Panteón de la Duquesa de Sevillano
El arte desconocido de Ricardo Bosco y la perla arquitectónica con la que adornó la muerte en Guadalajara
La construcción es obra de uno de los más reputados arquitectos del momento, Ricardo Velázquez Bosco, que supo congeniar a la perfección lo sacro con lo ornamental
Con aires griegos y bizantinos, este impactante panteón erigido en Guadalajara, no deja indiferente a nadie. La fortuna de María Diega Desmaissières, duquesa de Sevillano y condesa de la Vega del Pozo, propulsó junto a otras riquezas, el desarrollo arquitectónico privado guadalajareño a finales del siglo XIX. Ubicado en el Paseo de San Roque, presenta un estilo que llena el ojo de cualquier visitante.
La construcción es obra de uno de los más reputados arquitectos del momento, Ricardo Velázquez Bosco, que supo congeniar a la perfección lo sacro con lo ornamental. Un edificio funerario que responde al deseo de crear un panteón familiar que ansiaba el padre de María Diega, Diego Desmaissèeres. Este edificio forma parte de uno de los mejores conjuntos arquitectónicos del siglo XIX, que la aristócrata mando construir con fines benéficos.
Un panteón en las mejores manos
Ricardo Velázquez Bosco
El burgalés, Ricardo Velázquez Bosco, es uno de esos personajes que empieza su andadura profesional a lo grande. Uno de sus primeros trabajos fue, ni más ni menos, realizar dibujos para la restauración de la catedral de León y a la muerte del arquitecto a cargo de la obra, tomó el mando de manera temporal. Más allá de sus trabajos puramente arquitectónicos, sirvió para la Comisión Provincial de Monumentos, resultando su labor esencial para la recuperación de piezas arqueológicas destinadas al recién nacido Museo Arqueológico Nacional.
Destacando desde la juventud, con solo 25 años fue nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1868 brindándole la oportunidad de restaurar el monasterio mozárabe de San Miguel de Escalada o el panteón real de San Isidoro de León. Su admiración arquitectónica le llevaría a formarse oficialmente en 1875 en Madrid, mientras a su vez impartía clases de dibujo en el Conservatorio de Artes. El Ministerio de Fomento no tardaría en reclutarlo y Velázquez Bosco formaría parte de obras y restauraciones de máxima relevancia.
De entre sus grandes improntas cabe destacar la construcción del Palacio de Cristal, la restauración de la catedral de Burgos y la Mezquita de Córdoba, además del primordial trabajo realizado en las excavaciones de Medina Azahara. La redacción de trabajos de Velázquez Bosco es casi inabarcable, pero en la región, concretamente en Guadalajara dejó una de sus perlas.
El proyecto encargado al arquitecto burgalés se comenzó a construir en 1882, alargando las obras hasta 1916, contando con la colaboración de Daniel Zuloaga para la decoración exterior de cerámica y también la participación de Benito Ramón Cura, arquitecto de fama en Guadalajara.
Detalles de la construcción
Bóveda interior de estilo bizantina
La familia Desmaissières llegó a España de la mano de Arnaldo, bisabuelo de la que mandara construir el panteón y de origen belga. Uno de sus hijos, Miguel, contrajo matrimonio con una señora de la nobleza navarra con la que tendría nueve hijos, siendo uno de ellos Diego, el padre de Maria Diega. Dedicado a la Diplomacia hizo también fortuna con los negocios y conocería la amistad del duque de Sevillano. El aristócrata le ofreció la mano de su segunda hija para unas segundas nupcias de las cuales nacerían Diega y otra hermana que fallecería a los tres años, quedando la primera como única heredera de una cuantiosa fortuna.
Por si fuera poco, su tía Micaela, Vizcondesa de Jorbalán y más tarde Santa María Micaela, murió sin descendencia por su dedicación a la fe dejando una de las mayores fortunas de España en manos de María Diega. Con dicha riqueza se decidió a mejorar las condiciones de los alcarreños más necesitados y mandó construir la Casa-Asilo de San Diego.
Para acoger los restos de su familia, mandaría construir el majestuoso panteón directamente influenciado por el estilo ecléctico historicista de Velázquez Bosco y tan común en la época con su amalgama de referencias arquitectónicas históricas aunadas en una misma construcción.
De sus fachadas se destaca el neorrománico-lombardo y en el interior dan cuenta unos preciosos capiteles mudéjares que se elevan sobre diversos mosaicos bizantinos. El edificio cuenta con dos plantas con base de cruz griega. La superior está dedicada al culto y allí se encuentra el monumento sepulcral, realizado por Ángel García, donde yace la duquesa acompañada del resto de nichos de sus parientes.
Panteón de la Condesa de la Vega del Pozo, enterramiento, monumento funerario, sepulcro
Una obra imperdible, única y destacada por una familia que usó su riqueza por el bien de la ciudad. A la muerte de la duquesa sin herederos, asumió el cargo la congregación de Hermanas Adoratrices fundada por su tía Santa María Micaela. El panteón se puede visitar de martes a domingo por un precio simbólico entre uno y tres euros. Una experiencia recomendada, que de verdad merece la pena y refleja el legado de una familia que deja mucho más que un panteón, da cuenta de una tradición espiritual y del recuerdo al bien social que perdurará para siempre.