Cuadro de Isabel II en la Almudaina

Cuadro de Isabel II en la Almudaina

La residencia palaciega que encandiló a Isabel II en 1860 desvela su mayor secreto 160 años después

La Almudaina permite entrar, por primera vez, al Palacio de la Reina, donde Isabel II se alojó en su visita a Palma. La sala alberga retratos de la corte, sedas, consolas decimonónicas y relojes de época que recrean con precisión la intimidad y el ambiente aristocrático durante sus días en la isla

En la penumbra del ala oeste del Palacio de La Almudaina, descansa una cámara que ha permanecido bajo llave más de un siglo. Una estancia de sedas, consolas de época y relojes donde la reina Isabel II buscó refugio frente al mar en su mítico y vertiginoso viaje a Palma de 1860. Este rincón íntimo de la monarquía decimonónica es la puerta de entrada al Palacio de la Reina, el tramo más reservado y misterioso del alcázar que Patrimonio Nacional acaba de abrir por primera vez al público tras una inversión de 2,5 millones de euros y siete meses de obras silenciosas.

Antecámara. Cámara. Salón. Y comedor. Hasta hoy, estas cuatro salas adosadas al ala oeste pertenecían a la sombra, integradas en la antigua Comandancia General. Ahora, han sido rescatadas para devolver la memoria de los días en que la monarquía bajaba a la isla a buscar refugio frente al mar.

Palacio de la Reina en el palacio de la Almudaina de Palma

Palacio de la Reina en el palacio de la Almudaina de Palma

Palacio de la Almudaina

Palacio de la Almudaina

«Queríamos que la gente entendiera cómo ha sido el desarrollo de la vida de la Almudaina durante todos los siglos, desde la época romana hasta los reinos cristianos», explicó con precisión Luis Pérez de Prada, director de Inmuebles y Medio Natural de Patrimonio Nacional, tras el acto inaugural celebrado este martes junto a la presidenta de la institución, Ana de la Cueva, y la secretaria de Estado de Turismo, Rosario Sánchez Grau.

2.000 años bajo las baldosas

El nuevo trazado no es un simple lavado de cara. Es un mapa del tiempo perfectamente ordenado que arranca en la Madina Mayurqa islámica y desemboca en la España del siglo XX.

En ese viaje por las tripas del alcázar emerge otro icono de la reforma: un imponente león de mármol blanco del siglo X. Esta bestia milenaria, que en su época de esplendor escupía agua en la alberca del Huerto de la Reina, ha sido restaurada para presidir la sala dedicada a la Mallorca islámica. Flanqueándolo, un grifo de bronce del siglo XII con melena de trazo fino. El tímpano románico de la Coronación de la Virgen completan un tesoro donde dialogan el Islam y la Cristiandad en una misma sala.

León de mármol

León de mármol

Coronación de la Virgen, un conjunto escultórico que corresponde al tímpano y capiteles de la portada de la Capilla de Santa Ana

Coronación de la Virgen, un conjunto escultórico que corresponde al tímpano y capiteles de la portada de la Capilla de Santa Ana

«Queremos transmitir al público la importancia de este enclave, un enclave con más de 2.000 años de historia; y con esto no queremos decir que el palacio tenga 2.000 años de historia, sino que el asentamiento humano en este punto data como mínimo de época romana. [...] La museografía es muy sencilla, con vitrinas muy limpias que dan el protagonismo a los objetos, pero sin perturbar la arquitectura», aclaró Víctor Cageao, director de las Colecciones Reales, sobre el criterio con el que se ha intervenido en el monumento.

Isabel II, Claramunda y el mirador de la corte

Pero el morbo histórico está en el Palacio de la Reina. Concebido originalmente en el siglo XIII por Jaime II para su esposa, Claramunda de Foix, y habitado después por la reina Violante, el espacio sufrió múltiples metamorfosis hasta convertirse en la residencia palaciega que encandiló a Isabel II durante su mítica visita de cuatro días a Baleares en 1860.

El salón del trono custodia una de las primeras instalaciones de red eléctrica que se desplegaron en España, flanqueada por el lienzo de Alfonso XIII con el castillo de Bellver recortado al fondo y piezas clave de las Colecciones Reales. Ese mismo hilo dinástico cose la antecámara, donde cuelgan dos retratos oficiales de Isabel I; la cámara privada dominada por la pintura que documenta su paso por las islas; y el comedor de gala.

La visita se completa con un paseo por una galería fotográfica que actúa como un túnel del tiempo, donde destaca una estampa de la reina Victoria Eugenia paseando en calesa por las calles de Palma, junto con el rey Alfonso XIII a principios del siglo pasado. O el arco efímero dedicado al rey por el Cuerpo de Carabineros de Palma.

El palacio estrena un Centro de Recepción de Visitantes (CRV) en la planta baja —al que se accede tras cruzar el Patio de Armas desde el Portal Mayor— que unifica la venta de entradas, consignas y tienda, «esponjando» el espacio para evitar las interminables aglomeraciones del pasado. Todo ello rematado con una iluminación LED de última generación que reducirá el gasto energético en más de un 30%.

Y hablando de luz... la verdadera sorpresa del trayecto no es de mármol ni de lienzo, sino de cobre. Escondida a la vista en pleno salón del trono se conserva una de las primeras instalaciones de red eléctrica que se desplegaron en Baleares. Un detalle técnico, casi anacrónico entre tanto muro milenario, que sintetiza el verdadero salto de la Almudaina: el momento exacto en que la fortaleza medieval tuvo que encender la luz para entrar de golpe en la modernidad.

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