La acusada de intento de asesinato, una conocida influencer británica afincada en Palma

La acusada de intento de asesinato, una conocida influencer británica afincada en Palma

Crónica negra

«Es mucha dosis, ten cuidado»: la conversación de la (casi) viuda negra con su madre que apuntaló la acusación de intento de asesinato

Una cámara instalada por el propio matrimonio para vigilar la entrada de su casa terminó registrando conversaciones sobre medicamentos entre la británica detenida en Palma y su madre. Las referencias a las dosis adquirieron otra dimensión cuando uno de los fármacos mencionados coincidió con una sustancia detectada en el organismo del marido

La cámara estaba allí para mirar hacia fuera, no hacia dentro, pero resulta que la cámara también escuchaba. Y acabó oyendo demasiado. Entre las grabaciones quedaron registradas conversaciones entre la mujer británica de 45 años detenida en Palma por la presunta tentativa de asesinato de su marido y la madre de esta. Las fuentes consultadas por El Debate remarcan que no era una conversación explícita sobre la muerte de nadie ni tampoco había una orden inequívoca o una confesión, pero si la historia acaba en detención por querer, presuntamente, envenenar a un marido, ¿qué le sugieren las frases: “Es mucha dosis». «Ten cuidado»? Blanco y en botella.

Más aún cuando se suman a los otros eslabones de una historia tan truculenta como grave. Su protagonista, una influencer británica afincada en Mallorca y casada con un hombre español que casi pierde la vida a principios de año tras una intoxicación brutal con benzodiacepinas y otros medicamentos. Él asegura que jamás los tomó. La investigación sostiene que alguien se los puso en una bebida y acabó señalándola a ella.

Para llegar hasta ahí hubo que reconstruir una noche que había empezado de manera bastante menos truculenta. La pareja había quedado para cenar. Ella le contó a su marido que venía de una fiesta en la que le habían regalado unas botellas de alcohol y se las dio a probar durante la velada. Él comenzó a encontrarse mal prácticamente desde el primer momento y terminó acostándose. A partir de ahí, su memoria se apaga.

A la mañana siguiente, la mujer se levantó y salió de casa con el hijo de ambos. El niño preguntó por su padre y ella le respondió que estaba muy cansado, que lo dejara dormir. La explicación colaba por la mañana pero según avanzaba el día, ya no porque el hombre tenía por costumbre madrugar y seguía sin levantarse.

Cuendo volvieron, el hombre continuaba en la cama y no había manera de levantarlo. Finalmente, llamó a los servicios sanitarios y el hospital puso nombre, al menos en parte, a ese «lo que fuera». Los análisis revelaron benzodiacepinas y otras sustancias en su organismo. El hombre negó haberlas tomado voluntariamente y permaneció varios días ingresado hasta recuperarse.

Del hospital a la comisaría

Después hizo algo que cambió por completo el curso de la historia: acudió a comisaría y denunció a su mujer. La señaló directamente a ella. La Unidad de Familia y Mujer (UFAM) abrió una investigación para determinar qué había ocurrido durante aquella cena y, sobre todo, cómo habían llegado los medicamentos al organismo de la víctima. Querían verificar el origen de aquellas botellas «regalo» y analizar los análisis, valga la redundancia.

La mujer tomaba medicación y tenía acceso a uno de los fármacos que habían aparecido en el organismo de su marido. No había tenido, por tanto, que recurrir a ningún mercado clandestino sino que estaba a su alcance. Los análisis detectaron además otro fármaco que posteriormente no fue localizado en la vivienda.

Y después estaba la cámara. Era de ellos. Un dispositivo doméstico instalado en la entrada de casa, uno de tantos aparatos destinados a controlar quién entra, quién sale o quién se acerca a la puerta. Grababa imagen, pero también sonido, y fue ese segundo cometido el que terminó incorporando a la historia a un personaje inesperado: la madre de la investigada. Las conversaciones entre ambas hablaban de medicamentos y de dosis. No había un «hazlo», un «mátalo» o un «échale esto» que permitiera resolver el asunto con la limpieza de un guion. «Es mucha dosis». «Ten cuidado». Y ojo, porque uno de los medicamentos de los que hablaban madre e hija coincidía con una de las sustancias que después apareció en los análisis del marido.

La suma acabó en una detención. La Policía Nacional arrestó a la mujer y la puso a disposición judicial como presunta autora de un delito de tentativa de asesinato. La tesis de la investigación era que había introducido una elevada dosis de benzodiacepinas en la bebida de su marido. Para entonces, aquella cena de pareja había terminado convertida en un expediente con análisis toxicológicos, declaraciones, comprobaciones sobre una fiesta que no aparecía y horas de grabaciones domésticas.

Quedaba el móvil, probablemente la parte menos nítida de la historia. Entre las hipótesis que rodean el caso aparece un posible trasfondo económico aunque ese extremo no tiene el mismo grado de concreción que la secuencia de hechos que condujo a la detención. El juez decidió finalmente dejar a la mujer en libertad mientras la causa continúa.

A la calle, teñida y «normal»

Su regreso a la calle tampoco pasó desapercibido. Se tiñó el pelo y llegó a acudir a una reunión en el colegio de su hijo. Su aparición causó estupor entre algunos de los padres que conocían lo ocurrido: la misma mujer que poco antes había sido detenida por la presunta tentativa de asesinato de su marido volvía a ocupar su sitio en una reunión escolar. Él, entretanto, fue visto sacando sus pertenencias de la vivienda familiar.

La causa continúa en el juzgado.

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