Madó Farta

Masificación

Quién es Madó Farta, el personaje encapuchado que el PSOE defiende con ahínco: «Con la cara tapada no se pueden dar lecciones»

La socialista Mercedes Garrido fue responsable de Interior con Armengol pero ahora carga contra la actuación policial del fin de semana en Santanyí cuando los agentes identificaron al activista por pegar carteles en señales de tráfico

Viste como una payesa mallorquina de las de antes, con falda larga, delantal y pañuelo en la cabeza pero donde debería estar su rostro aparece una calavera. Nadie sabe quién se esconde detrás de Madò Farta, si es hombre o mujer, a qué se dedica o qué trayectoria tiene. Su identidad es un misterio cuidadosamente preservado. Lo que no oculta son sus críticas a la masificación turística, a las instituciones y a quienes considera responsables de la saturación de Mallorca, es decir, a la derecha política balear. Señala a cara tapada a quienes gobiernan a cara descubierta. Desde Vox le reprochan precisamente esa contradicción: «Pretende dar lecciones sobre el futuro de Mallorca con la cara tapada».

Madò Farta —señora harta— apareció poco antes del verano de 2026, a un año de las próximas elecciones autonómicas. Desde entonces se deja ver en ferias, concentraciones y actos públicos para denunciar la supuesta «muerte» de Mallorca por la presión turística. No estaba en las calles bajo ese personaje en 2017, cuando la isla registró uno de sus mayores índices de presión humana, ni en 2019, cuando Francina Armengol revalidó la presidencia del Govern. Su irrupción es reciente y su oportunidad política, evidente en el calendario.

El último episodio tuvo lugar durante la Feria de Santanyí de este pasado fin de semana. La Policía Local la identificó después de que aparecieran carteles colocados en distintos puntos del municipio, incluidos señales de tráfico, paredes y la Porta Murada, un elemento patrimonial protegido. Según el Ayuntamiento, la intervención respondió al incumplimiento de la ordenanza municipal, no al contenido de sus reivindicaciones. Madò Farta se negó a descubrirse el rostro en plena calle y pidió que la identificación se practicara dentro del vehículo policial. Los agentes accedieron. La máscara, que constituye la principal seña de identidad del personaje, se convirtió así en el centro de la controversia.

El incidente ha llegado este martes al Parlament de la mano de la diputada socialista Mercedes Garrido, que ha dneunciado con vehemencia un supuesto abuso de autoridad del Ayuntamiento de Santanyí, gobernado por el PP. Garrido acusa a los responsables municipales de intentar criminalizar a Madò Farta por llevar un disfraz y realizar una pintada, y exige saber quién había ordenado la intervención policial. La contestación le ha llegado de la consellera de Interior, la popular Antònia Maria Estarellas, que ha ironizado sobre su vehemente defensa del personaje -«igual es que usted sí sabe quién es Madó Farta»- y le ha recordado su pasado al frente de la Conselleria de Presidencia, Función Pública e Igualdad,es decir, conociendo las funciones de los agentes en materia de seguridad. Le ha recriminado, por tanto, que haya salido en defensa de un personaje que se salta las normas a cara tapada. «El derecho de manifestación no exime de cumplir las normas», le ha recordado.

Vox y la cara tapada

Desde Vox consideran que Madò Farta «pretende dar lecciones sobre el futuro de Mallorca con la cara tapada» y cuestionan que el personaje anónimo pueda erigirse en portavoz de los mallorquines. «Un traje de payesa no otorga representación y una máscara de calavera no aporta soluciones», afirman. La formación insiste en que «si pretende que los demás rindan cuentas, debería empezar por asumir públicamente la responsabilidad de lo que defiende».

El partido contrapone sus apariciones a la situación de quienes dependen económicamente del turismo. «Los trabajadores, autónomos y pequeños empresarios de Mallorca dan la cara cada mañana para sacar adelante a sus familias. Merecen algo más que escenificaciones sobre el fin de nuestra tierra».

Vox también reprocha al personaje que no se pronuncie sobre la inmigración irregular, que la formación vincula con la presión sobre los servicios públicos y la vivienda. «Por cierto, no la hemos visto criticando la invasión de ilegales que satura los servicios públicos y el mercado de la vivienda», manifiestan.