Rafael Gil, RCNP

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Entrevista

Rafael Gil: «El verano mallorquín no se entiende sin el Rey ni sin la Copa del Rey Mapfre, esta es su casa»

El presidente del RCN de Palma consolida la Copa del Rey Mapfre hasta 2028 tras ganar el pulso judicial por la concesión, planea una modernización histórica y cifra en 40 millones el impacto económico del club

La Copa del Rey MAPFRE seguirá navegando con el mismo rumbo al menos hasta 2028. El Real Club Náutico de Palma y MAPFRE han renovado este viernes el acuerdo que mantiene a la aseguradora como patrocinador principal de la regata, una alianza que suma ya veinte años de colaboración ininterrumpida y que consolida el nombre oficial de la competición. Con motivo de esta renovación, El Debate conversa con el presidente del club, Rafael Gil, sobre el futuro de una cita que define como «mucho más que una regata» y sobre el estrecho vínculo que une a la prueba con la Casa Real.

PREGUNTA. ¿Qué representa este convenio para Mallorca, Palma y la Copa del Rey MAPFRE?

Es la consolidación de un proyecto que trasciende lo puramente deportivo. La Copa del Rey MAPFRE no es solo una regata, sino un acontecimiento social y económico de dimensión internacional que se celebra cada año en Palma. Este convenio garantiza su continuidad y refuerza un evento que proyecta la imagen de Mallorca en todo el mundo. Además del prestigio deportivo, tiene un impacto muy importante para la ciudad. La Copa del Rey genera un retorno económico estimado de unos 20 millones de euros, mientras que el conjunto de eventos organizados por el Real Club Náutico de Palma supera los 40 millones de euros de impacto directo para Palma. También acerca el deporte de la vela a muchos jóvenes y transmite valores como el trabajo en equipo, el esfuerzo, la superación y el respeto.

P. ¿Se entiende el verano mallorquín sin la Copa del Rey de vela?

No. Igual que tampoco se entiende sin la presencia del Rey participando en ella. La vinculación de la Familia Real con el club y con esta competición ha convertido la regata en un acontecimiento que va mucho más allá del deporte. Durante esa semana no solo se siguen las pruebas en el mar. También hay interés por todo lo que rodea al evento: la presencia de la Familia Real, las actividades sociales, la programación cultural o el ambiente que se genera en Palma. Es una cita que coloca a Mallorca y a España en el foco internacional.

P. La relación con la Casa Real es estrecha...

Sí. Siempre decimos que esta es su casa. Incluso antes de que existiera la Copa del Rey ya participaban en regatas organizadas por el club. Palma siempre ha sido una referencia para la vela y la Casa Real ha estado históricamente vinculada a esa tradición. Con la creación de la Copa del Rey esa relación se ha reforzado hasta convertir el evento en una referencia internacional que despierta interés mucho más allá de Mallorca.

P. Los últimos años han sido especialmente difíciles para el club por el litigio sobre la concesión del puerto. ¿Cómo los han vivido?

Han sido años complicados y de mucha incertidumbre. El proceso comenzó en 2015 y, cuando parecía que todo iba a resolverse en 2019, surgieron distintas dudas jurídicas que paralizaron el procedimiento. La concesión expiró en diciembre de 2022 y comenzó un proceso judicial que concluyó en noviembre del año pasado con una sentencia que nos dio la razón y confirmó nuestra permanencia durante otros veinte años. Aunque siempre tuvimos confianza en que el desenlace sería favorable, convivir durante tanto tiempo con esa incertidumbre no fue sencillo.

P. ¿Qué objetivos se marcan ahora con esa estabilidad garantizada durante veinte años?

Tenemos previsto un importante proyecto de modernización de las instalaciones. Incluye la construcción de un aparcamiento, la demolición y reconstrucción de uno de los edificios y la rehabilitación de la sede histórica para mejorar su eficiencia y sus infraestructuras. Hay que tener en cuenta que el Real Club Náutico de Palma tiene sus orígenes en la unión, en 1948, de dos históricos clubes de la ciudad. Son instalaciones con muchas décadas de historia que necesitan adaptarse a las necesidades actuales sin perder su identidad.

P. ¿El respaldo de MAPFRE fue importante durante esos años de incertidumbre?

Muchísimo. MAPFRE siempre estuvo a nuestro lado, incluso cuando la situación era más complicada. Nunca dejó de confiar en el club y nosotros seguimos trabajando como si fuéramos a continuar aquí para siempre. Al final los tribunales nos dieron la razón, pero durante todo ese tiempo contar con el apoyo de un patrocinador que creyó en el proyecto fue muy importante.

P. También han cambiado las relaciones con la Autoridad Portuaria. ¿Cómo son ahora?

Muy buenas. Hay una relación mucho más fluida y dialogante. Ahora sentimos que podemos trasladar nuestras necesidades a un interlocutor que entiende el papel que desempeña un club náutico. Además, creo que también ha cambiado la forma de entender estas concesiones. En los últimos concursos ya se ha empezado a valorar la diferencia entre un club náutico y una marina comercial. Un club náutico no tiene como objetivo ganar dinero, sino fomentar el deporte y facilitar el acceso al mar a los ciudadanos.

P. ¿Qué diferencia a un club náutico de una marina deportiva?

La principal diferencia es precisamente esa vocación social. Nosotros reinvertimos todos nuestros recursos en mantener las instalaciones y en fomentar el deporte.

Tenemos escuela de vela, deportistas de alto rendimiento, equipos que compiten al máximo nivel internacional e incluso olímpico. Pero, además, enseñamos valores: esfuerzo, sacrificio, sostenibilidad, respeto y trabajo en equipo. Esa es la verdadera esencia de un club náutico.

P. Usted suele decir que no hace falta se amarrista para ser socio del club.

Exactamente. Muchísima gente piensa que para pertenecer al club hay que tener un barco y no es así. Actualmente contamos con unos 2.200 socios de número, una cifra que prácticamente se duplica si se incluyen familiares. Por eso intentamos ofrecer actividades para todos: yoga, pilates, natación, hipopresivos, conferencias, clubes de lectura, presentaciones de libros, exposiciones, conciertos o actividades infantiles. Queremos que el Real Club Náutico de Palma sea un punto de encuentro para toda la sociedad, no solo para quienes practican vela.

P. ¿Ese es el modelo de club que quieren impulsar en los próximos años?

Sí. Queremos seguir siendo un espacio abierto, integrador y activo. Siempre que una actividad encaje con nuestros valores intentamos acogerla. También estamos replanteando el funcionamiento del restaurante para que, aunque lo gestione un operador especializado, responda a las necesidades del club y de sus socios. La idea es que el club sea cada vez más un centro de actividad social y cultural, además de deportiva.

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