Cala Varques

Cala VarquesNils Kahle 4FR-Photography

El Paraíso

Las cinco calas más turquesas de Mallorca: el ranking definitivo para darse el chapuzón del verano

Con la ola de calor disparando los termómetros en toda España, Mallorca ofrece aguas cristalinas de un azul casi imposible y paisajes que parecen sacados del Caribe sin salir del Mediterráneo

Con media España derritiéndose bajo una intensa ola de calor de origen sahariano, hay una imagen que se cuela en la imaginación de cualquiera: una cala de agua transparente donde olvidarse del termómetro. Si además está en Mallorca, mejor todavía. La isla presume de más de 550 kilómetros de litoral salpicados de playas y pequeñas ensenadas que llevan décadas seduciendo a viajeros de todo el mundo.

No todas enamoran por lo mismo. Algunas impresionan por el paisaje, otras por la tranquilidad o por el entorno que las envuelve. Pero hay cinco que comparten un rasgo difícil de explicar con palabras: un color de mar tan intenso que parece irreal. Son las calas donde el Mediterráneo alcanza su versión más espectacular.

Cala Varques

Cala VarquesNils Kahle 4FR-Photography

1. Cala Varques, naturaleza en estado puro

En la costa oriental de Mallorca sobrevive uno de los últimos grandes arenales vírgenes de la isla. Cala Varques permanece ajena a urbanizaciones y carreteras, escondida entre pinares y vegetación mediterránea. Para llegar hay que caminar unos veinte minutos por un sendero, un pequeño esfuerzo que mantiene intacta su esencia.

Cuando el bosque se abre, aparece una lengua de arena clara bañada por un agua de una transparencia extraordinaria. Los tonos cambian del verde esmeralda al turquesa según incide el sol, mientras el fondo marino se distingue con una nitidez casi perfecta. Sus cuevas y formaciones rocosas hacen de este rincón uno de los favoritos para practicar snorkel o simplemente dejarse llevar flotando durante horas.

Cala Mesquida

Cala MesquidaPawel Kazmierczak

2. Cala Mesquida, donde el mar cambia de color

Hay playas bonitas y luego está Cala Mesquida. Situada entre Capdepera y Artà, esta enorme bahía rompe la idea de que solo las calas pequeñas esconden las mejores aguas. Aquí el espectáculo está precisamente en la amplitud.

Más de 300 metros de arena fina se abren frente a un mar que, en los días tranquilos, oscila entre el aguamarina, el azul eléctrico y un turquesa casi imposible. El contraste con el sistema dunar protegido y los pinares que rodean la playa multiplica la sensación de estar frente a un paisaje intacto.

Cuando sopla la tramontana, aparecen olas que atraen a surfistas y aficionados al bodyboard. Pero basta con que el viento desaparezca para que la bahía recupere su imagen más conocida: una inmensa lámina de agua tan limpia que parece iluminada desde el fondo. Los extremos rocosos, además, esconden abundante vida marina a pocos metros de la orilla.

Cala Mondragó

Cala MondragóDieter Meyer

3. Cala Mondragó, belleza sin renunciar a la comodidad

No hace falta caminar durante media hora para encontrar un rincón espectacular. Cala Mondragó, integrada en el Parque Natural del mismo nombre, demuestra que la accesibilidad también puede ir de la mano de un paisaje privilegiado.

La arena clara refleja la luz y potencia unos tonos que alcanzan su máximo esplendor al mediodía. El fondo desciende de forma muy suave, lo que convierte la cala en una de las preferidas por las familias y por quienes buscan bañarse sin sobresaltos.

Es una de las playas más concurridas del verano, pero basta con levantar la vista para entender el motivo: pinos, acantilados bajos y un mar que parece recién pintado.

4. Cala del Mago, un refugio entre pinos

En el extremo suroeste de Mallorca, Cala del Mago conserva ese aire de escondite que invita a bajar el ritmo. Es pequeña, está protegida del viento y permanece abrazada por un frondoso pinar que casi toca la arena.

La ausencia habitual de oleaje hace que la superficie del agua parezca un espejo. Desde la orilla es posible seguir con la vista las rocas del fondo y los pequeños peces que se mueven entre ellas, una claridad que explica por qué este rincón aparece una y otra vez en las fotografías más icónicas de la isla.

Cala Mitjana

Cala MitjanaTobias Helbig

5. Cala Mitjana, un secreto entre los pinares

El ranking termina en la costa de Felanitx, donde Cala Mitjana continúa siendo uno de esos lugares que sorprenden incluso a quienes conocen bien Mallorca. Alejada de grandes núcleos turísticos, permanece escondida entre pinos y vegetación mediterránea.

Tras unos minutos de caminata, el sendero desemboca en una pequeña playa encajada entre paredes rocosas. Desde ese instante toda la atención se dirige al agua. La transparencia es tal que permite distinguir el relieve del fondo a varios metros de distancia, mientras el sol convierte la cala en un mosaico de azules que cambia constantemente a lo largo del día.

Su reducido tamaño hace recomendable llegar temprano, especialmente en julio y agosto. A cambio, ofrece una atmósfera difícil de encontrar en otros puntos de la isla: silencio, naturaleza y un paisaje que conserva el aspecto de la Mallorca de hace décadas.

Porque cuando el calor aprieta y el asfalto parece derretirse, pocas cosas resultan tan apetecibles como un baño en aguas limpias y frescas. Y si ese chapuzón llega rodeado de pinares, acantilados y un mar capaz de competir en color con cualquier destino tropical, Mallorca vuelve a recordar por qué sigue siendo uno de los grandes referentes del Mediterráneo.

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