Una de sus tranquilas calles
Historia y turismo
El pueblo de Mallorca del que partió el fraile que cambió la historia de California
En pleno corazón de la isla, Petra conserva la esencia rural entre calles de piedra, mercados de producto local, bodegas y el legado de Junípero Serra, el franciscano que fundó las misiones de la Alta California
A Petra no se llega por casualidad. No está junto al mar ni presume de calas de aguas turquesas o grandes complejos hoteleros. Para conocerla hay que abandonar las carreteras que conducen a la costa y adentrarse en el Pla de Mallorca, la gran llanura agrícola que ocupa el corazón de la isla. Se trata de un municipio pequeño, sereno y orgulloso de conservar una forma de vida que apenas ha cambiado con el paso de las generaciones.
Sus calles son estrechas y sinuosas, las fachadas de piedra de marés conservan el color cálido de la arquitectura tradicional mallorquina y los balcones están llenos de macetas con geranios, buganvillas y claveles que los vecinos cuidan con el mismo mimo con el que mantienen sus casas. Todo está limpio, ordenado, no hay estridencias. Petra transmite esa elegancia sobria que caracteriza a muchos pueblos del interior de Mallorca, donde el atractivo no reside en grandes monumentos sino en la autenticidad.
Quien llega hasta aquí descubre una Mallorca muy distinta de la postal de sol y playa. Los miércoles por la mañana, por ejemplo, el centro se llena con el mercado semanal, donde productores de la comarca venden frutas y verduras de temporada, embutidos, sobrasada, quesos artesanos, miel, aceite o dulces tradicionales. Es una buena forma de conocer el producto local y comprobar que el campo sigue marcando el ritmo de este municipio.
La gastronomía también forma parte de la experiencia. En los restaurantes y cellers del pueblo siguen teniendo protagonismo recetas tradicionales como el frito mallorquín, las sopas mallorquinas, el tumbet o las carnes a la brasa, siempre acompañadas por vinos elaborados en las bodegas de la zona. Petra pertenece al área de producción de la Denominación de Origen Pla i Llevant, por lo que una visita a alguno de sus viñedos o una cata de vinos es otro de los planes recomendables para quienes buscan descubrir el interior de la isla.
Pero si Petra ocupa un lugar destacado en cualquier recorrido por Mallorca no es únicamente por su patrimonio, su gastronomía o su paisaje. Su verdadero tesoro nació hace más de tres siglos en una modesta casa del casco antiguo.
El mallorquín que cambió la historia de California
Miguel José Serra Ferrer nació en Petra el 24 de noviembre de 1713, en el seno de una humilde familia de labradores. Sus padres, que apenas sabían leer ni escribir, hicieron un esfuerzo para que estudiara en el convento franciscano del pueblo. Aquella decisión cambió su vida. Con apenas 16 años tomó los hábitos y adoptó el nombre de Junípero, iniciando una brillante trayectoria como profesor y doctor en Filosofía y Teología que, sin embargo, abandonó cerca de los cuarenta años para embarcarse rumbo a América como misionero.
Tras desembarcar en Veracruz en 1749 recorrió a pie cerca de 500 kilómetros hasta Ciudad de México, una caminata que le dejó una lesión permanente en una pierna y que nunca le impidió seguir viajando a pie durante miles de kilómetros por el continente. Después de varios años de misión en México, en 1769 fue enviado a la Alta California, donde emprendió la obra que lo convertiría en uno de los mallorquines más universales de la historia.
Allí impulsó una red de misiones que acabaría dando origen a algunas de las ciudades más importantes del actual estado de California, como San Diego o San Francisco. Aquellos asentamientos no sólo buscaban evangelizar; también enseñaban agricultura, ganadería y distintos oficios a las comunidades indígenas. Su figura sigue despertando debate entre los historiadores, aunque también es reconocido por haber defendido a los pueblos indígenas frente a los abusos de algunas autoridades coloniales.
Fray Junípero Serra murió en 1784 en la misión de San Carlos Borromeo, donde hoy siguen descansando sus restos. Más de dos siglos después, su legado permanece intacto: fue canonizado por el papa Francisco en 2015 y su estatua representa al estado de California en el Capitolio de Estados Unidos, un honor del que ningún otro español disfruta.
Qué ver en Petra
Toda esa historia puede recorrerse hoy a pie. La primera parada suele ser la Casa Natal de Fray Junípero Serra, convertida en museo. En ella se conservan la vivienda familiar, documentos, objetos personales y diferentes piezas que ayudan a comprender cómo un muchacho nacido en una pequeña localidad agrícola terminó convirtiéndose en uno de los personajes más influyentes de la presencia española en Norteamérica.
Muy cerca se encuentra la iglesia parroquial de Sant Pere, un templo de origen gótico donde fue bautizado el futuro santo y que sigue dominando el perfil del casco histórico. También merece una visita el convento de Sant Bernadí, donde comenzó su formación franciscana antes de emprender el viaje que cambiaría su vida.
A partir de ahí, lo mejor es dejarse llevar por las calles del pueblo, detenerse en alguna terraza de la plaza, visitar alguna bodega cercana o recorrer los caminos rurales que rodean el municipio. Un pueblo verdaderamente precioso.