Recópolis
La ciudad visigoda que soñó con ser Constantinopla y duerme a una hora de Madrid
Recópolis, el yacimiento visigodo de Guadalajara que conserva los restos de la única ciudad medieval europea construida desde cero
En el año 578, el rey visigodo Leovigildo decidió fundar una ciudad desde la nada. Una ciudad palatina, monumental, con vocación de capital. Su nombre: Recópolis, en honor a su hijo Recaredo, el heredero que con el tiempo abrazaría el catolicismo y consolidaría la unificación religiosa del reino visigodo. Pero esta fundación iba más allá de lo político o lo simbólico: era una declaración de intenciones.
Inspirada en Constantinopla, la gran metrópoli del Imperio bizantino, Recópolis no era una ciudad cualquiera. Se concibió como una urbe planificada, estructurada y moderna para su tiempo. En ella se integraban los elementos propios de una capital de poder: palacio, iglesia, viviendas, talleres, mercado, almacenes y un sistema de abastecimiento articulado.
Una joya única en Europa
Lo que hace extraordinaria a Recópolis no es solo su antigüedad, sino su carácter: es la única ciudad de nueva planta fundada en Europa durante la Alta Edad Media, en un periodo en el que las ciudades se transformaban, pero rara vez se creaban desde cero. Eso convierte a Recópolis en una excepción arqueológica y urbanística.
Recópolis bajo las estrellas
Ubicada en el actual municipio de Zorita de los Canes (Guadalajara), su emplazamiento domina visualmente el valle del Tajo. Desde allí se articulaba un territorio estratégico con conexiones al sistema fluvial, a la meseta y al Levante. Su trazado urbanístico refleja una visión avanzada del espacio urbano: calles ortogonales, espacios diferenciados, defensas, y una jerarquía arquitectónica bien definida.
Recópolis a través del tiempo
Tras el colapso del reino visigodo con la llegada de los musulmanes en el año 711, Recópolis no fue destruida, sino reaprovechada. Sobre sus ruinas se construyó una alcazaba andalusí y, siglos después, una fortaleza cristiana bajo dominio de la Orden de Calatrava, que hoy conocemos como el castillo de Zorita.
Castillo de Zorita
Este proceso de superposición histórica convierte el sitio en una cápsula del tiempo: aquí pueden rastrearse huellas visigodas, islámicas y cristianas, que dibujan una secuencia continua de ocupación desde el siglo VI hasta la Edad Moderna. El esplendor de las tres culturas.
El parque arqueológico: una ventana al pasado
Desde su inauguración en 2005, Recópolis se ha convertido en uno de los enclaves más relevantes del patrimonio cultural de Castilla-La Mancha.
Las excavaciones —lideradas por el arqueólogo Lauro Olmo y su equipo— han sacado a la luz una red de edificios que dan fe de la sofisticación urbana visigoda. Entre los hallazgos más destacados figuran la basílica visigoda, el palacio real, una gran sala hipóstila o un complejo de talleres donde se han documentado hornos, herramientas y restos de artesanía en vidrio y metales.
Un destino para viajeros con alma histórica
A solo una hora de Madrid, Recópolis permanece como uno de los tesoros arqueológicos más desconocidos de España. Su visita permite no solo admirar las estructuras excavadas, sino también pasear por un paraje natural de belleza serena, con vistas al Tajo y al castillo medieval de Zorita. Es un lugar donde la historia se respira, se camina y se reconstruye.
Desde las rutas señalizadas hasta los talleres y actividades didácticas que organiza el parque, el entorno de Recópolis invita a sumergirse en una época que suele quedar fuera del foco turístico habitual: la Hispania visigoda, con todo su misterio, su fuerza y su legado.
Una ciudad para no olvidar
En palabras de los investigadores que la han estudiado, Recópolis es mucho más que un yacimiento: es un relato de lo que fuimos antes de ser. Un lugar que demuestra que, incluso en tiempos inciertos, se podían proyectar ciudades con ambición, belleza y vocación de permanencia.
Hoy, Recópolis resiste al silencio y al polvo. No como ruina, sino como símbolo de un pasado que sigue construyendo futuro. Una ciudad que fue imperial antes de que la palabra imperio se volviera rutina. Y que sigue ahí, en lo alto, esperando a ser redescubierta.