Patera arribada a BalearesGUARDIA CIVIL

Inmigración ilegal

Formentera, desbordada por las pateras: ya acumula 150 y sigue sin poder vaciar su cementerio de barcos

La isla, de apenas 12.000 habitantes, ha pasado de almacenar 112 pateras en junio a cerca de 150, mientras el Consell retira otras 18 del litoral y exige al Gobierno una solución permanente. La presión migratoria también ha puesto contra las cuerdas sus recursos de acogida

Cerca de 150 pateras se amontonan ya en el área de residuos de Es Cap, en Formentera. Son casi 40 más que a finales de junio, cuando la isla ya alertaba de que no tenía espacio para seguir almacenando las embarcaciones que llegaban a sus costas. Cuatro meses después, el problema no solo continúa, sino que se ha agravado. Mientras las pateras siguen alcanzando esta pequeña isla de apenas 12.000 habitantes, el Consell trata de despejar playas, acantilados y rincones naturales convertidos en improvisados puntos de abandono de embarcaciones. La última operación ha permitido retirar una docena, pero el atasco sigue estando tierra adentro: decenas de cascos esperan en Es Cap a que la Delegación del Gobierno se haga cargo de su traslado a Ibiza y posterior destrucción.

La cifra permite medir hasta qué punto se ha complicado la situación. El pasado 24 de junio, El Debate ya informó de que Formentera acumulaba 112 pateras en sus instalaciones de gestión de residuos. Entonces, la institución insular advertía de que su capacidad para almacenar y gestionar estas embarcaciones estaba al límite. Ahora son cerca de 150 las que permanecen pendientes de retirada, según los últimos datos facilitados por el Consell. Y eso sin contar las que todavía quedan repartidas por el litoral. La institución ha informado de una nueva intervención en las zonas de Es Ram, s'Estufador y ses Pesqueres Altes, donde se han recuperado doce embarcaciones abandonadas. Los trabajos forman parte de un contrato para retirar un total de 18 pateras, de las que las seis restantes está previsto que sean recogidas este viernes.

Una vez retiradas de la costa, las embarcaciones se trasladan a Ibiza, donde una empresa se encarga de su destrucción. Se trata de una operación necesaria para evitar que los restos continúen acumulándose en espacios naturales de especial valor ambiental, pero que no resuelve el problema de fondo: las pateras siguen llegando y las administraciones no consiguen dar salida a todas las que se acumulan.

De las playas paradisíacas a los depósitos de pateras

La situación contrasta con la imagen internacional de Formentera. La isla de las aguas turquesas, los fondeos de lujo y las vacaciones exclusivas se ha convertido también en uno de los puntos de llegada de la inmigración irregular a Baleares. Allí donde cada verano fondean algunos de los yates más exclusivos del Mediterráneo aparecen también embarcaciones precarias utilizadas para cruzar desde el norte de África.

El cambio de las rutas migratorias ha colocado a Formentera ante una realidad para la que sus dimensiones y recursos resultan limitados. Su proximidad al litoral argelino la ha convertido en un destino de las travesías en patera, con consecuencias que van mucho más allá de la llegada de sus ocupantes. ¿Qué se hace con las pateras?

Algunas aparecen varadas sobre la arena. Otras quedan encajadas entre las rocas, en lugares de difícil acceso, o permanecen a merced del oleaje hasta deteriorarse. Los cascos de fibra, los plásticos, los depósitos de combustible y otros componentes pueden terminar dispersándose por el entorno si no se retiran a tiempo. Es precisamente lo que el Consell intenta evitar con estas operaciones. Sin embargo, cada intervención exige medios para recuperar las embarcaciones, transportarlas y gestionar posteriormente sus residuos. Y en una isla pequeña, con un territorio limitado y una elevada presión sobre sus espacios naturales, el almacenamiento se ha convertido en otro problema añadido.

La acumulación de Es Cap es el ejemplo más evidente. Allí se concentran cerca de 150 embarcaciones a la espera de que la Delegación del Gobierno gestione su salida hacia Ibiza. Mientras tanto, el Consell continúa retirando las que aparecen en distintos puntos de la costa.

Un problema que se amontona

La alarma no es nueva. A finales de junio, este periódico ya relató cómo la presión migratoria estaba desbordando los recursos de Formentera en dos frentes: la atención a las personas que llegaban en patera y la gestión de las embarcaciones abandonadas. En aquel momento, el Consell tutelaba a 182 menores extranjeros no acompañados, una cifra especialmente elevada para una isla de apenas 12.000 habitantes. Su presidente, Óscar Portas, había reconocido que la institución se encontraba «completamente desbordada» después de recibir a otros trece menores en solo 24 horas. La falta de instalaciones y de recursos obligó a buscar soluciones extraordinarias. Entre ellas, solicitar autorización al Estado para utilizar la carpa instalada en el puerto como alojamiento temporal, ante la ausencia de alternativas suficientes para atender a los menores.

En paralelo, las embarcaciones continuaban ocupando espacio en la costa y en las instalaciones de residuos. Por aquellas fechas, el Consell había retirado otras diez pateras de distintos enclaves, siete de ellas en s'Estufador y el resto en zonas como Caló des Mort y Es Trucadors.

Ya entonces reclamaba que el Estado asumiera la retirada, transporte y destrucción de las embarcaciones, al considerar que una administración insular de estas dimensiones no podía hacerse cargo indefinidamente de las consecuencias materiales de las llegadas migratorias. Cuatro meses después, el aumento de 112 a cerca de 150 pateras almacenadas demuestra que, al menos en lo que respecta a su acumulación, la situación sigue sin resolverse.

El Consell exige una intervención permanente del Estado

La vicepresidenta primera y consellera de Medio Ambiente, Verónica Castelló, ha vuelto a poner el foco en la necesidad de una respuesta que no dependa únicamente de operaciones puntuales de limpieza. Según ha advertido, estas retiradas son «insuficientes ante un problema que se reproduce con cada nueva llegada». Por ello, ha reclamado a la Delegación del Gobierno una actuación continuada, dotada de los recursos necesarios para evitar que las embarcaciones se acumulen tanto en el litoral como en las instalaciones insulares. «Formentera no puede seguir asumiendo la acumulación de embarcaciones en su litoral ni las consecuencias ambientales y de seguridad que se derivan de esta situación», ha afirmado Castelló.