roma. Solo la defensa del rey Fernando de Aragón y del lulista, diplomático y persona de confianza del rey, el aragonés fray Bernardo de Boyl, salvaron a Daguí de tal acusación. De ahí, Daguí pasó a ser el capellán de la Corte itinerante de los Reyes Católicos.
Daguí fue decisivo para despertar el interés del consejero y confesor de la reina Isabel, el cardenal Cisneros, hacia el ideario del mallorquín. Cisneros, además de acoger en su palacio arzobispal de Toledo a eminentes lulistas, tenía en su biblioteca particular hasta un centenar de obras de Llull. También, al fundar la Universidad de Alcalá de Henares, destinada a implantar en Castilla las nuevas ideas y los estudios humanísticos, creó en ella una cátedra de filosofía luliana que confió al mallorquín Nicolás de Pax.
En esos años Colón había llegado a América y no precisamente con ningún interés religioso, su empresa era absolutamente económica: la búsqueda del paso por Occidente hacia la Especiería, las islas Molucas. Pero pronto topó con el espíritu moderno, humanista y lulista de los Reyes Católicos. Entre las riquezas de La Española enviadas a España, además del oro y la plata, según la costumbre de la época, estaban los esclavos. La reina Isabel, muy influida por su confesor Cisneros y por la doctrina luliana, determinó que los indios que se encontraban en Andalucía enviados por Colón se pusiesen en libertad y se devolviesen a sus tierras. Fueron los ideales lulianos los que reforzaron notablemente las decisiones tomadas por los Reyes Católicos. El compromiso asumido por los Reyes Católicos para la evangelización de América, eran Patronos del Nuevo Mundo, coincidía con la doctrina luliana que la Corte española hacía pocos años había hecho suya.
Evangelización
El Papa Alejandro había otorgado a los Reyes Católicos el derecho a conquistar y colonizar las tierras descubiertas y por descubrir en «las Islas y Tierra Firme» con el compromiso de la evangelización de los nativos. Para la cristianización de las Indias, fue elegido, precisamente, el lulista Boyl. En el segundo viaje de Colón, en septiembre de 1493, que tenía como objetivos tratar de alcanzar las tierras del Gran Kan y colonizar las islas halladas anteriormente, el lulista aragonés acompañó al descubridor a La Española para «convertir a los moradores de dichas islas y tierra firme a la Santa Fe Católica». Fray Bernardo de Boyl ofició en La Isabela el día 6 de enero de 1494 la primera misa que se dijo en el Nuevo Mundo.
La inicial empresa comercial y de conquista de Colón fue complementada y superada con la misión espiritual de los religiosos para facilitar el asentamiento y dominio territorial; una misión impulsada y promovida por los Reyes Católicos y los posteriores reyes de la Casa de Austria, sobre todo, Carlos V y Felipe II. Fue la Reina Católica, en su testamento de 1504, que de acuerdo con el ideal luliano sentó el precedente fundamental en la política española de respeto al aborigen americano: «no consientan ni den lugar a que los indios vecinos y moradores de las dichas Islas, y Tierra Firme, ganados y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes, mas manden, que sean bien y justamente tratados». Las posteriores Leyes de Burgos de 1512, fruto de las denuncias de fray Antonio de Montesino de los maltratos que sufrían los indios e imbuidas del catolicismo y del lulismo imperante en la Corte española, fueron las que impulsaron la protección y evangelización de los indios, al establecer que eran seres racionales y, por tanto, libres, por lo que debían ser tratados como tales.
También fray Bartolomé de las Casas denunció en la Corte el maltrato a los indios en su Memorial de Remedios. Aunque tal vez sea un poco aventurado hablar de lulismo en De las Casas, lo que si había eran muchas coincidencias. Al igual que Llull, condenaba las guerras de conquista bajo pretextos religiosos, a la vez que mantenía la afirmación de que la conversión solo podía consistir en un acto de libertad. La herramienta básica del Arte de Llull para la conversión era el conocimiento de las lenguas, culturas y religiones de los infieles, para a partir de ahí instruirlos en el contenido de la fe cristiana. Dos siglos y medio antes el propio Ramón Llull había aprendido el árabe en Mallorca para poder partir hacia el norte de África para convencer con sus razones necesarias a los infieles. El primer punto era convencer racionalmente de la superioridad de la fe cristiana a los sabios de otras religiones (en el caso americano, eran los caciques de las tribus) y a partir de ahí su conversión arrastraría al pueblo a hacer lo mismo. Aprender la lengua de los nativos y conocer su cultura y religión, fueron la premisa básica de los religiosos que llegaron al Nuevo Mundo.
La imagen oscura de España que ha transmitido la Leyenda Negra incluye al mismo rey Felipe II y su reinado. Pero lo cierto es que el monarca fue un rey educado en la cultura y las matemáticas, además de ser un gran coleccionista y apasionado por los libros, entre ellos la obra de Llull. Castilla, a partir de las enseñanzas del mallorquín Nicolás de Pax, fue un bastión del lulismo durante los siglos XV y XVI, sobre todo durante el reinado de Felipe II.
Asuntos lulianos
En la corte española, Juan de Herrera, matemático y arquitecto del monasterio de El Escorial, coincidió con otro importante lulista castellano, Pedro de Guevara, secretario de Felipe II y Felipe III en asuntos lulianos. A instancias de Herrera, Felipe II autorizó la fundación de la Academia de Matemáticas de Madrid en 1582. Era tal el compromiso de Felipe II con el legado del filósofo mallorquín que en el cuadro de enseñanzas de la Academia de Matemáticas de Madrid figuraba el Arte luliano por expreso deseo del monarca. Además, fue Felipe II el principal impulsor de la frustrada beatificación de Ramón Llull, así como el gran defensor de su memoria, profundamente dañada por la labor del inquisidor catalán Nicolás de Eymeric. También fue Felipe II, Patrono de las Indias y ferviente lulista, quien culminó la legislación española de respeto y protección de los indios al establecer en 1573, con sus 'Ordenanzas de descubrimientos, nueva población y pacificación de las Indias', que la conquista tenía que ser pacífica y bajo el control de religiosos.