El Dr. Thomas Karl Alfred Woiczyk, de la UIB
¿Por qué imitamos ciertos comportamientos sin darnos cuenta? Esto dice la universidad balear
Según un estudio, la frecuencia con la que observamos una acción puede tener más peso que el número real de personas que la realizan
¿Por qué algunas costumbres terminan pareciéndonos normales aunque en realidad las practique muy poca gente? ¿Qué hace que determinados comportamientos se extiendan dentro de una empresa, un grupo de amigos o una red social? Un estudio en el que participa un investigador de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) ofrece una explicación a este fenómeno y apunta a un factor fundamantal: la visibilidad. La investigación, publicada en la revista científica Organizational Behavior and Human Decision Processes, analiza cómo las personas construyen su idea de lo que es habitual o aceptable dentro de un grupo. Los resultados sugieren que, en muchas ocasiones, no tomamos como referencia lo que hace la mayoría de las personas sino aquello que observamos repetidamente en nuestro entorno.
El trabajo cuenta con la participación del profesor Thomas Karl Alfred Woiczyk, del Departamento de Economía de la Empresa de la UIB, junto con investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid y de la Universidad Pompeu Fabra. A través de seis estudios realizados en distintos contextos, los autores examinaron cómo se forman las normas sociales y de qué manera estas influyen posteriormente en la conducta de las personas. Según las conclusiones obtenidas, la frecuencia con la que observamos una acción puede tener más peso que el número real de personas que la realizan. En otras palabras, una conducta minoritaria puede acabar percibiéndose como algo común si quienes la practican son especialmente visibles o si repiten ese comportamiento de forma constante.
Los investigadores denominan a este fenómeno «common behavior effect», un efecto que ayuda a explicar por qué ciertas acciones terminan adquiriendo apariencia de normalidad incluso cuando no representan a la mayoría de un colectivo. El hallazgo resulta especialmente relevante porque no solo afecta a la forma en que interpretamos nuestro entorno, sino también a las decisiones que tomamos posteriormente.
La investigación muestra que las personas tienden a ajustar su comportamiento a aquello que consideran habitual dentro de su grupo. Por tanto, si una conducta parece frecuente, aumenta la probabilidad de que otros individuos la reproduzcan, independientemente de que realmente sea mayoritaria o no.
Los autores sostienen que este mecanismo no implica necesariamente que las personas razonen de forma incorrecta. Más bien ocurre porque la información que reciben está desequilibrada. Algunos comportamientos son más visibles que otros y, por ello, ocupan un espacio desproporcionado en nuestra percepción de la realidad.
Este proceso puede observarse con claridad en el ámbito laboral. En determinadas organizaciones, por ejemplo, un pequeño grupo de empleados puede acostumbrar a enviar correos electrónicos de madrugada o prolongar su jornada hasta altas horas de la noche. Aunque se trate de una práctica minoritaria, la repetición constante de estas acciones puede generar la sensación de que ese nivel de dedicación es la norma dentro de la empresa. Con el tiempo, otros trabajadores pueden sentirse inclinados a actuar de la misma manera para adaptarse a lo que perciben como un comportamiento habitual.
Las redes sociales constituyen otro escenario donde este fenómeno adquiere especial relevancia. En estas plataformas, una minoría muy activa puede generar una enorme cantidad de contenido y lograr que determinadas opiniones, estilos de vida o formas de comportamiento parezcan mucho más extendidas de lo que realmente están. La exposición continuada a los mismos mensajes puede contribuir a normalizar discursos agresivos, posiciones extremas o incluso conductas potencialmente arriesgadas. Según el estudio, esta dinámica ayuda a comprender por qué ciertos mensajes adquieren una presencia dominante en el debate público. No siempre se trata de las opiniones más compartidas, sino de aquellas que aparecen con mayor frecuencia ante los ojos de los usuarios.
La investigación también identifica factores que pueden reducir este efecto. Los resultados indican que la confusión disminuye cuando las personas pueden distinguir con claridad quién realiza cada acción. Cuando resulta sencillo seguir el comportamiento de cada miembro del grupo por separado, es menos probable confundir la repetición de una conducta por parte de unos pocos individuos con una práctica generalizada.
Asimismo, los autores destacan que la forma en que se presentan las observaciones a lo largo del tiempo influye en la percepción de las normas sociales. La secuencia y organización de la información puede reforzar o debilitar la tendencia a interpretar como mayoritario aquello que simplemente es más visible.