El retrato de Mandela tomado por Jürgen Schadeberg en 1994, cuando volvió a su celda libre como presidente de Sudáfrica
El incómodo brindis de Nelson Mandela en Toledo que descolocó a Felipe González
El líder sudafricano visitó la ciudad imperial en 1991 en un viaje casi secreto que dejó anécdotas tan humanas como históricas
Nelson Mandela, acompañado de su entonces esposa Winnie, visita la ciudad de Toledo en 1991 en uno de los capítulos más desconocidos —y curiosos— de su gira por España. Apenas hacía año y medio que había recuperado la libertad, tras pasar 27 años encarcelado por luchar contra el apartheid. Sin embargo, aquel día, lejos de los grandes titulares, dejó una de las anécdotas más sorprendentes de la política internacional en suelo español.
La jornada comenzó de forma solemne. En el Ayuntamiento de Toledo, Mandela fue recibido por el alcalde socialista Joaquín Sánchez Garrido, parte de la Corporación municipal —entre ellos un joven Emiliano García-Page— y varios representantes sindicales y políticos de izquierda. El guía Rufino Miranda actuó como cicerone e intérprete en un acto sobrio, pero cargado de simbolismo.
Nelson Mandela en Toledo
En las Casas Consistoriales, Mandela firmó en el Libro de Honor con una frase que aún hoy resuena con fuerza:
Es más que un placer visitar la famosa ciudad de Toledo, que ha inspirado a revolucionarios de todo el mundo.Toledo, 1991
Pero fue durante el almuerzo oficial en el Parador Nacional cuando ocurrió lo inesperado. Mandela, con su habitual sonrisa y elegancia, levantó su copa e hizo un brindis por «los gloriosos defensores del Alcázar», creyendo estar honrando a héroes de alguna gesta medieval.
Lo que no sabía era que ese episodio —la defensa del Alcázar durante la Guerra Civil— está cargado de simbolismo franquista, ya que los defensores eran tropas del general Moscardó, alineadas con el bando sublevado.
Felipe González y sus ministros, entre risas nerviosas, se atragantaron con el vino, incapaces de corregir al sudafricano sin romper el protocolo. El malentendido provocó carcajadas, miradas de estupor y una incomodidad tan diplomática como memorable.
Todos los allí presentes quedaron atónitos ante el brindis, que evidenciaba que Mandela no había comprendido del todo las explicaciones previas sobre la historia del Alcázar. Aun así, el gesto fue interpretado como otro ejemplo de su voluntad de paz, reconciliación y respeto a la historia de los pueblos que visitaba.
Mandela en Toledo: calor, abanicos y sonrisas
La visita no fue únicamente institucional. Mandela y Winnie recorrieron la Plaza del Ayuntamiento, abarrotada de turistas, entre aplausos, cámaras de vídeo y flashes. Para mitigar el sofocante calor del mediodía toledano, la esposa del concejal Juan José González regaló a Winnie un abanico, en un gesto espontáneo que la primera dama sudafricana agradeció con una sonrisa.
Tras recibir una medalla conmemorativa de Toledo como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, Mandela descansó brevemente en el Parador, mientras su esposa visitaba la Casa del Greco y se detuvo ante el famoso cuadro de «El entierro del señor de Orgaz».
La jornada fue organizada por el Comité Español de Recepción de Nelson Mandela, presidido por Marcelino Camacho, histórico líder sindical de CCOO, que acompañó discretamente al matrimonio.
Un día casi olvidado que merece ser recordado
Veinticuatro horas después, Mandela se entrevistaría con Felipe González en Madrid. Dos años después recibiría el Premio Nobel de la Paz, y al siguiente, se convertiría en el primer presidente negro de Sudáfrica.
Toledo no se hermanó nunca con ninguna ciudad sudafricana, como se propuso aquel día. Pero desde 2013, una calle del barrio de Palomarejos lleva su nombre. Y con ella, el recuerdo de aquel día insólito, entre el peso de la historia, el calor del verano, una copa de vino y un brindis inesperado.