Seis meses de multa por empujar a un agente a cuenta de su enfado por un móvil
Sentencia
Un empujón a un policía tras perder el móvil de su padre acaba en condena penal en Palma
La Audiencia Provincial de Baleares confirma seis meses de multa para un hombre que, muy bebido y alterado por la desaparición de un teléfono de gran valor sentimental, se abalanzó sobre un agente cuando trató de volver a entrar en un bar
Aquel móvil era viejo. Muy viejo, según explicaría después su propietario ante el tribunal, pero su verdadero valor no estaba en el aparato, sino en lo que guardaba dentro: fotografías y recuerdos de su padre que convertían aquel teléfono en un objeto de «gran valor sentimental» para él. Su desaparición lo dejó frustrado y alterado. Había bebido bastante aquella tarde y la noche terminó de la peor manera posible: expulsado de un bar, regresando después al establecimiento y, finalmente, detenido tras propinar un fuerte empujón a un policía. La historia ha terminado más de un año después ante la Audiencia Provincial de Baleares, que ha confirmado la condena por un delito de resistencia a agentes de la autoridad. La sentencia, a la que ha accedido El Debate, desestima el recurso presentado por el acusado y ratifica la pena de seis meses de multa que le había impuesto el Juzgado de lo Penal número 4 de Palma.
La resolución permite reconstruir una noche en la que se mezclaron alcohol, frustración y un teléfono cargado de recuerdos. El acusado estaba muy afectado porque había desaparecido «el móvil de su padre», un aparato «muy antiguo» pero que tenía «un gran valor sentimental para él por las fotos que contenía».
Oxurrió un 1 e julio rozando las diez de la noche. El escenario fue el bar Estaciones, en Palma. La Policía Local acudió al bar y se encontró con un hombre que, según la sentencia, no estaba dispuesto a marcharse pese a que se le había requerido para hacerlo debido al «estado de alteración y nerviosismo» en el que se encontraba. A lo largo de la tarde había consumido varias bebidas alcohólicas dentro del establecimiento y presentaba, según los hechos que la Audiencia da por probados, un «evidente estado de intoxicación etílica».
Su propia explicación durante el juicio aporta el componente más personal del episodio. Reconoció que aquel día «iba bastante bebido» y que se encontraba «muy frustrado» por la desaparición del teléfono de su padre. El aparato podía carecer prácticamente de valor económico por su antigüedad, pero no emocional: conservaba fotografías que eran importantes para él. También reconoció que los policías le dijeron que saliera del bar y se marchara. Hay, sin embargo, un momento crucial de aquella noche que aseguró no poder reconstruir y es que no «recuerda haberles agredido», recoge la sentencia.
Los tres policías que declararon en el procedimiento ofrecieron una versión diferente en ese punto y, según destaca la Audiencia, fueron «completamente coincidentes». Todos coincidieron en que el hombre iba bebido y estaba violento. Lo sacaron y convencieron de que se fuese. Pero volvió.
Según el relato judicial, el hombre regresó y se emperró en entrar al bar. Los policías se lo impidieron y fue entonces cuando la situación terminó de descontrolarse. El acusado «se abalanzó sobre uno de ellos, empujándolo». El agente no sufrió lesiones, pero los policías tuvieron que reducir al hombre y detenerlo. La intensidad de ese empujón acabaría convirtiéndose en el meollo del asunto.
La Sala considera que la magistrada que juzgó inicialmente el caso contó con prueba de cargo suficiente y realizó una valoración racional de lo sucedido. Los testimonios de los agentes adquieren especial relevancia. Los tres coincidieron en que el acusado se marchó inicialmente, regresó después e intentó volver a acceder al establecimiento y, cuando se lo impidieron, acabó abalanzándose sobre uno de los policías. La Audiencia recuerda que no se trató simplemente de que el acusado se negara a obedecer o se resistiera sin más sino que hubo contacto físico y, según declaró el propio policía, «fue un empujón fuerte».
La Sala entiende que la conducta encaja en el delito del artículo 556.1 del Código Penal porque el acusado se resistió y desobedeció gravemente a unos agentes que se encontraban desempeñando sus funciones y llegó a empujar violentamente a uno de ellos. La jurisprudencia que reproduce la resolución admite dentro de este delito determinadas formas de resistencia activa cuando no alcanzan una intensidad suficiente para convertirse en figuras penales más
«Se trata de un hecho punible desde el punto de vista penal, no administrativo», concluye la resolución. La Sala añade que la conducta «merece ser sancionada a través del código penal» y recuerda que ya se había impuesto al acusado la pena mínima teniendo en cuenta la atenuante relacionada con su intoxicación.
La condena queda así definitivamente confirmada en apelación: seis meses de multa, a razón de seis euros diarios, con la correspondiente responsabilidad personal subsidiaria en caso de impago.