El catalán no garantiza hoy en día en Baleares una mejor vida.
Casi la mitad de los jóvenes de Baleares que adoptan el catalán viven peor que sus familias de origen
El 45 % considera que su situación económica ha empeorado respecto a la de su familia y solo el 39,8 % ha logrado emanciparse, según el CES
Los jóvenes de Baleares que incorporan el catalán a su vida cotidiana presentan peores resultados en emancipación residencial y evolución de su situación económica que aquellos que mantienen el castellano como lengua habitual. Así lo recoge la Memoria de 2025 del Consejo Económico y Social (CES) de las Islas Baleares, que en un estudio firmado por Maria del Mar Venrell e Isabel Crespí revela que el 45,2 % de los jóvenes que han adoptado el catalán considera que su situación económica es peor o mucho peor que la de su familia de origen, frente al 34,4 % de quienes han mantenido el castellano. Una diferencia de casi 11 puntos porcentuales que introduce un elemento significativo en el debate sobre la política lingüística de la comunidad autónoma.
Los datos proceden de la Encuesta a la Juventud de Baleares de 2022 y forman parte de un análisis sobre la relación entre las trayectorias lingüísticas y las condiciones socioeconómicas de los jóvenes de las Islas. El estudio compara a quienes han incorporado el catalán a algún ámbito de su vida, pese a no tenerlo como lengua inicial, con aquellos que han continuado utilizando habitualmente el castellano.
Las diferencias no se limitan a quienes consideran que han perdido poder económico respecto a sus familias. Entre los jóvenes que han adoptado el catalán, únicamente el 32,3 % asegura que su situación económica es mejor o mucho mejor que la de su hogar de origen. Este porcentaje asciende hasta el 36,9 % entre quienes mantienen el castellano.
De esta manera, entre quienes han incorporado el catalán son muchos más los que declaran haber empeorado económicamente (45,2 %) que los que aseguran haber mejorado (32,3 %). La situación es diferente entre quienes mantienen el castellano, donde los porcentajes están prácticamente equilibrados: un 34,4 % considera que vive peor y un 36,9 % afirma que su situación ha mejorado.
En castellano se emancipan antes
La Memoria del CES constata otra diferencia significativa en uno de los principales problemas que afectan a la juventud balear: las dificultades para abandonar el hogar familiar. Según el documento, mientras que el 39,8 % de los jóvenes que han adoptado el catalán ha conseguido emanciparse, entre quienes mantienen el castellano como lengua habitual el porcentaje alcanza el 50 %. Es decir, 10 puntos porcentuales más de diferencia.
Esto sucede en una comunidad autónoma especialmente castigada por las dificultades de acceso a la vivienda, donde los elevados precios de compra y alquiler condicionan las posibilidades de independencia de las nuevas generaciones. La misma comunidad en la que el catalán se ha impuesto en la educación y en prácticamente todos los ámbitos de la vida pública.
El propio CES reconoce la ventaja de quienes mantienen el castellano en lo relativo a la emancipación y señala que también se observa en la mejora de su situación económica respecto a la familia de origen.
Los resultados cuestionan, al menos en términos de bienestar material, que la incorporación del catalán se traduzca necesariamente en mayores oportunidades de emancipación o progreso económico. No obstante, el estudio no recoge que exista una relación causa-efecto.
Más universitarios
Uno de los aspectos más llamativos de la investigación es que los jóvenes que han incorporado el catalán son los que tienen un mayor grado de formación además de mayor presencia en algunas ocupaciones cualificadas. Así, el 31,6 % de quienes han adoptado esta lengua tiene estudios universitarios, frente al 22,1 % de los jóvenes que mantienen el castellano. La diferencia es de casi 10 puntos porcentuales.
También existe una mayor proporción de técnicos y profesionales científicos e intelectuales entre quienes han incorporado el catalán: un 23,2 %, frente al 17,3 % del otro grupo. La ventaja se repite entre los empleados administrativos y de oficina, con porcentajes del 20,5 % y del 14%, respectivamente.
Por el contrario, entre quienes mantienen el castellano existe una mayor presencia de trabajadores de la restauración, los servicios personales, la protección y el comercio, que representan el 36 % de este grupo, frente al 23,2 % de quienes han adoptado el catalán.
Sin embargo, esa ventaja educativa y profesional no se corresponde con mejores resultados en independencia residencial ni en evolución económica respecto al hogar de origen. El CES reconoce que «el hecho de haber incorporado el catalán al repertorio lingüístico no siempre comporta mejoras claras» en la capacidad de emancipación ni en la situación socioeconómica de los jóvenes. Y añade que, aunque se observa un efecto relevante en el ámbito educativo y laboral, este «no garantiza necesariamente un ascenso social». Y es que no se puede obviar la particular realidad del mercado laboral balear, marcado por el peso del turismo y las oportunidades de empleo que ofrece a los jóvenes sin necesidad de contar con estudios universitarios.
De hecho, según los datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades correspondientes al curso 2023-2024, Baleares es la comunidad autónoma con la tasa de escolarización universitaria más baja de España, con apenas un 10,3 % de los jóvenes de entre 18 y 24 años, frente al 30,4 % de la media nacional. Un contexto en el que la incorporación temprana al mercado laboral puede facilitar la independencia económica, aunque no garantice mejores perspectivas profesionales a largo plazo.
A pesar de todo, las autoras del estudio señalan que «la falta de retorno en términos de movilidad social debería motivar el desarrollo de políticas de juventud y lingüísticas más integradas, que tengan en cuenta no solo la promoción simbólica de la lengua, sino también las condiciones materiales que facilitan o dificultan el aprendizaje y uso».