Castillo de la Vela o castillo de Maqueda
Estos castillos de Castilla-La Mancha buscan dueño: uno cuesta menos que tu piso
Fortalezas medievales en venta en Toledo, Guadalajara y Cuenca desde 50.000 euros
Habitar un castillo es un anhelo que parece reservado a novelas medievales, a películas de caballeros o a cuentos de princesas. Sin embargo, en Castilla-La Mancha —tierra de batallas, de molinos y de leyendas— ese sueño puede convertirse en realidad. En esta región donde el tiempo parece transcurrir más despacio, varias fortalezas históricas se encuentran hoy en venta. Algunas requieren fortunas de varios millones, otras se ofrecen como joyas escondidas a precio de vivienda urbana. Todas, sin embargo, comparten la misma esencia: muros que susurran siglos de historia.
El coloso de Maqueda: vigilante de Toledo
Castillo de Maqueda, Toledo
A medio camino entre Madrid y Talavera de la Reina, se alza el Castillo de Maqueda, conocido también como Castillo de la Vela. Sus raíces se hunden en la época romana, aunque fue en el siglo X cuando los musulmanes levantaron una fortaleza sobre la antigua calzada. En el siglo XV, la poderosa familia Cárdenas-Enríquez lo reformó y le dio el aspecto que hoy contemplamos: un imponente recinto rectangular con torres circulares en las esquinas, rodeado por una muralla que se ha mantenido sorprendentemente bien conservada.
El castillo fue testigo del paso de Isabel la Católica, que se alojó entre sus muros, y siglos más tarde, en 1953 se convirtió en cuartel de la Guardia Civil, uso que se mantuvo hasta finales del siglo XX. En 1931 fue declarado Monumento Histórico-Artístico, un reconocimiento a su valor arquitectónico y patrimonial.
Pese a su grandeza, el castillo no logra encontrar comprador. Desde 2014 ha salido hasta en nueve ocasiones a subasta pública, sin éxito. Su precio actual ronda los 3,2 millones de euros, muy por debajo de los casi diez millones que llegó a alcanzar en convocatorias anteriores. Las razones de este fracaso son varias: la magnitud de la inversión que requiere su mantenimiento, las instalaciones que quedaron obsoletas tras el paso de la Guardia Civil y la falta de un proyecto claro de uso. El Ayuntamiento de Maqueda reclama que se le ceda para convertirlo en museo o centro cultural, convencido de que puede ser motor turístico de la zona.
Hoy, el castillo permanece silencioso, con sus torres desafiando al tiempo y esperando al valiente —o visionario— que decida devolverle la vida.
El señorío de Establés: memoria de Guadalajara
Castillo de Establés
Al noreste de la provincia de Guadalajara, en la comarca del Señorío de Molina, se levanta el Castillo de Establés, una fortaleza que parece salida de un grabado medieval. Su torre del homenaje se construyó en el siglo XII, aunque el conjunto principal se desarrolló entre los siglos XIV y XV. Perteneció a los Duques de Medinaceli, una de las casas nobiliarias más influyentes de la península, y posteriormente pasó a la Corona de Castilla durante el reinado de los Reyes Católicos.
Su planta rectangular, con torres en las esquinas, conserva aún detalles defensivos como troneras para artillería y pasadizos abovedados. Fue restaurado en los años 70, pero su interior necesita una rehabilitación integral: techumbres, muros interiores y viviendas anexas requieren una inversión que, para los amantes de la arquitectura histórica, puede ser también una oportunidad para moldear el espacio al gusto personal.
La propiedad incluye unos 5.000 metros cuadrados de terreno y varias casas adosadas, lo que abre posibilidades tanto para uso residencial como para proyectos turísticos. Su precio ronda los 450.000 euros, lo que lo convierte en una de las opciones más equilibradas entre historia y accesibilidad.
Además, su entorno natural añade un valor único: Establés se encuentra rodeado de sabinas milenarias y de un terreno rico en fósiles, un paisaje que combina la dureza de la meseta con la serenidad de los bosques. Restaurar esta fortaleza sería no solo rescatar un monumento, sino también devolver a la comarca un símbolo de identidad.
La ganga de Valhermoso de la Fuente: un castillo por 50.000 euros
Castillo Valhermoso de la Fuente
En la provincia de Cuenca, junto a un apacible pueblo, se encuentra el Castillo de Valhermoso de la Fuente. Levantado en el siglo XIII por orden de la familia Alarcón, fue concebido como residencia señorial y bastión defensivo. Hoy, sus muros se encuentran en ruina avanzada, pero aún conserva la imponente torre del homenaje, de planta cuadrada, que se alza como centinela del pasado.
Lo que más sorprende de esta propiedad es su precio: apenas 50.000 euros, una cifra insólita para un inmueble histórico. La venta incluye un terreno de 15.000 metros cuadrados, espacio suficiente para emprender un ambicioso proyecto de rehabilitación.
Quienes se atrevan a aceptar el reto encontrarán un lugar lleno de posibilidades: desde convertirlo en vivienda privada hasta levantar un alojamiento rural con encanto. No será tarea fácil —los muros reclaman obras profundas y constantes—, pero para un amante de la historia o de la arquitectura, pocas oportunidades ofrecen tanto por tan poco.
Castilla-La Mancha, tierra de fortalezas a la espera
Maqueda, Establés, Valhermoso… tres nombres que resuenan como tambores medievales en el corazón de Castilla-La Mancha. Tres castillos que, aunque diferentes en magnitud, precio y estado de conservación, comparten una misma condición: ser testigos de un pasado glorioso y estar a la espera de nuevo dueño.
La región atesora decenas de fortalezas, torres y murallas que recuerdan su papel crucial en la historia de España. Muchas están restauradas y abiertas al turismo; otras, como estas, se debaten entre la ruina y la esperanza de un futuro nuevo.
Invertir en ellas no es solo comprar piedra y tierra, sino adquirir un fragmento vivo de la historia. Significa escuchar el eco de caballos en los patios de armas, imaginar banquetes en salones que hoy son polvo, y devolver el pulso a lugares que nunca deberían haber caído en el olvido.
Quizá, en el fondo, comprar un castillo en Castilla-La Mancha no sea un simple negocio inmobiliario, sino un gesto quijotesco: la valentía de enfrentarse al tiempo y rescatar del silencio una fortaleza que aún sueña con volver a vivir. Yo de momento me estoy dejando el pelo largo por si tengo que emular a Rapunzel. Qué sabe nadie, que diría Raphael.