Un momento de la ceremonia de beatificación de los sacerdotes mártires de Ibiza.

Un momento de la ceremonia de beatificación de los sacerdotes mártires de Ibiza.G.R.P.

El dolor de las familias de los beatos de Ibiza: «Nos ha costado más asumirlo que a la primera generación»

Los descendientes de los sacerdotes asesinados en 1936 relatan cómo han vivido durante noventa años el dolor, el perdón y la espera hasta su beatificación

La beatificación de los veinte sacerdotes asesinados durante la persecución religiosa de 1936 en Ibiza y Formentera ha devuelto a sus familiares historias que llevan noventa años transmitiéndose de generación en generación. Historias de asesinatos, de ausencias que nunca llegaron a superarse del todo y también de un perdón que, paradójicamente, parece haber resultado más difícil para los descendientes que para quienes sufrieron directamente la tragedia.

Entre los asistentes a la ceremonia celebrada este sábado en la Catedral de Ibiza se encontraban Jaime Tur y Sara Ferrer, dos primos emparentados con el nuevo beato Andrés Tur Tur. Jaime conserva el relato de cómo el sacerdote fue detenido, una historia que su familia ha mantenido viva desde 1936.

«Cuando mi abuela tenía un añito y poco, fueron a buscarlo a su casa. Estaban las hermanas, pero él estaba escondido», explica a El Debate. Según el testimonio transmitido por sus familiares, quienes fueron a detenerlo amenazaron con ir a por sus hermanos si no aparecía.

Para no perjudicar a su familia

«Bajo la amenaza de ir a por los otros hermanos, él salió del refugio donde estaba y se entregó para no perjudicar a su familia», recuerda Jaime. Andrés Tur Tur tenía 30 años cuando fue asesinado. Había ejercido su ministerio sacerdotal en Santa Eulària y, según relata su familiar, fue localizado en la casa de unos hermanos en Jesús.

La historia de Andrés Tur Tur ha acompañado durante toda su vida a la abuela de Jaime. El sacerdote era su tío y también su padrino, pero la niña tenía poco más de un año cuando fue asesinado. «Le afectó mucho el hecho de no haber podido conocer a su padrino», explica su nieto, que recuerda la pesadumbre con la que su abuela hablaba de aquella ausencia.

La mujer, que todavía vive, también participó durante años en reuniones relacionadas con el proceso de beatificación. Sin embargo, su avanzada edad le ha impedido disfrutar de la ceremonia como hubiera deseado.

«Me sabe mal por la abuela, que también ha tenido muchas reuniones para que esto saliera adelante. Todavía sigue viva, pero ya no ha podido celebrar este acto como a ella seguramente le habría gustado», lamenta Jaime.

Sara Ferrer y Jaime Tur, descendientes del beato Andrés Tur Tur.

Sara Ferrer y Jaime Tur, descendientes del beato Andrés Tur Tur.G.R.P.

Para Sara Ferrer, la beatificación ha supuesto un reconocimiento especialmente emotivo a aquellos familiares que perdieron la vida por su fe: «Se agradece mucho. Es un acto muy bonito, un homenaje a ellos y a mí me parece muy emotivo».

Adoptar la postura del perdón

Una reflexión especialmente significativa es la de Fátima Ramón, familiar del nuevo beato Miguel Planells Tur, quien reconoce que el paso del tiempo no siempre ha facilitado la comprensión de lo ocurrido. «Nos ha costado más asumirlo, hablo por mí, a la segunda generación que a la primera», explica a El Debate.

Fátima habla desde una historia familiar marcada por dos asesinatos. Además de su parentesco con Miguel Planells Tur, su abuelo, Lucas Ramón, militar, fue asesinado junto al sacerdote Juan Torres Torres en Formentera, el 7 de agosto de 1936. «Los asesinaron a los dos allí, los tiraron al mar», recuerda.

Pero lo que más llama la atención de Fátima no es únicamente la violencia que padecieron sus familiares, sino la actitud que adoptaron quienes quedaron vivos: «Me sorprende mucho cómo la primera generación, la viuda en este caso, o los hermanos, los sobrinos directos, desde el primer momento, con mucho dolor, me imagino, lo asumieron, pero tuvieron muy claro que habían entregado su vida por Dios y que perdonaban».

Un momento de la ceremonia de beatificación de los 20 mártires de Ibiza.

Un momento de la ceremonia de beatificación de los 20 mártires de Ibiza.G.R.P.

Ella reconoce que a los descendientes les ha resultado más difícil alcanzar esa misma disposición. «Quizás al verlo en la distancia nos cueste más entender lo que ha ocurrido», reflexiona.

Y añade que, precisamente por respeto a quienes sufrieron directamente las consecuencias de aquellos asesinatos, las generaciones posteriores deben aprender de su actitud: «No podemos más que adoptar la postura de ellos, porque ellos fueron los directamente perjudicados».

No llegó a la beatificación

La historia de Fátima Ramón contiene otra circunstancia especialmente emotiva. Su tío, el sacerdote Lucas Ramón, dedicó años a reunir documentación e información sobre Miguel Planells Tur para contribuir al proceso de beatificación.

Fue él quien, según explica su sobrina, mantuvo un contacto estrecho con el entonces obispo de Ibiza, Vicente Juan Segura, durante los primeros pasos de la causa.

«Desde el principio había estado muy pendiente. Él es básicamente quien recopiló, porque además es el que tenía toda la documentación, información, y el que intentó ayudar al obispo de ese momento», relata.

Mons. Lucas Ramón Torres, fallecido este sábado en Ibiza.

Mons. Lucas Ramón Torres, fallecido este verano en Ibiza.Obispado de Ibiza

Lucas Ramón, deán de la Catedral de Ibiza, falleció hace apenas tres meses, sin llegar a presenciar la ceremonia que durante tantos años había contribuido a preparar. Su sobrina ha vivido la jornada con una mezcla de emoción, ilusión y reconocimiento.

«Con ilusión, con esperanza», resume Fátima, que considera especialmente relevante que Ibiza haya acogido la primera beatificación celebrada en Baleares. Pero, por encima de la solemnidad del acto, insiste en el mensaje que sus mayores transmitieron a las siguientes generaciones: «Hay que perdonar, básicamente, que es lo que ellos hicieron y lo que también nos han enseñado nuestras familias».

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