Fachada emblemática de la librería Literanta en la calle Call de Palma
Palma pierde una de sus librerías de referencia: el triste adiós a Literanta
Tras dos décadas de historia, este emblemático local se despide por la pérdida de la vida vecinal y la trasformación del barrio «en un mero escaparate»
«Algo triste sucede cuando una librería cierra. No es pasajero ni tampoco casual: es algo sintomático propio de una sociedad herida de muerte. Las librerías no son un establecimiento más: es el lugar en el que se reúnen el saber, la cultura, la información, el entretenimiento», afirmó la escritora Elvira Sastre hace ya algunos años en un excelente artículo publicado en Anabad Federación y titulado Qué triste cuando una librería echa el cierre.
Partiendo de esa premisa casi aristotélica, podemos afirmar que el centro histórico de Palma es desde este domingo un espacio un poco más triste, después de que ayer cerrase sus puertas de manera definitiva la librería Literanta, tras algo más de dos décadas de existencia. «Abrimos en 2005 en la calle Fortuny, con un formato de librería y cafetería, y en 2018 nos trasladamos a la calle del Call», explica a El Debate Sergio González (León, 1975), que formó parte de este proyecto desde el principio como trabajador. «La librería la pusieron inicialmente en marcha dos socios», especifica, para añadir: «Ahora la llevaba yo, aunque seguíamos siendo tres socios».
Aquel cambio de ubicación de 2018 fue debido a varias causas: «Empezaba a cambiar el barrio, se vendía menos y el alquiler del primer local ya no era muy asumible». Ocho años después, la creciente gentrificación del casco antiguo de Palma ha conducido finalmente a la clausura de esta emblemática librería. «Ya no hay vida en este barrio, pues casi todo el comercio está destinado ahora al turista de paso o al alquiler vacacional», lamenta Sergio. En la actualidad, ya no hay un tejido estable de habitantes en esta zona, «que es lo que necesita una librería, que haya vida y que cuando organices actividades venga gente». Pero este barrio, resume, «ahora mismo está ya para otra cosa», pues «se ha convertido en un escenario o en un escaparate para paseantes».
Un adiós inesperado
El anuncio del cierre se produjo de manera inesperada en su cuenta de Instagram hace apenas unos días. «Queridos amigos, os anunciamos el final de un proyecto que comenzó en el año 2005. Literanta ha sido más que una librería. Ha sido un lugar de encuentro y de amistad para todos los que amamos los libros. Palma y el Call han cambiado y todo tiene sus etapas, sencillamente. Han sido años hermosos y nada nos gustaría más que veros estos días para despedirnos en persona», anunciaba su último reel, en el que también se concretaba que durante cuatro días habría «liquidación por cierre», tanto de libros como de mobiliario.
Mostrador de Literanta
Este anuncio fue seguido por más de ochenta comentarios o emoticonos de clientes y amigos, que expresaban tristeza y gratitud al mismo tiempo, como ejemplificó muy bien la reflexión de la escritora Beni Aguiló Grau: «El cierre de una librería nunca es una buena noticia. Gracias por habernos dado tanto. Un abrazo y nos vemos pronto». Muchos de esos clientes han pasado además por la tienda para despedirse personalmente de Sergio.
Atrás quedaban ya otros reels todavía no muy lejanos y llenos de proyectos en donde podían verse propuestas de talleres de lectura y de creación poética, así como también de cursos del club de lectura de imágenes, de presentaciones de libros o incluso de vermuts de fin de año. En el interior físico de Literanta había, además, una mesa de billar francés. «En su momento, sí se jugaba en esa mesa de billar, aunque últimamente cumplía más el papel de expositor de libros», confirma Sergio con buen humor.
Ensayo y literatura
«La mayoría de los libros que vendíamos podrían encuadrarse en el ámbito de las humanidades, pues no teníamos libros técnicos», aclara nuestro interlocutor. En los anaqueles aún podían verse en las últimas horas de Literanta obras de literatura en general, ensayo, historia, poesía, arte, cine, filosofía, psicología, sociología o política, «que era lo que nos interesaba y nos gustaba».
Uno de los rincones favoritos en Literanta, con la mesa de billar
El sentimiento ahora predominante en Sergio es el de pena, como él mismo reconoce. «No es un cierre motivado porque yo me haya cansado o porque haya encontrado otra cosa que me guste más, pues yo hubiera seguido aquí encantado», afirma. El cierre viene motivado, como ya ha apuntado previamente, por «una realidad que te ha pasado por encima y ante la que no has podido reaccionar, porque una librería necesita gente continuamente».
«Mis clientes me están diciendo estos días que también les da mucha pena el adiós de Literanta, pero al mismo tiempo son los primeros que saben cómo están las cosas en el barrio y en Palma, y cómo está cambiando todo», sintetiza.
El futuro inmediato
Este sábado fue, por todo ello, el día más especial de todos, ya que Literanta permaneció abierta de forma ininterrumpida desde las diez de la mañana hasta las ocho de la noche, para que fuera posible compartir con tiempo suficiente las últimas charlas, los viejos recuerdos y los emocionados abrazos.
A partir de ahora, Sergio se encargará de la librería Campus, ubicada en el edificio Ramón Llull de la Universidad de las Islas Baleares. De hecho, en las últimas semanas había compaginado en la medida de lo posible su trabajo en Literanta con su nueva labor en Campus. Así pues, seguirá vinculado al mundo de los libros.
Estanterías con los últimos libros
«Los libros forman parte de nuestra educación sentimental. No es fortuito que las solapas de los libros tengan forma de puerta. Eso es lo que son: una entrada a un sitio siempre mejor», concluía Elvira Sastre en el mencionado artículo Qué triste cuando una librería echa el cierre. Desde otro destino laboral, Sergio seguirá haciendo hoy posible la entrada a ese sitio mágico lleno de sabiduría y de ensoñación.