Miquel Segura
Predios mallorquinesMiquel Segura

El enigma de Keita, el malí que llegó a Mallorca con un mapa de Alejandría para hallar la 'Casa de la Paz'

Apareció en Manacor en los años 70 guiado solo por manuscritos antiguos buscando una fortificación musulmana sepultada por la historia, un pozo de ejecuciones y tesoros de la época sarracena

Son Fortesa de Manacor

Son Fortesa de Manacorwikipedia

En 1985 -y cabe suponer que también en la actualidad- el predio de Son Fortesa, en Manacor, permanecía totalmente fortificado. La historia de la finca, las leyendas que la envuelven y la fascinación que emanan sus antañonas piedras, son como una cadena de muchos eslabones, tantos que no podríamos contarlos. Las casas -en Mallorca a la construcción de un edificio rústico de cierta importancia se le coloca siempre el plural- se levantan al lado de una carretera turística. El recinto amurallado sorprende al viajero que lo ve por primera vez. Es de planta cuadrada y dispone de dos entradas: una orientada hacia el norte y otra hacia el sur. En el centro, como una vieja dama orgullosa, se levanta la torre, documentada ya en el siglo XVI. Muchas personas han fotografiado el impresionante conjunto arquitectónico que también ha sido fuente de inspiración de centenares de pintores y dibujantes. Numerosos turistas habrán deseado, a lo largo de decenios, cruzar aquellas murallas, entrar en la capilla y escuchar de boca de la gente del predio las fantásticas historias que alberga el mismo. El lugar debe tener un algo muy especial, pues allí se encontraron restos prehistóricos datados entre los años 2000 y 1300 antes de Cristo. En aquellas tierras se encuentran, además, ses Navetes de ses Cotanes y es Bosquet, ambos en la vecina finca de sant Josep.

Existe una historia increíble en torno a son Fortesa, un testimonio oral recogido por algunos investigadores de la comarca. Se cuenta que en la década de los 70 del siglo pasado llegó a Manacor un joven de nombre Keita, procedente de Mali. Arribó cargado de mapas y planos y se dirigió directamente al predio. No necesitó ninguna orientación ni tuvo que preguntar a nadie: los viejos pergaminos que llevaba consigo le señalaron perfectamente el camino. Keita explicó que en la universidad de Alejandría se encontraba el plano de la ciudad mallorquina de Mounakir (Manacor) y que en el mismo figuraba, con todo lujo de detalles, la ubicación exacta y la distribución exterior e interior de las casas. En cambio, la vieja torre de piedra no aparecía en aquel documento. Cabe suponer que la misma fue construida con posterioridad a la fecha en que alguien trazó el misterioso plano, y que quienes la levantaron lo hicieron precisamente para defenderse de las incursiones de los antepasados de Keita, Pero volvamos a la narración que el propio maliense contó a los que quisieron escucharle en aquella ahora lejana visita. El muchacho explicaba su gran interés para encontrar un pozo -supuestamente ubicado en Son Fortesa- en el fondo del cual, siempre según sus referencias, los musulmanes mallorquines arrojaban a los «infieles». Decía que sus antepasados les obligaban a cruzar la boca de dicho pozo por encima de unas tablas de madera que, en un momento dado, eran movidas con fuerza para conseguir que aquellos desgraciados se precipitaran en el vacío. Parece ser -siempre según las narraciones que circularon por Manacor- que Keita localizó por fin el pozo en cuestión en el patio de la conocida Torre dels Enegistes, donde, efectivamente, se encuentra un pozo en el fondo del cual se hallaron restos humanos.

La fantástica historia que contaba Keita -nadie sabe, hoy en día, si permaneció en Mallorca o regresó a su país- detalla que los documentos del museo de Alejandría hablan de son Fortesa como un gran centro no solo de trabajo sino, principalmente, de cultura y conocimientos., En aquellos lejanos tiempos, tan desconocidos para los mallorquines de hoy en día, la finca se llamabas Darhz Lam, que en árabe significa «Casa de la Paz». Explicaba Keita que, según los documentos a los que había tenido acceso, en el centro del patio de la casa, justo donde después se levantaría la torre, se encendía por

las noches una gran fogata y los seguidores de Mahoma se agolpaban en torno a ella para recitar fragmentos del Corán. El lugar era foco de atracción para peregrinos y estudiosos que acudían allí a fin de iniciar o perfeccionar sus conocimientos religiosos. El premio por recibir aquella instrucción era el de poder trabajar las tierras de la finca, que debió ser también una explotación agraria de primer orden.

Parece una historia del todo fantástica, fruto de la calenturienta mente de algún escritor. Sin embargo, en los años 70 existían en Manacor personas que la corroboraban. Decían que en sus viajes a Marruecos y Argelia, al decir que eran mallorquines, les hablaban de un lugar de paz y de trabajo ubicado a tres kilómetros de la orilla del mar y de las feroces luchas que tuvieron lugar en aquel lugar durante la conquista de Jaume I, que terminó con la exterminación de la práctica totalidad de los musulmanes de Mallorca. Les explicaban -y ahí es donde entraban, seguramente, en el territorio de la fantasía- que sus antepasados habían dejado en el subsuelo de son Fortesa -y en otros lugares de la isla- fantásticos tesoros que soñaban con poder recuperar algún día, cuando reconquistasen Mallorca. Los mallorquines que les escuchaban se sorprendían extraordinariamente de la precisión en la descripción de detalles que aquellos narradores, no podían conocer si no era a través de una detallada tradición oral.

Ya en la época post musulmana -aunque no ajena del todo a su historia pasada- un clérigo de nombre Leonardo Fortesa recibió en empréstito de los Jurados del Reino cuatro mosquetes de posta y sus aparejos, destinados a proteger la finca, que era frecuentemente asaltada por piratas berberiscos, quizá a la búsqueda de los fabulosos tesoros que, según se decía, ocultaba la misma. Aun el el siglo XVIII, nueve piratas sarracenos asaltaron la vecina finca de es Rafal Pudent, secuestrando a todos sus moradores. Testimonios orales hablan de ataques acaecidos a finales del siglo XIX e incluso principios del XX, aunque la conquista de Argelia por parte de los franceses, acaecida en junio de 1830, contribuyó grandemente a la seguridad de la costa mallorquina.

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