Bar Alaska de Palma

El quiosco donde comer una de las hamburguesas y pepitos de lomo más icónicos en Palma ya es comercio emblemático

Si visitas la capital balear, hay un mítico rincón en pleno centro que es un oasis ajeno a las modas donde comer bien, rápido y barato

Hay tradiciones que no se tocan. Quien vive en Palma o visita Mallorca sabe perfectamente que existen costumbres arraigadas en el corazón de la ciudad. Rincones convertidos en auténticos templos populares que forman parte de la memoria colectiva, y que los ciudadanos han defendido a capa y espada frente a las modas y los cambios constantes de la capital.

Este legendario enclave, situado en la plaza del Mercat —muy cerca de la cotizada milla de oro del paseo del Borne—, funciona diariamente como un oasis donde detener el tiempo. Varias generaciones de mallorquines y visitantes se congregan en sus inmediaciones, atraídas por un inconfundible olor a plancha y el característico bullicio callejero alrededor de su mostrador metálico vintage.

Es el Quiosco Alaska, que acaba de recibir el mayor blindaje institucional al ser nombrado oficialmente Comercio Emblemático de Palma con la categoría máxima (1A), otorgada por la Comisión Técnica de PalmaActiva.

Hamburguesa clásica y cerveza congelada

Este reconocimiento premia de manera oficial la antigüedad, la singularidad y la resistencia de un negocio que es pura historia viva y el auténtico rey de la comida callejera local.

Su carta es infalible y se aleja por completo de la moda gourmet o de las hamburguesas smash. Las hamburguesas con queso, hechas al momento, conservan el sabor clásico y casero de siempre, lo que les ha valido contar con un club de fans propio.

El alabado pepito de lomo que enamora por su sencillez. Lomo tierno a la plancha metido en un pan que absorbe a la perfección todos los jugos de la carne. Y sus clásicos perritos calientes con patatas fritas.

El Alaska es de los poquísimos lugares del centro de Palma que aún sirve la cerveza en vasos de cristal sacados directamente del congelador, el mejor remedio para sobrellevar las colas que se forman en los meses de calor.

De Automatic bar a icono

Aunque hoy se asocie irremediablemente al olor a plancha, los orígenes de este espacio se remontan al 3 de junio de 1935. Aquel día abrió sus puertas bajo el nombre de Automatic Bar, en una inauguración por todo lo alto que contó con el alcalde de la época. En sus inicios, funcionaba simplemente como un quiosco tradicional de refrescos y helados para rebajar el sofocante calor estival.

El negocio evolucionó al ritmo de la sociedad hasta adoptar el nombre de Alaska en 1951, momento en el que incorporó su ya mítica estructura metálica y su inconfundible rotulación. Junto al célebre Bar Bosch, el Alaska se consolidó como el punto de encuentro por excelencia de la ciudad.

Sin embargo, el camino hasta aquí no ha sido fácil. En más de una ocasión se especuló con su cierre debido a los planes de reforma urbanística de la plaza del Mercado. El quiosco se salvó gracias al masivo apoyo popular de los ciudadanos. Ahora, con esta protección oficial, el Ayuntamiento asegura que la plaza seguirá oliendo a tradición.

La incorporación del Alaska es una de las novedades más destacadas de la revisión anual de un catálogo municipal que, tras sumar nueve establecimientos, eleva a 135 el número de comercios emblemáticos protegidos en Palma. Junto al mítico quiosco, este año se suman a la lista negocios históricos de la ciudad como la Armería Serra Pizá, Barquillos Galindo, el Bar Tulsa, el Bazar Las Palmeras, el Café l’Auba, la Corsetería De Tot, Mobles Massís y la Pastelería Real.

Para obtener esta distinción, el Ayuntamiento de Palma exige el cumplimiento de dos requisitos clave: la antigüedad del establecimiento, que por norma general debe superar los 75 años de historia, o bien la singularidad del propio negocio, un factor que evalúa y dictamina de forma específica la Comisión Técnica.