Desde la retaguardiaMiquel Segura

Extrañas vibraciones sísmicas en el subsuelo político de Capdepera: nadie sabe lo que está pasando allí

Entonces el PP, en una -¿hábil?- maniobra, trenzó un pacto con los nacionalistas-comunistas radicales, birlando la alcaldía a Rafael Fernández. Al parecer, aquello fue un ajuste de cuentas de los siempre vengativos pesemeros locales

Algo se mueve en el extremo oriental de Mallorca, en Capdepera. Los sismógrafos políticos han detectado movimientos extraños en el subsuelo, aunque, de momento, no han podido establecer su naturaleza exacta. El pueblo siempre ha sido muy peculiar electoralmente, con una casi ancestral tendencia a la izquierda que, en las actuales circunstancias, podría revertir en las próximas elecciones. En las municipales del 2023 se produjo un resultado un tanto sorprendente: PP-PSOE y Més empataron a cinco diputados, quedando los dos restantes en manos del PI. Y entonces saltó la sorpresa: el «pacto natural» que algunos esperaban, que no era otro que el de una entente entre las formaciones teóricamente socialistas, ni siquiera se intentó. Entonces el PP, en una -¿hábil?- maniobra, trenzó un pacto con los nacionalistas-comunistas radicales, birlando la alcaldía a Rafael Fernández. Al parecer, aquello fue un ajuste de cuentas de los siempre vengativos pesemeros locales, que odiaban al candidato socialista. La intrahistoria del pacto que pudo ser y no fue en el pueblo gabellí, nos llevaría lejos, muy atrás en el tiempo, y entroncaría con las antiguas querencias autoritarias de quienes más tardes trocarían en supuestos defensores de la tierra mallorquina, los carretones tirados por burras y los ferrerets, esas cosas. El caso fue que se la tenían jurada, al tal Rafael, y en cuanto pudieron se la metieron doblada. Tras aquel pacto contra natura -que, según presumo, no ha funcionado del todo bien- Armengol consoló a su candidato: palabras tiernas aunque escasamente convincentes. Después la gran señora del socialismo balear fuese a Madrid al lado de su amado Sánchez y nada hubo.

¿Podrían tener algo que ver los acontecimientos ocurridos en Capdepera a las puertas del verano del 2023 con las vibraciones captadas en esos últimos días por mis expertos en política municipal? Yo no diría ni que sí ni que no, pero puedo asegurar que la antigua tendencia de los ciudadanos gabellins hacia el PSIB se ha desmoronado en los últimos años, cosa por otra parte nada extraña por ser común a todo el reino. En realidad, me consta que los socialistas obreros y españoles de estas islas agobiadas están teniendo serias dificultades para encontrar cabezas de lista incluso en los municipios dónde gobiernan. Los actuales alcaldes socialistas, desde Pollensa a son Servera, vislumbran una debacle de proporciones bíblicas para sus siglas y -tontos no son- muchos se están planteando si vale la pena jugarse las piel de los domingos en una contienda en la que puede que no quede vivo ni el Tato. Desconfían especialmente de Rosario Sánchez y aseguran que Armengol -que ya está buscando acomodo en algún «lugar» que le asegure un imprescindible aforamiento- tuvo que estar muy desesperada para elegir a esa chica como candidata. Personalmente, creo que las extrañas vibraciones captadas en Capdepera pueden darse pronto en muchos otros lugares. Es cuestión de que acabe este largo y extenuante verano. Que ya sería hora.

Les mantendré informados.

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