Defla
Predios mallorquines
La alquería mora que albergó el linaje francés- mallorquín de los España
A un kilómetro de Sineu se esconde Defla, una alquería árabe reconvertida en fortaleza feudal que acabó en manos del controvertido ‘Tigre de Cataluña’
El visitante que accede a Sineu desde el norte probablemente no repara en la cercana silueta de un palacete-fortaleza que se levanta a un kilómetro escaso de la «Vila la Primera», en dirección hacia Maria de la Salut y casi enfrente de una angosta ruta que conduce directamente a Muro. Se trata de Defla, la «joya mora de Sineu» que, efectivamente, data de los lejanos tiempos de la dominación sarracena en Mallorca. La finca tiene, pues, una larga historia que el cronista conoció, en buena parte, una brumosa mañana de septiembre de 1985. Hasta entonces había podido escuchar muchas narraciones acerca de la possessió, de sus remotos ancestros, de sus murallas con almenas y de sus señores, una rama de la estirpe de los Comtes d'Espanya (condes de España) muy conocidos en la Isla. Este linaje tiene, sin embargo, un origen francés ligado a la huida de la nobleza gala de la Revolución de 1789.
Llegaremos sin duda a este punto de la historia pero, hablando de Defla, debemos ir mucho más atrás en el tiempo. Don Bartomeu Mulet, presbítero de la villa y gran estudioso de la misma, escribió una monografía histórica titulada Mallorca en temps dels moros (Mallorca en tiempos de los moros). En ella explica que la finca fue por aquellos tiempos una alquería árabe denominada «Adefla Exarquia». «Cerca de la sierra de Levante y en el centro de un bosque de encinas se levanta un caserón de aspecto feudal». Según Mulet -cuyo afán estudioso e investigador nos ha dejado extraordinarios trabajos de carácter antropológico y etnológico- «el rey otorgó la alquería a Bernat Pocsanch y de ahí pasó a Bernat Derduce». A través de generaciones la propiedad, de más de 150 cuarteradas de las mejores tierras cerealísticas de Mallorca, llegaría a ser propiedad de los Rossinyol, familia de rancio abolengo que tiene su origen en Peralada, «en un pueblo antiquísimo llamado Rusiño».
La torre del palacete, circundado por una muralla con almenas perfectamente conservadas en la actualidad, data del año 900 -más de tres siglos antes de la conquista cristiana de Mallorca- y era de vigía. Fue levantada con la misión de otear posibles desembarcos en la costa norte de Santa Margalida, la actual localidad de can Picafort. Según Joan Binimelis, historiador de referencia en la isla, Defla fue entregada durante el segundo Repartiment ( Reparto de las tierras conquistadas a los nobles que participaron en la campaña militar) dado que dicho autor sostiene que no existió el primero. En todo caso, siempre según Binimelis, la propiedad correspondió a Robert de Tarragona, quien la recibió oficialmente el 15 de julio de 1232. El documento de cesión figura en el archivo del Temple de Palma. Por lo que respecta a los Rossinyol ostentarían la propiedad de Defla desde 1239 hasta mediados el siglo XIX.
La estirpe francesa de los Espagnac
La familia Espagnac pertenecía a la alta nobleza del sur de Francia, de la región de Foix y Comminges. Al llegar la Revolución Francesa tuvieron que huir apresuradamente del país galo para evitar la guillotina. Quién organizó el traslado fue un tal Henry-Bernard d'Espagne, marqués d'Espagne y barón de Ramefort, quién en 1791 escapó con los suyos del terror jacobino. Tras un breve periplo por diversos países europeos, en 1793 recalaron en Mallorca. El arraigo definitivo de esta estirpe en la sociedad aristocrática de la isla se consolidó a través del vínculo matrimonial. El quinto hijo de Roger-Bernard-Charles d'Espagnac contrajo nupcias en 1804 con Dionisia Rossinyol de Defla y Comelles, miembro de una acaudalada familia de terratenientes con importantes posesiones, urbanas y rurales, esparcidas por todo el territorio insular. A partir de este enlace el linaje francés quedó para siempre vinculado a Mallorca. El joven castellanizó su nombre y apellidos, pasando a llamarse Carlos de
España. Su carrera en el estamento militar fue meteórica, luchando en el ejército borbónico precisamente contra su patria de origen. Fernando VII, en justo reconocimiento, le otorgó el título de Conde de España con Grandeza de España. Corría el mes de agosto del año de gracia de 1819.
El origen refinado del nuevo conde no le impidió pasar a la historia con una reputación sanguinaria. Siendo Capitán General de Cataluña bajo el absolutismo de Fernando VII, ejerció una feroz represión contra los liberales hasta el punto de ganarse el apelativo de «el Tigre de Cataluña». También se distinguió en la Primera Guerra Carlista con tan extrema crueldad que llegó a ser rechazado por sus propios aliados. Su final fue desastroso: un grupo de oficiales le preparó una emboscada junto al Segre, lo estrangularon y lo arrojaron al río con una piedra de grandes dimensiones atada al cuello.
Pese a tales antecedentes los España continuaron muy vinculados a Mallorca y así hasta hoy en el que las distintas ramas del linaje conservan la propiedad de importantes predios mallorquines, así como suntuosos edificios en la capital. Están emparentados con otras grandes familias de la nobleza isleña como son los Dezcallar, los Sureda, Dameto, Verí y los propios Rossinyol.
La belleza de Defla, así como su conservación a través del tiempo hoy como ayer, hacen que una visita a la emblemática possessió de Sineu sea realmente inolvidable. En su parte trasera, el palacete pierde su condición de fortaleza para prolongarse a través de un riente jardín, de clara inspiración francesa. En un rincón del mismo pueden verse -si es que siguen allí- las ruinas de la estatua que Palma dedicó a la reina Isabel II, destruida por una turba enardecida durante la revuelta que siguió a la proclamación de la I República.
Somos muchos en Mallorca los que hemos escrito sobre Defla, su linajuda historia y la belleza de la finca. El propio archiduque Luís Salvador nos dejó referencias muy valiosas, así como Luís Ripoll, Joan Jaume y otros. Pese a todo, tan bello lugar, casi a las puertas de Sineu, sigue siendo desconocido para la gente que, especialmente los miércoles, visita el pueblo.