El protectorado español de Marruecos. Historia Hispánica.
Historia
Cuando la República ofreció Ceuta a Mussolini y la Italia fascista pidió Baleares
El gobierno de Largo Caballero (PSOE) propuso ceder el territorio español de Marruecos para comprar la retirada de Mussolini
Dos espías se reunieron en Mónaco el domingo 7 de marzo de 1937. Por un lado, José Chapiro, agente republicano español, y por el otro, un italiano desconocido, representante del gobierno fascista de Mussolini. El encuentro fue propuesto por el primero para comprar la retirada de los italianos en la Guerra Civil. Su propuesta era clara: Ceuta, Melilla y el resto del protectorado español de Marruecos. Así se lo ordenó el embajador republicano en París, Luis Araquistáin, viejo amigo del presidente Largo Caballero en el PSOE: «Me pareció hábil el ofrecimiento de la zona de Marruecos como pieza de compensación».
Sin embargo, la exigencia de su interlocutor apuntaba mucho más alto: las Islas Baleares. Cuando el espía fascista las puso sobre la mesa, esta fue la respuesta del agente español:
—Está pidiendo demasiado. Incluso si accediéramos a ello, hay dos obstáculos insuperables. Primero: en Baleares no tienen espacio ni trabajo suficiente para absorber de golpe 100.000 italianos, sin hablar de la hostilidad de la población local; y segundo: Inglaterra y Francia se opondrían con violencia a una concesión de semejante envergadura. Si me lo permite, puede ser más razonable reflexionar acerca de las posibilidades que podríamos encontrar en el Marruecos español que las que ofrecerían las Baleares.
—Ya hemos pensado en esas objeciones —contestó el italiano—. Nuestro Gobierno ha decidido adquirir en Baleares, pagándolas al contado, extensas propiedades agrícolas e instalar en ellas a sus emigrantes, como ya lo hizo en Túnez. Le puedo mencionar si quiere qué propiedades son. El Marruecos español crearía más complicaciones porque tiene frontera con Francia [se refería a Argelia y al Marruecos francés]. En cambio, Baleares son islas alejadas.
El Gobierno republicano activó en 1937 la Operación Schulmeister. Era un plan desesperado para ganar el juego diplomático. La intervención alemana e italiana en ayuda de Franco, la insuficiente ayuda rusa y la pasividad de las potencias democráticas les obligaron a explorar nuevas vías. La primera opción fue comprar la intervención del Reino Unido y Francia con dos propuestas: la cesión del Marruecos español o bases militares en las Baleares. Ingleses y franceses siempre contestaron con evasivas. Araquistáin reconoció en su informe que «lo de Marruecos no parece tentarles mucho, aunque sospecho que no han comprendido el alcance del ofrecimiento».
El informe de Luis Araquistáin a Largo Caballero sobre la Operación Schulmeister. 9 de marzo de 1937
La segunda maniobra fue más desesperada: contactar con los enemigos, Alemania e Italia. En este caso, además del Marruecos español, que parecía no interesar a nadie, se pusieron sobre la mesa Baleares y Canarias. Esto demuestra que (algunos) veían estos territorios más como colonias que como metrópoli. El tema se propuso en el Consejo de Ministros en plena Guerra Civil, así lo reconocería también la ministra anarquista Federica Montseny, la cual estaba escandalizada con esta maniobra contra la soberanía del territorio.
La carta de la ministra Federica Montseny donde revela la propuesta de cesión de territorio. 1950. Achivo Burnett Bolloten.
Entre enero y abril de 1937 se celebraron encuentros de agentes enemigos en diferentes ciudades europeas (Mónaco, Bruselas, Estrasburgo, Estocolmo, Londres) y la negociación quedó encallada por diferentes razones. La principal fue la oposición frontal del Reino Unido a la cesión de ningún territorio español. En los tres años de guerra, los británicos consultaron hasta en 20 ocasiones al gobierno italiano sobre el tema y siempre recibieron la misma respuesta: que no iban a alterar el statu quo del Mediterráneo occidental, que no estaban interesados ni en Marruecos ni en Baleares y que no había ningún acuerdo sobre ello con Franco. Solo era cierta la última parte.
Al final, ingleses e italianos firmaron el 16 de abril de 1938 los llamados Accordi de Pasqua, que pusieron fin a la polémica. Establecían la retirada italiana de toda España en octubre a cambio del reconocimiento de la conquista de Abisinia. Sobre las ambiciones territoriales, el conde Galeazzo Ciano, ministro de Exteriores italiano, puso por escrito el deseo inglés:
Quisiera reiterar mi afirmación anterior de que el Gobierno italiano no tiene objetivos territoriales ni políticos, y no busca ninguna posición económica privilegiada en la España metropolitana, en las Islas Baleares, en ninguna de las posesiones españolas de ultramar, ni en la zona española de Marruecos. Y en relación con estos territorios, no tiene intención de mantener ninguna fuerza armada en ninguno de ellos.
El oro de Mussolini, libro del periodista e historiador (y colaborador de El Debate) Manuel Aguilera
Mientras, en España, en mayo de 1937 el canario Juan Negrín (PSOE) se puso al frente del gobierno republicano y concentró sus esfuerzos de nuevo en comprar la intervención del Reino Unido. Para ello, en febrero de 1938 les ofreció las dos mejores bases navales que todavía controlaba: Cartagena y Mahón. El autor de la oferta fue el ministro de Defensa, Indalecio Prieto (PSOE). Además de revelarlo los papeles del Foreign Office, lo cuenta el capitán republicano Alberto Bayo en sus memorias de manera totalmente escandalizada. Este afirma que «Prieto trató de entregar a España». Los ingleses ni siquiera contestaron. Fue la última maniobra desesperada (y fracasada) para darle la vuelta a la guerra.