La Església Nova de Son Servera

Turismo y patrimonio

Las cinco iglesias de Mallorca que merecen un viaje por sí solas

De un templo construido sobre un antiguo palacio de los reyes de Mallorca a una iglesia inacabada inspirada en el entorno de Gaudí, estos edificios reúnen algunos de los mayores tesoros de la isla

Mallorca tiene iglesias que parecen fortalezas, otras que quedaron inacabadas, templos con fachadas modernistas y parroquias inmensas para pequeños pueblos. Tesoros patrimoniales que merecen una visita, porque no todo va a ser la Catedral de Palma...

Este recorrido reúne cinco iglesias que destacan por su singularidad y ayudan a comprender la evolución histórica de Mallorca desde la Edad Media hasta el siglo XX.

Santa Maria de Sineu

1. Santa Maria de Sineu: la iglesia construida junto al antiguo palacio de los reyes

La silueta de la iglesia parroquial de Santa Maria domina Sineu desde cualquier punto del municipio. No es casual. Durante siglos, esta localidad fue una de las residencias preferidas de los reyes de Mallorca y llegó a albergar un importante palacio del que hoy apenas quedan vestigios. La iglesia ocupa ese mismo espacio privilegiado y conserva la monumentalidad propia de un lugar vinculado a la Corona.

El edificio comenzó a levantarse en el siglo XIII y fue ampliándose durante generaciones. El resultado es un templo gótico de grandes dimensiones para un pueblo del interior, con una amplia escalinata, un campanario que marca el perfil urbano y un interior donde conviven capillas de distintas épocas. Su presencia explica buena parte de la importancia histórica que tuvo Sineu durante la Edad Media.

Sant Bartomeu de Valldemossa

2. Sant Bartomeu de Valldemossa: una de las imágenes más reconocibles de la Serra de Tramuntana

Pocas plazas ofrecen una perspectiva tan armónica como la de Valldemossa. La fachada de Sant Bartomeu, el campanario y la cercana Cartuja forman un conjunto arquitectónico que define la identidad del municipio.

La parroquia tiene origen medieval, aunque la imagen actual responde a las reformas realizadas entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. La intervención incorporó un lenguaje neorrománico que encaja con la piedra dorada del pueblo y con el paisaje de la Serra de Tramuntana. El interior conserva elementos de distintas épocas y mantiene el carácter sobrio propio de muchas iglesias mallorquinas.

La Església Nova de Son Servera

3. La Església Nova de Son Servera: el templo que nunca llegó a terminarse

No existe otra iglesia igual en Mallorca. Las obras comenzaron en 1905 con la intención de levantar un gran templo parroquial, pero los problemas económicos obligaron a detener la construcción pocos años después.

Las paredes, los arcos y las columnas siguen en pie, aunque el edificio nunca recibió cubierta. El cielo forma hoy parte de la arquitectura y convierte el recinto en uno de los espacios patrimoniales más singulares de la isla. El proyecto estuvo ligado al arquitecto Joan Rubió, colaborador de Antoni Gaudí, cuya influencia se aprecia en las formas y en la concepción del conjunto.

Sant Bartomeu de Sóller

4. Sant Bartomeu de Sóller: cuando el modernismo transformó una iglesia medieval

La plaza de la Constitución de Sóller reúne algunos de los edificios más conocidos del modernismo mallorquín, y la iglesia parroquial ocupa el lugar central.

Aunque sus orígenes son medievales, el aspecto que hoy contempla el visitante se debe a la gran reforma proyectada por Joan Rubió, discípulo de Gaudí. La nueva fachada aportó verticalidad, riqueza decorativa y un diálogo visual con el Banco de Sóller, diseñado por otro de los grandes nombres del modernismo, Joan Magraner. El resultado convierte este rincón en uno de los conjuntos urbanos más atractivos de Mallorca.

La Mare de Déu dels Àngels de Pollença

5. La Mare de Déu dels Àngels de Pollença: el gran escenario del norte de Mallorca

La iglesia preside la plaza Mayor de Pollença y constituye el punto de partida de buena parte de la vida cultural y religiosa del municipio. Muy cerca comienza la subida al Calvari, con sus 365 escalones, una de las imágenes más conocidas de la isla. El templo, de origen medieval y profundamente transformado a lo largo de los siglos, conserva un amplio patrimonio artístico y desempeña un papel protagonista durante la representación del Davallament en Semana Santa y durante las fiestas de la Patrona, cuando Pollença revive el histórico enfrentamiento con los corsarios de 1550.